¿Cuánto tiempo se necesita para superar una ruptura?

Curiosamente, las mujeres parecen recuperarse antes, pero en esa etapa sufren más.


El fin de una relación amorosa no solo es doloroso emocionalmente; además, hacen que tengamos una sensación de pérdida de control sobre nuestras vidas. Por eso, es normal que quien está pasando por estas experiencias se haga una pregunta que prácticamente todos los que sufren por desamor se hacen: ¿cuánto tiempo se necesita para superar la ruptura de pareja?

En las siguientes líneas veremos lo que se sabe acerca de la duración de este proceso de recuperación psicológica.

 

¿Cuánto tiempo se necesita para superar la ruptura?
Ningún cambio psicológico se da de la noche a la mañana, ni en la teoría ni en la práctica. El simple hecho de intentar obligarse a uno mismo a dejar de sentirse mal inmediatamente es en el mejor de los casos poco eficaz, y en el peor, dañino.

En el caso de la ruptura de pareja esto es muy claro. La historia de amor que se ha vivido junto a otra persona deja una huella emocional muy potente que no tiene por qué desaparecer justo cuando nos conviene, como si se tratase de un archivo de ordenador. Nuestros cerebros no funcionan obedeciendo a nuestros deseos, porque están ahí desde mucho antes de que empezásemos a pensar acerca de las emociones que sentimos.

Así pues, el tiempo es un elemento clave a la hora de superar una ruptura amorosa; lo queramos o no, necesitamos este ingrediente para sentirnos mejor cuando nos damos cuenta que uno de estos capítulos de nuestras vidas se cierran. ¿Y cuánto dura ese periodo?

Según una investigación llevada a cabo por la University College London y la Binghamton University y cuyos resultados han sido publicados en la revista Evolutionary Behavioural Sciences, en la mayoría de los casos pasan entre 6 meses y 2 años para que las personas consideren haber superado una ruptura. Sin embargo, hay muchos factores que parecen influir en el tiempo necesario, y el sexo de la persona es uno de ellos.

 

Las mujeres se recuperan antes tras el desamor.


Por lo que reflejan los datos recopilados a partir de esta investigación, basada en cuestionarios administrados a más de 5.000 personas de 96 países, las mujeres sufren más intensamente que los hombres cuando hace poco que se ha producido la ruptura, pero también se recuperan antes que estos últimos. De hecho, por lo que se ha visto, es relativamente frecuente que los hombres empiecen otra relación de pareja sin haber superado del todo una ruptura anterior.

Una posible explicación a esta diferencia entre mujeres y varones es la siguiente: ellas tienden a invertir más en cada relación, dado que su bienestar queda más comprometido a causa de la posibilidad de ser madres y por la presión cultural asociada al rol de género femenino, mientras que los hombres tienden a asumir que deben adoptar una mentalidad competitiva en el amor. Esto haría que muchas mujeres sufriesen la ruptura de un modo más puntual, mientras que los hombres siempre llevasen a cuestas la presión de tener que llamar la atención de una potencial pareja.

 

La importancia de la resiliencia


Es cierto que el tiempo es un factor importante a la hora de superar una ruptura de pareja, pero también es verdad que cada persona tiene una manera diferente de afrontar las adversidades. Esta capacidad para encajar los golpes (metafóricamente hablando) que nos da la vida es lo que se conoce como resiliencia.

Aunque parezca extraño, hay quienes carecen casi totalmente de resiliencia. No es que sean personas que no quieran esforzarse para salir de esa clase de baches; justamente, cuando peor nos va es muy fácil que perdamos el control de nuestras actitudes y nuestros hábitos, y como consecuencia hay quien al pasar por un mal momento se siento totalmente incapaz de hacer otra cosa que no sea intentar resignarse, o incluso fantasear con sus propias miserias.

Es muy posible que la resiliencia tenga en parte un componente genético, de manera que diferentes personas tengan distintos grados de facilidad o dificultad para sobreponerse, pero no cabe duda de que el aspecto ambiental y aprendido es básico. Por eso, interiorizar una serie de habilidades puede hacer que el tiempo necesario para superar una ruptura se acorte, mejorando nuestra resiliencia, pero también puede ser que conductas aprendidas voluntaria o involuntariamente alarguen innecesariamente este periodo de sufrimiento.

Por eso, algunas personas necesitarán acudir a terapia psicológica para disponer de una especie de “entreno emocional”; otras, tan solo necesitarán del apoyo de familiares y amigos, etc. Lo importante es tener claro que la resiliencia, ya sea aplicada al desamor o a cualquier otro aspecto de la vida, es algo individual, y que las investigaciones centradas en el tiempo que se necesita para recuperarse psicológicamente tras una ruptura es una tendencia generalizada, un fruto de la estadística y no del funcionamiento del cerebro de uno mismo. En las emociones no existen unas reglas claras que nadie puede sobrepasar; cada uno debe explorar esa jungla siempre misteriosa que es su propia mente.

