Consejos sobre cómo hablar con seguridad ante cualquier persona

Varios consejos para no mantener un rol de sumisión en todas las conversaciones.


Una simple conversación es más compleja de lo que puede parecer en un primer momento.

Por un lado, hay que tener en cuenta lo que se dice, dado que no siempre es fácil traducir los pensamientos en palabras, y por el otro, hay que atender a cómo reacciona la otra persona, qué dice y qué ideas y mensajes entraña su discurso. Todo esto ocurre a la vez, en tiempo real, y hay que combinarlo con la influencia decisiva del lenguaje no verbal, capaz de hacer que nuestras palabras tengan un significado totalmente diferente dependiendo del contexto.

Esto hace que algunas personas sean propensas a dudar y a mostrar inseguridad al dialogar con los demás. En estos casos, siempre vienen bien algunos consejos acerca de cómo hablar con más seguridad.

Hablar con seguridad: 5 consejos muy útiles


En primer lugar, hay que tener en cuenta que adoptar un estilo comunicativo que exprese una mayor seguridad es una tarea que involucra muchas funciones psicológicas. Esto hace que no exista una solución mágica para pasar a irradiar carisma de la noche a la mañana. Sin embargo, con un poco de práctica y constancia, sí es posible notar cambios muy significativos en la manera en la que nos expresamos… y también en la manera en la que las personas con las que hablamos reaccionan ante nosotros.

Así pues, para hablar con más seguridad delante de todo tipo de personas es necesario un verdadero entrenamiento, lo cual implica que limitarse a leer y a interiorizar ideas y conceptos no sirve de mucho. Los consejos que leerás a continuación tienen que ser llevados a la práctica, salir de la teoría, para que te ayuden en tus relaciones sociales. Dicho esto, pasemos a los consejos.


1. Entrena el contacto visual
El simple hecho de evitar el contacto visual nos predispone a adoptar un rol de sumisión y a dejar que sea la otra persona la que lleve las riendas de la conversación. Por eso, es bueno que al principio te centres en la tarea de evitar esos momentos en los que la mirada va deambulando de un lado a otro con tal de no encontrarse con la de la persona que se tiene enfrente.

Sin embargo, el truco no está en clavar la mirada en las pupilas de nuestro interlocutor de manera obsesiva, sino simplemente en prestar atención a los momentos en los que se produzca esta “desconexión” para poder corregirlos o, al menos, controlarlos. Este último matiz es importante, porque no es necesario mantener el contacto visual de manera ininterrumpida de forma rígida, aunque este debe predominar.

Cuando notes que estás mirando al otro de un modo demasiado “artificial” y poco natural, simplemente amplía tu radio de atención visual y mira no a sus ojos sino a su cara en su conjunto; de esa manera, aunque no te des cuenta, el cruce de miradas será mucho más espontáneo.


2. Proyecta tu voz
Es mejor realizar este ejercicio a solas, para que después, a la hora de aplicarlo a las conversaciones reales, solo sea necesario modular el tono, dado que ya se habría aprendido buena parte de este patrón de movimientos de los músculos bucales y del cuello.

Para ello, es bueno combinar el ensayo a solas con la visualización imaginada. Cierra los ojos, imagínate un contexto real de conversación, y modula tu voz hasta que cobre una cualidad que exprese asertividad y seguridad en uno mismo. Cuanto más vívida sea la escena, mejor.


3. Mejora tu articulación al hablar
Hay personas en las que la inseguridad a la hora de hablar se debe a pequeños defectos en el habla. Al notarlos, se intenta enmascararlos hablando bajo y manteniendo un perfil discreto en general. Si es tu caso y crees que esos defectos son muy pronunciados, puedes valorar acudir a un logopeda. Si crees que no son muy pronunciados, merece la pena practicar por tu cuenta.

Esta es otra tarea que puedes realizar a solas. Para ello, al principio deberás hacer “calentamiento” de los músculos de la boca, para después ir hablando en un monólogo improvisado, atendiendo a los pequeños errores de pronunciación. Recuerda las palabras en las que has fallado e intenta reproducir de manera aproximada la frase en la que estaban incluidas hasta pronunciarla bien. Esta tarea puede ser aburrida, pero el hecho de corregir la articulación ayuda a evitar la inseguridad.

Por otro lado, ten en cuenta que todo el mundo se equivoca con relativa frecuencia a la hora de hablar. Por eso, no te obsesiones con esos errores si crees que su frecuencia de aparición es comparable a la del resto de personas; de hecho, los interlocutores tienden a no prestarles atención y a “rellenar” automáticamente el vacío de significados que en teoría deberían producir esas imperfecciones.


4. Distánciate de la situación
Prácticamente todas las personas tenemos la capacidad de distanciarnos de las experiencias que vivimos en el aquí y ahora. Esto significa que hacemos una ligera desconexión emocional con respecto a lo que está ocurriendo. Es algo parecido a lo que ocurre con la desrealización, un fenómeno psicológico por el cual tenemos la sensación de que el lugar en el que estamos, algunas personas o seres vivos, o el contexto en general, son partes de un decorado, algo que no significa demasiado.

Así pues, cuando notes que en una conversación puedes llegar a mostrar un grado significativo de inseguridad, trata de distanciarte, asumiendo que la persona que habla contigo, si bien no deja de ser humana, no es tan importante a pesar de todo, ni indispensable para que sigas viviendo. Sus opiniones sobre ti tienen una importancia muy relativa, y además tiene una percepción muy limitada e imperfecta acerca de quién eres. Se trata de un ejercicio que también es común en el mundo de los actores y actrices, en el que se combate el miedo a hacer el ridículo.