Cómo superar los sentimientos de culpa, en 8 claves

La tristeza, la ansiedad y los pensamientos invasivos son algunos de los síntomas de la culpa.


Todos nos hemos encontrado alguna vez ante una situación que hemos gestionado como hemos podido, tal vez sin tener la información o la paciencia necesaria, causando un malestar a otra persona.

Ante situaciones así es habitual que aparezca el sentimiento de culpa. Pero… ¿qué es la culpa? Se trata de una emoción negativa que tiene una gran función psicológica: nos ayuda a reflexionar sobre nuestro comportamiento y actitudes a fin de evitar caer en los mismos errores en el futuro.

Aunque tiene una faceta positiva, la culpa puede volverse en nuestra contra cuando nos provoca pensamientos intrusivos que nos atan a algún momento desafortunada de nuestras vidas.

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Sentimientos de culpa: ¿por qué aparecen?
La culpa puede tener distintas causas y orígenes. En ciertas personas, puede deberse a una emoción que debutó en la infancia a causa de ciertas relaciones disfunionales con otros miembros de la familia o con los pares. A raíz de esa mala experiencia psicológica, el individuo puede cristalizar este sentimiento de culpa incluso en su adultez.

En el extremo de este sentimiento encontramos la ‘culpa extrema’. Se trata de un malestar disfuncional e innecesario que crea nuestra propia mente y pensamientos. Es vital, en estos casos, saber identificar las causas que provocan este malestar.

La culpa puede tener su causa en ciertas distorsiones cognitivas que hacen que nuestro pensamiento funcione en base a sesgos e interpretaciones parciales e irracionales de la realidad. Estos esquemas de pensamiento nos empujan a llevar al extremo ciertas situaciones del día a día, ordenándolas como buenas o malas, lo que puede llevar a interpretaciones extremas que nos provocan daño emocional.

Además, las personas que tienen tendencia a sentirse culpables suelen simplificar sus experiencias y no son capaces de tomar perspectiva y/o relativizar lo que les ocurre, de modo que suelen ser especialmente negativas cuando evalúan dichas experiencias.

La baja autoestima, un factor que explica la culpa
Distintos estudios han señalado que un factor común entre las personas con sentimientos de culpa es la baja autoestima. Este problema es causa y efecto de unas relaciones sociales poco funcionales, con un esquema de relación sumiso.

El modo en que afrontamos esta emoción es también un punto clave para comprender el sentimiento de culpa, pudiendo dar pie a una experiencia negativa, o positiva.

¿Cómo superar los sentimientos de culpa?
Primero de todo, cuando experimentamos sentimientos de culpa debemos tomar conciencia de que estamos ante un sentimiento que cumple una función en nuestra psique, puesto que nos ayuda a aprender de los errores que hemos cometido y no volver a repetirlos en adelante.

Además, los psicólogos señalan que intentar reprimir esta experiencia de dolor y culpa no es una estrategia eficaz a la hora de sobrellevar la situación. Por estos motivos es crucial que sepamos reflexionar y contar con ciertas herramientas para entender la culpa y superarla.

1. Afrontar la situación con objetividad
Para controlar este pensamiento obsesivo derivado de la culpa es importante afrontar cada situación de un modo positivo, comprendiendo la parte de responsabilidad que nos toca pero también sabiendo sopesar las distintas variables que pueden haber influido en lo ocurrido.

2. Entender que todo forma parte del aprendizaje
La culpa es el modo en que nuestra mente nos dice que hay algo que hemos hecho mal. Esto no nos debe entristecer, sino más bien hacernos pensar en cómo podemos mejorar en el futuro. Hay que usar la culpa para aprender y mejorar como personas.

3. Practicar la autocompasión
Para desprendernos de los sentimientos de culpa también debemos practicar la autocompasión, es decir, saber perdonarnos a nosotros mismos por los errores que hayamos podido cometer en el pasado. No se trata de caer en el victimismo, sino simplemente ponderar las situaciones para entender bien qué pudimos hacer mejor.

4. Comprender la complejidad de las circunstancias
Hay situaciones en que las circunstancias no se pueden controlar y nos vemos superados por un cúmulo de factores. Este es un punto clave: valorar la influencia de variables fuera de nuestro control también hará que relativicemos cada situación, y por tanto nuestra responsabilidad quedará mucho más delimitada.

5. Pedir disculpas (si es necesario)
Tomar responsabilidades puede traducirse en emprender ciertas acciones concretas. Por ejemplo, si tienes la sensación de que obraste mal con alguien, es una buena idea no dejar pasar el tiempo en balde y pedir disculpas. Esto nos hará tener una mejor visión sobre nosotros mismos, y poder reconciliarnos con este episodio del pasado.

6. Pasar página
Y aunque tengamos la certeza de que hemos actuado de forma poco ética y nos sintamos culpables por algo, debemos tener la valentía de pasar página. Todos cometemos errores en la vida, y si no está en nuestras manos subsanarlos, lo más sensato es aprender del error y salir adelante, perdonándonos a nosotros mismos.

7. Explicar la situación a una persona cercana
Para tomar perspectiva de la situación puede ser una buena idea explicar tus preocupaciones a una persona cercana, como un amigo o un familiar. Así podrán darte su opinión, y tal vez te des cuenta de que la situación que te perturba escapó de tu control, por lo que la sensación de culpa se puede aliviar.

8. Acudir a terapia psicológica
En ocasiones, estos sentimientos de culpa pueden instalarse en nuestra mente y sumirnos en un estado de tristeza, ansiedad y pensamientos invasivos. En estos casos, es muy recomendable que recurras a los servicios de un profesional de la salud mental.

Si estás inmerso en una espiral de negatividad, un psicólogo puede ofrecerte una serie de recursos para que vuelvas a ser tú mismo/a.

¿Por qué hay más separaciones en verano?

Este artículo trata de un mito que es la creencia de que “una pareja puede resolver la crisis de relación que atraviesa haciendo un viaje de placer”.

separaciones verano

 

Separaciones en verano

¿Un viaje puede evitar un divorcio?

En el ámbito de la psicoterapia abundan una serie de mitos que en nada ayudan a lo que debería ser el trabajo personal del pacientes que acude a un psicoterapeuta y, en general, de quienes en un momento determinado de sus vidas les preocupa un problema que interfiere en la estabilidad de las mismas. Uno de estos mitos es la tendencia exagerada a utilizar el mantra “hay que ser positivos”, como consejo-panacea universal que, sin rigor profesional, y abusivamente, utilizan quienes tienden a espiritualizar los problemas y preocupaciones sin contemplar la realidad. Otro de los mitos es aventurar que “el nacimiento hijo ayuda a resolver los problemas de pareja”, craso error desde la perspectiva de una psicoterapia seria. El tercer mito, precisamente del que trata este artículo, es la creencia de que “una pareja puede resolver la crisis de relación que atraviesa haciendo un viaje de placer”.

Crisis de pareja y vacaciones

Mi experiencia profesional echa por tierra este último mito –mas bien una fantasía– según suelo comprobar en algunos pacientes después de las vacaciones de verano, una época del año que suele abocar en frecuentes separaciones y divorcios otoñales. Esto es debido a que ciertas parejas en crisis pretenden resolverla en vacaciones, forzando su convivencia sin haber planteado previa y adecuadamente sus problemas en común, y aun menos los individuales que cada uno aporta a la relación. Es por ello que, al estar juntos más horas al día, sin los lapsus de respiro que brindan las actividades de la vida cotidiana, quedan más en evidencia las discrepancias y se acelera el riesgo de ruptura. Cuando una pareja en crisis se plantea realizar un viaje mágico para salvar su relación, se suelen crear expectativas que someten a un sobre esfuerzo a ese gigante con pies de barro que es una relación que se tambalea y, como resultado, sólo consiguen darse de bruces con la realidad. Se trata pues de esfuerzos estériles, algo así como intentar rehabilitar un edificio con los cimientos defectuosos y pretender, además, que sea habitable.

Terapia Gestalt y crisis de pareja

Desde el marco teórico de la Terapia Gestalt –que es la vertiente psicoterapéutica que desempeño–, la primera premisa que debería tenerse en cuenta antes de lanzarse a un viaje de este tipo, es que sólo hay un modo de resolver un conflicto de pareja (sobre todo si éste está enquistado), y es dialogar, aprender a comunicarse de una manera efectiva y afectiva, y a resolver juntos las dificultades que les afectan en común además de las individuales que cada cual aporta. Una buena comunicación es uno de los factores más importante en la pareja, ya que posibilita que el uno sepa realmente lo que el otro siente y demanda. Es un error frecuente imaginar lo que el otro quiere sin recurrir a una herramienta tan útil como es la comunicación a través del diálogo y una exposición clara y sincera de quejas y demandas. Un dialogo eficaz pone de manifiesto las discrepancias y las necesidades que su pareja no consigue satisfacer. Sin diálogo es imposible diseñar estrategias, planificar objetivos, programar soluciones y construir nuevas rutas que conduzcan a la meta que ambos consensúen; en suma, llegar a un acuerdo basado en la realidad de su situación y no en especulaciones y suposiciones.

Pese a todo, una vez han quedado matizadas estas premisas, quiero dejar constancia de que hacer un viaje juntos, puede ser a veces una buena decisión, pero sólo en determinados casos y siempre que ésta se tome tras una comunicación y un diálogo basado en la realidad y no en deseos y fantasías. Del mismo modo, hay otros casos en los que un viaje es más contraproducente que productivo, y un distanciamiento temporal es lo más conveniente hasta que ambos se encuentren en condiciones de establecer el diálogo y la tan necesaria comunicación que, siempre, deberá ser bidireccional, con una comprensión total por parte del otro, sin suspicacias, suposiciones y sin dudas ni lagunas en las demandas que ambos se planteen entre si. La meta del trabajo entre el psicoterapeuta y la pareja en situaciones de crisis debe ser que ésta –la pareja– se replantee su situación abiertamente, con claridad diáfana, sin reproches y siempre con ansias constructivas, de tal modo que ambos sean conscientes de lo que les sucede y qué puede hacer cada uno de ellos (y cómo) para salvar la relación.

Tal vez sea un oportuno modo concluir este artículo matizando que en la terminología de la Terapia Gestalt se considera a la pareja como una co-creación o también como una co-construcción.

Citando una frase de Margherita Spagnuolo-Lobb:

“Nuestra normalidad no es solamente nuestra habilidad para comprender la necesidad del otro, sino también llevar la relación un paso más allá, a lo que podríamos llamar la satisfacción de nuestras necesidades de una forma única, en una irrepetible CO-CREACIÓN propia de ese encuentro”

 

El sexo previene la aparición del cáncer de próstata

No es un remedio mágico, pero los expertos sostienen que la actividad sexual tiene un efecto protector que previene la aparición de ciertas enfermedades. Veamos por qué.


Los especialistas coinciden en afirmar que solo valoramos el sexo cuando falla, y esto es así para ellos y ellas. “Es tan protector para las emociones como el aceite de oliva lo es para el sistema cardiovascular. Cuando la salud erótica se ve disminuida, incide en todos los aspectos, y, al contrario, si esta es satisfactoria, actúa como un lubricante vital. No ocurre por casualidad, el sexo regula la estructura de la personalidad y es tan importante como el instinto de supervivencia o la alimentación”, explica Vicente Briet, secretario general de la Federación Española de Sociedades de Sexología (FESS).

Quizá por eso el mayor temor de los hombres que han de operarse de la próstata es el efecto que tendrá en las erecciones, pues no siempre resulta posible salvaguardarlas. Claro que, antes de llegar a esa situación, podemos preservar la salud de la glándula aplicando de manera preventiva el remedio universal: sexo. Para confirmarlo, oncólogos del Instituto Nacional del Cáncer estadounidense estudiaron a 30.000 hombres durante ocho años. El resultado de su investigación, publicada en JAMA, fue que los grandes eyaculadores –al menos 21 veces al mes– tenían un riesgo 3 veces menor de sufrir cáncer de próstata que los que disfrutaban de entre 4 y 7 orgasmos mensuales.

Los trabajos no han resuelto la incógnita de por qué la eyaculación frecuente reduce el riesgo de padecer este tumor, pero una de las hipótesis que se barajan es que drena de esta glándula los agentes cancerígenos que se depositan en ella.

¿Una o dos cucharaditas?

Ya que todos los especialistas están de acuerdo en su carácter preventivo y curativo, cabe preguntarse por las dosis. Para la próstata, parece que mucho sexo es lo recomendable, pero no es una regla general. Según Briet, “lo determinante no es la cantidad, sino la calidad, esto es, la satisfacción que a cada uno le proporcionen sus relaciones“.

Es más, a veces, fijarse como objetivo aumentar la frecuencia, por iniciativa propia o por presión de la pareja, puede ser contraproducente, porque se corre el riesgo de que se dispare el estrés.

El contacto físico entre amantes alivia el dolor

Un estudio muestra cómo la sensación piel con piel disminuye el dolor y sincroniza el corazón y la respiración en parejas heterosexuales.

El nuevo fenómeno de la conocida como sincronización interpersonal tiene que ver con un vínculo humano muy poderoso: el de los amantes. Cuando las parejas románticas están la una en presencia de la otra, sus patrones cardiorrespiratorios y de ondas cerebrales se sincronizan. Además, la investigación ha aportado un dato aún más relevante: el contacto físico entre amantes provoca una notable disminución del dolor.

El estudio, publicado en la revista Scientific Reports, es pionero en explorar la sincronización interpersonal en el contexto del dolor y el tacto. Ahora, los autores esperan que pueda servir a proveedores de atención médica para encontrar opciones de alivio del dolor libre de opioides.

El estudio analizó a 22 parejas heterosexuales de larga duración, de 23 a 32 años, y las sometió a una serie de pruebas destinadas a imitar el escenario de la sala de partos.

A los hombres se les asignó el papel de observador, y a las mujeres se las sometió a un leve dolor por calor en su antebrazo durante 2 minutos. Los instrumentos medían su ritmo cardíaco y respiratorio mientras se presentaban diferentes escenarios: sentados juntos sin tocar, sentados juntos tomados de la mano o sentados en habitaciones separadas.

La investigación mostró que las parejas se sincronizaban levemente si se sentaban juntas. Pero cuando ella fue sometida a dolor y él no podía tocarla, esa sincronización fue eliminada. En cambio, cuando se les permitió juntar las manos, sus tasas volvieron a sincronizarse y el dolor disminuyó.

El estudio no exploró si el mismo efecto ocurriría con parejas del mismo sexo, o lo que sucede cuando el hombre es sujeto de dolor. No obstante, el autor principal, del estudio, el investigador del dolor postdoctoral en el Laboratorio de Neurociencias Cognitivas y Afectivas de CU Boulder, Pavel Goldstein, planea presentar esos resultados en un futuro estudio. Por el momento, espera que la investigación ayude a dar credibilidad científica a la noción de que el tacto puede aliviar el dolor. “El tacto podría ser una herramienta para comunicar la empatía, resultando en un analgésico“, dice Goldstein.

¿Cómo de probable es que te engañe tu pareja?

¿Si ha sido una vez infiel? ¿Lo será de nuevo? ¿Un infiel lo es y será siempre?

A pesar de que la infidelidad es un campo con investigaciones cada vez más abundantes, lo cierto es que hay pocos sobre el papel acerca de la predicción de la infidelidad con el paso del tiempo. Normalmente nos interesamos en los factores que subyacen a la infidelidad y no en qué probabilidades hay de que vuelva a ocurrir.

De forma anecdótica, lo que solemos creer es que si alguien ha sido infiel en el pasado, lo más probable es que vuelva a serlo de nuevo. Aunque no hay una manera real de vaticinar con precisión si una persona va a engañar a su pareja, el viejo dicho de ‘tramposo una vez, tramposo siempre‘ existe por una razón. Pero, ¿cuánta verdad hay en esta creencia popular?

En un entorno en el que tener múltiples parejas es una posibilidad social, la infidelidad, si existe en las relaciones románticas, puede tener distintos significados. Así, por ejemplo, es posible que ciertas personas solo experimenten la sensación de infidelidad si se violan ciertas normas específicas del contexto de la relación.

También es cierto que los individuos que experimentan la misma situación con relación a sus padres tienen más propensión a ser infieles -no hay datos concretos-, puesto que la familiaridad con un comportamiento es más probable a través del aprendizaje social y la educación.

Tener conocimiento de que nuestra pareja nos ha sido infiel puede ser una experiencia profundamente inquietante y desorientadora, haciéndonos dudar de en quién podemos confiar a partir de esa revelación.

Experimento sobre infidelidad

Los investigadores contaron con la participación de 484 personas solteras (329 mujeres y 155 hombres) que habían mantenido al menos 2 relaciones en los últimos 5 años con objeto de averiguar si ser infiel una vez inclinaba la balanza para volver a engañar a la pareja o no. Todos los participantes mantenían relaciones heterosexuales, aunque los expertos esperan poder examinar parejas del mismo sexo en el futuro.

A pesar de que cada persona o pareja puede tener diferente definición de lo que es ‘engañar‘ o ser infiel, para el estudio, los investigadores tipificaron el engaño en la participación en una relación sexual con alguien que no fuera la pareja.

Los voluntarios tuvieron que cumplimentar un cuestionario cada 4-6 meses durante 5 años, con preguntas como “¿Ha tenido relaciones sexuales con alguien que no sea su pareja desde que empezó a salir seriamente?“.

¿Cuáles fueron los resultados?

Aquellos que ya habían sido infieles tenían 3 veces más probabilidades de volver a engañar en otra relación sentimental. También descubrieron que aquellos que habían sido engañados en el pasado eran más propensos a averiguar si sus compañeros posteriores estaban siéndoles infieles.

La infidelidad es un área llena de conflictos y perspectivas diferentes

Estos resultados sugieren que si alguien ha luchado por ser fiel en el pasado, debe hacer un trabajo personal para averiguar por qué tuvo lugar esa infidelidad para que puedan evitar repetir esos patrones en el futuro. Y si alguien ha estado con una pareja infiel en el pasado, es posible que deseen prestar mucha atención a cualquier señal de alarma para evitar terminar en esa situación de nuevo“, explica Kayla Knopp, líder del trabajo.

¿Cómo hay que hacer frente a estos resultados? Lógicamente un estudio con menos de 500 personas es una muestra relativamente pequeña y la infidelidad es un tema bastante complejo que no se ciñe exclusivamente a tener una relación sexual con otra persona que no es nuestro compañero. Sea como fuere, el estudio sí proporciona cierta información interesante sobre la probabilidad de que alguien que ha engañado antes lo haga de nuevo en el futuro.


Factores de riesgo asociados a la infidelidad
1. Bajo compromiso en la relación.
2. Disminución de la satisfacción sexual y de las relaciones sexuales.
3. Rasgos específicos de la personalidad (por ejemplo, neuroticismo y menor aceptación)
4. Actitudes permisivas sobre el sexo / infidelidad.
5. Estar en un contexto social que aprueba la infidelidad.
Referencia: Once a Cheater, Always a Cheater? Serial Infidelity Across Subsequent Relationships. Kayla Knopp et al. 2017. Archives of Sexual Behavior doi.org/10.1007/s10508-017-1018-1

Tipos de orientación sexual

Estamos acostumbrados ya a términos como transexual, heterosexual o bisexual, pero existen una gran variedad de tendencias sexuales.

Las exploramos:
Asexual

La asexualidad podría considerarse una falta de orientación sexual pues las personas asexuales no sienten ni atracción física ni sexual hacia ninguna persona. Sienten falta de atracción o deseo sexual por defecto. No tiene nada que ver con la abstinencia sexual.


Agénero

La American Academy of Pediatrics (AAP) y la American Psichology Association (APA) consideran que la orientación sexual es parte de la naturaleza de la persona. En este caso, el agénero es aquella persona que no se identifica con ningún género. Su identidad sería destacada como nula.


Arromántico

Un arromántico es una persona que no experimenta atracción romántica hacia otras personas. Estas personas no carecen de conexión emocional / personal con otras, pero no presentan una necesidad instintiva de desarrollar conexiones de naturaleza romántica.


Transgénero

Persona cuyo género no coincide con el que te fue socialmente asignado al nacer. Así, los agéneros, los bigénero, los pangénero, los andróginos, los transexuales o los travestís entrarían dentro de los transgénero.


Graysexual o Gris-asexual

Personas que se encuentran entre la sexualidad y la asexualidad. Se trata de una conexión más fluido entre la sexualidad y la asexualidad, de ahí que los que se identifiquen con esta tendencia sexual pueden sentirse heterosexuales, gays o cualquier otra identidad sexual dentro o fuera del binario de hombres y mujeres.


Demisexual

Alguien que se identifica como demisexual no suele sentir atracción sexual a menos que ya haya formado un fuerte vínculo emocional con dicha persona. Este vínculo puede o no ser romántico.


Lithsexual

Las personas con este tipo de orientación sexual experimentan atracción hacia otras personas, pero ciertamente no tienen la necesidad de ser correspondidas ni busca que el deseo sea recíproco.


Sapiosexual

Los sapiosexuales se caracterizan por sentirse atraídos por la inteligencia de una persona. El vínculo aquí es intelectual.


Skoliosexual

La skoliosexualidad es la tendencia sexual orientada a géneros no binarios (hombres o mujeres), esto es, los skoliosexuales se sienten atraídos por personas transgénero (identificarse como hombre, mujer, ambos o ninguno, que no se corresponde con el género que poseen) e intergénero (su identidad se sitúa en un punto medio entre dos géneros, usualmente los binarios).

A un skoliosexual le atraen las personas que no son cisgénero (en las que la identidad de género y el género asignado al nacer coinciden).


Pansexual

La pansexualidad hace referencia a aquellas personas que sienten que son sexualmente, emocionalmente o espiritualmente capaces de enamorarse de todos los géneros.


Polisexual

Parecido a la pansexualidad, una persona polisexual puede sentirse atraída por algunas personas de distinto género o distinto sexo, pero sin que todos los sexos o géneros atraigan de la misma manera o al mismo nivel.


Autosexual

En la autosexualidad, la atracción es hacia uno mismo, como una forma de alimentar el amor propio. Los autosexuales pueden ser también asexuales.


Pornosexual

La pornosexualidad hace referencia a personas que solo encuentran satisfacción sexual viendo pornografía por encima de las relaciones sexuales reales.


Antrosexual

Los antrosexuales desconocen su orientación sexual pero, a pesar de ello, pueden desarrollar vínculos amorosos con cualquier persona de cualquier género e identidad. Sería como una mezcla de demisexualidad, bisexualidad y pansexualidad, con la salvedad de que el antrosexual no sabe cuál es su tendencia sexual.


Heterosexual

Acabamos con las tres orientaciones sexuales principales, la heterosexualidad, la homosexualidad y la bisexualidad. Los heterosexuales sienten atracción sexual o emocional hacia personas del sexo opuesto. Constituye una mayoría sexual promedio en determinadas especies.


Homosexual

La homosexualidad se refiere a la atracción sexual o emocional hacia personas del mismo sexo, ya sean mujeres-mujeres (mujeres homosexuales o lesbianas) u hombres-hombres ( gays).


Bisexual

La bisexualidad hace referencia a las personas que experimentan atracción física o sentimental hacia individuos de los géneros binarios, masculino y femenino.

Los beneficios de hablar sobre sexo

Un estudio investiga algunos de los factores que pueden influir en el interés sexual.

Las mujeres que viven con su pareja tienen más del doble de probabilidades de perder el interés sexual en comparación con los hombres. Esta es una de las conclusiones del estudio llevado a cabo por científicos del Centro de Investigación en Salud Sexual de la Universidad de Southampton (Reino Unido) y que recoge la revista BMJ Journal.

Los expertos examinaron los datos de la tercera Encuesta Nacional de Actitudes y Estilos Sexuales, la mayor investigación científica sobre el estilo de vida sexual en Estados Unidos, para ver cómo la falta de interés en el sexo variaba según el género y qué factores psicológicos estaban asociados con este fenómeno.

El equipo examinó las respuestas de 4.839 hombres y 6.669 mujeres de entre 16 y 74 años que habían convivido con su pareja (del mismo sexo o del sexo opuesto) durante al menos un año.

Más del 34% de las mujeres afirmaron carecer de interés por el sexo, en comparación con el 15% de los hombres. Además, más del 60% de las mujeres entrevistadas y más del 50% de los hombres informaron sentirse angustiados por su disminución del deseo sexual.

Algunos de los factores asociados con un bajo interés sexual bajo, tanto para hombres como para mujeres, fueron haber tenido una infección de transmisión sexual en el año anterior, haber experimentado sexo no consentido, sentirse mal mental y físicamente y no sentirse emocionalmente cerca de su pareja durante las relaciones sexuales.

Graham y sus colegas también descubrieron una serie de factores que estaban asociados con la falta de interés sexual exclusivamente en las mujeres. Encontraron que las mujeres que habían tenido tres o más parejas en el último año eran menos propensas a carecer de interés sexual que las mujeres con una sola pareja.

Haber estado embarazada en el último año y haber tenido al menos un niño pequeño también se asoció con un bajo interés sexual en las mujeres, pero no en los hombres.

La falta de “competencia sexual” de la pareja en también estaba fuertemente asociada con el interés cada vez menor de las mujeres por las relaciones sexuales.

Pornosexual, ¿un nuevo tipo de orientación sexual?

Homosexuales, heterosexuales, pansexuales… nos suenan. Pero, ¿sabes qué es un pornosexual? Indagamos en otras tendencias sexuales.

El sexo es una de las formas más expresivas de intimidad entre dos personas (o más, depende del caso). Nos desnudamos, física y emocionalmente y nos exponemos tal y como somos. Pero, ¿qué es exactamente un pornosexual?

Partimos del hecho de que el que es pornosexual disfruta con la pornografía por pura gratificación sexual. Pero, ¿cuál es la salvedad? Que su elección de ver pornografía es excluyente; esto es, no existe la posibilidad de una relación sexual en la vida real, sino que se convierte en el único modo en que una persona puede excitarse y alcanzar el orgasmo. Solo se consigue con pornografía.

¿Por qué sucede esto? El empleo del porno para reemplazar el sexo real se convierte en una droga que entumece los deseos de lograr mayor intimidad con alguien, de crear una conexión profunda. Y ya no se necesita, no se busca y no se desea. Es mucho más fácil relacionarse con un ordenador, smartphone o tableta que con una complicada persona de carne y hueso.

La pornosexualidad es, por tanto, un fenómeno emergente en que la orientación sexual del individuo está vinculada solamente a la pornografía.

La pornosexualidad no es una orientación sexual comparable a ser heterosexual o bisexual pues, en este caso, el placer sexual no se deriva de una persona “real“, cara a cara. Cierto es que ver pornografía es una forma útil de explorar y aprender sobre los deseos sexuales, pero la moderación es clave. Demasiado puede sesgar el equilibrio y volver insensible cuerpo y cerebro, escogiendo finalmente la opción del porno como reemplazo del sexo en la vida real.

Puesto que toda su gratificación sexual es la gratificación de uno mismo, nunca han aprendido las clases de habilidades sociales para formar relaciones sanas e íntimas,” explica Lawrence Siegel, sexólogo clínico y consultor de educación sexual en los Institutos Modernos de Terapia Sexual.

El ascenso del porno en la era digital

Un estudio llamado ‘Brain Structure and Functional Connectivity Associated With Pornography Consumption‘ y publicado en la revista JAMA de la Journal of the American Medical Association, concluyó que el 66% de los hombres y el 41% de las mujeres ve porno, sea o no en internet, al menos una vez al mes.

¿Es realmente la pornosexualidad una tendencia sexual o una forma de enmascarar el miedo a las relaciones?

El anonimato que ofrece la red ha contribuido al aumento de más personas que se identifiquen como pornosexuales. Considerando que los hombres son generalmente más propensos a hacer uso del porno, aumenta su probabilidad de identificarse como tales.

La pornosexualidad difiere de otras orientaciones sexuales porque se trata de un comportamiento aprendido, vacío de vínculos de apego y comunicación entre humanos.

Varios estudios han demostrado que el consumo de porno puede afectar al cerebro, alterando su estructura y funcionamiento, y aumentando la probabilidad de adicción a este comportamiento. La producción de dopamina es más activa al ver pornografía. Así, este neurotransmisor surge en respuesta a la anticipación y la expectativa, invitándonos a darnos placer a nosotros mismos mientras consumimos pornografía. Es decir, si se asocia algo previo –por ejemplo, ver porno– con la sensación de placer posterior, la dopamina comienza a fabricarse.

Por otro lado, utilizar la pornografía como única fuente de placer puede disminuir la sensibilidad del centro de recompensa del cerebro, provocando que cuanto más porno se observa, menor sea la actividad en los centros de recompensa del cerebro -y más se necesite-, según un estudio llevado a cabo por investigadores alemanes y publicado en la revista JAMA Psychiatry. De ahí que el cerebro de un adicto al porno sea comparado a menudo con el de un drogadicto o alcohólico.

La forma y el tamaño del rostro revelan tu comportamiento sexual

Hay un tipo de rostro que predispone a un mayor deseo sexual y a estar más abiertos a una infidelidad.

Existe un interés creciente en la comunidad científica por el estudio de la morfología facial. Ahora, un estudio desarrollado por expertos de la Universidad de Nipissing en Ontario (Canadá) y que recoge la revista Archives of Sexual Behavior, concluye que el tamaño y la forma de la cara pueden predecir el deseo sexual y la probabilidad de engañar a la pareja.

Los expertos exponen sus conclusiones en dos estudios separados. En el primero, examinaron a 145 estudiantes universitarios de ascendencia caucásica (el 48% eran hombres) que mantenían una relación sentimental heterosexual en el momento del estudio. Cumplimentaron diversos cuestionarios acerca de su comportamiento sexual y su deseo sexual y se realizaron fotografías de su rostro. También se tomaron medidas de las proporciones de su cara para obtener el índice FWHR (high facial width-to-height ratio), una medida del ancho y largo de la cara.

¿Cómo se mide el índice FWHR?

El ancho se mide por la parte más amplia de la cara, mientras que el largo del rostro se mide desde la parte de arriba de las cejas hasta el labio superior.

El segundo estudio, fue similar al anterior pero con una muestra mayor: 314 participantes, con el fin de ver si podrían replicar los hallazgos en una muestra más amplia, añadiendo a la mezcla preguntas sobre su orientación sexual, las posibilidades de considerar infieles a sus parejas y la orientación sociosexual (inclinación personal hacia el sexo casual).

Ambos estudios llegaron a la misma conclusión: los hombres y las mujeres con mayor índice FWHR (es decir, con rostro más ancho, más cuadrado y más corto), presentaban una mayor libido o deseo sexual que las personas con caras más pequeñas y estrechas. Además, estaban también más abiertas a tener relaciones sexuales casuales y podrían plantearse ser infieles a su respectiva pareja, aunque esto último solo fue asociado a los resultados en los varones, es decir, que los hombres con caras anchas y cuadradas pueden ser más propensos a la infidelidad y sentirse más cómodos con la idea de mantener deseo casual.

Juntos, estos hallazgos sugieren que las características faciales podrían transmitir información importante sobre las motivaciones sexuales humanas“, comenta Steven Arnocky, líder del trabajo.

Hay un creciente interés en la morfología facial, en cómo la forma del rostro humano puede asociarse con ciertas actitudes, comportamientos y rasgos de personalidad

Según los autores, esta es la primera vez que la investigación vincula el FWHR humano con el deseo sexual y la psicología sexual.

Aunque el estudio es puramente observacional y no puede explicar la causalidad, los investigadores apuntan a la testosterona como posible factor responsable de los resultados.

Limitaciones del estudio

La muestra de población era bastante limitada; eligieron a estudiantes universitarios como sujetos del estudio en el supuesto de que el interés sexual es más alto en la edad adulta temprana, pero esta suposición es discutible. En segundo lugar, la medida por la infidelidad era, según los autores, bastante restringida. Apenas dos valores del cuestionario abordaron esta cuestión. Por último, los investigadores sugieren que la investigación futura debe explicar otros factores que pueden influir en el comportamiento sexual, como las creencias conservadoras sobre el sexo o la pasividad sexual.

Referencia: The Facial Width-to-Height Ratio Predicts Sex Drive, Sociosexuality, and Intended Infidelity. Archives of Sexual Behavior 2017