5. Trabaja tu autoestima
Si quieres ir más allá del problema concreto de la inseguridad al hablar, es bueno que trabajes por mejorar tu autoestima. Para ello hay diferentes métodos, si bien ir al psicólogo te puede ayudar mucho a la hora de plantear programas de entrenamiento y modificación de creencias, realizar un seguimiento de tu progreso y controlar los problemas que puedan surgir.



 

ANOREXIA Y BULIMIA: ¿COMO PUEDEN AYUDAR LOS FAMILIARES ?

En el abordaje de los TCA, dada la complejidad y multiplicidad de factores implicados, se requiere de un abordaje complejo, llevado a cabo por equipos interdisciplinarios en los cuales participan diversos profesionales: Psicólogos, psiquiatras, coordinadores de talleres, médicos nutricionistas y acompañantes terapéuticos. Esta modalidad de abordaje implica que, si bien el equipo se constituye por diversos profesionales, los mismos conforman un todo, debiéndose establecer conjuntamente objetivos desde el inicio del proceso, y trabajar e intervenir en pos de su cumplimiento (Tolosa & Ferraris Mukdise, 2016). Siguiendo a los autores, cada uno de los integrantes, aportará e informará a los demás acerca de posibles avances, mejoras, recaídas o cualquier otra conducta relevante, de manera que se lleven a cabo las modificaciones necesarias en el diseño y se fijen los objetivos de manera secuencial. Los mismos, serán establecidos luego de que el equipo haya tomado “conjuntamente” una decisión con respecto a cómo se continuará el tratamiento. Se requiere que el equipo mantenga COORDINACIÓN, COMUNICACIÓN Y COMPLEMENTARIEDAD a lo largo del proceso, persiguiendo objetivos comunes y privilegiando reuniones de equipo de las que el AT formará parte substancial.

El modelo cognitivo propone que el cambio que se busca en todo plan terapéutico deberá ocurrir en los procesos cognitivos. Tolosa (2015), basado en las conceptualizaciones de Fernández Álvarez (2008), establece que estos procesos son mecanismos representacionales involucrados en la perturbación y en la generación de alternativas en el sistema de procesamiento de las experiencias vividas. En lo que respecta a la denominación “integrativo”, se concibe que el abordaje terapéutico debe estar basado en principios generales, donde la organización de los diseños de intervención no se ajustan a un cuerpo teórico hermético, sino que se sostienen en hipótesis que atienden al conjunto de variables genéricas que componen la demanda y que pueden adaptarse de forma particular a cada paciente (Tolosa, 2015).

Los principios generales de intervención del proceso relacional terapéutico entre el AT y el paciente en el abordaje de los trastornos de la conducta alimentaria refieren a:

1) Alianza Terapéutica: teniendo en cuenta las características generales de estos pacientes (elevada egosintonía, reactancia, escasa motivación y disponibilidad para el cambio) el trabajo en la conformación de la alianza es una de las tareas esenciales para que se pueda sostener el plan de intervención.

2) Estilo personal del AT: alude a los rasgos, actitudes y disposiciones que influirán significativamente en el vínculo terapéutico, es por ello que se deberá evaluar si se ajustan a las demandas de los pacientes con TCA. Tolosa (2016) se encuentra desarrollando un cuestionario denominado EPAT (Estilo Personal del Acompañante Terapéutico) en el que incluye la Función Contextual, la cual se refiere a las acciones que ejecuta el AT en relación al contexto significativo de la persona que asiste. El AT, debe valerse del registro de los factores regulares como irregulares del ambiente, ya que, de esa forma puede brindar información valiosa al dispositivo terapéutico para futuras intervenciones y/o modificaciones. El AT tiene como tarea focalizarse en los aspectos expansivos de quien padece TCA, como lo son las reglas y exigencias del contexto, con el objetivo de apreciar las estrategias y estilos de afrontamiento a la alimentación, las respuestas a estímulos facilitadores y el empleo del lenguaje organizador en relación a la imagen corporal. El registro diario de alimentación que llevará a cabo el AT, será clave en el proceso terapéutico. A partir de él, quien dirige el proceso tendrá conocimiento de las conductas que los pacientes pueden estar ejecutando en su contexto cotidiano y omitiendo de comunicarlo en sesión, o bien, pueden no estarlas registrando.

EL ABORDAJE TERAPÉUTICO DEBE ESTAR BASADO EN PRINCIPIOS GENERALES, DONDE LA ORGANIZACIÓN DE LOS DISEÑOS DE INTERVENCIÓN NO SE AJUSTAN A UN CUERPO TEÓRICO HERMÉTICO

3) Teoría de la Mente: alude a un proceso cognitivo que permite a las personas ser capaces de predecir estados mentales de uno mismo y de los demás, lo que permite anticipar y modificar comportamientos propios y ajenos. En este sentido, el AT deberá identificar y predecir las características de los procesos atribucionales de las personas que padecen TCA, detectando el sistema de inferencias y predicciones erróneas acerca de la figura, peso y comida, que se conformarán como la tríada nuclear de la intervención.

4) Modelo Transteórico del Cambio: la meta común y el dilema a desentrañar de todo dispositivo terapéutico, y de la función del AT en especial, es la búsqueda de un cambio en la persona que se asiste. De esta forma, cobra gran relevancia las investigaciones aportadas por Prochaska y DiClemente (1982) quienes consideraron que el cambio no ocurre de manera bidireccional, sino que las personas atraviesan por un conjunto de estadios sucesivos de disposición para el proceso de cambio, que determinan las posibilidades de que éste ocurra o no.

5) La entrevista motivacional: Miller y Rollnick (1999) señalan que las personas se encuentran atrapadas por la ambivalencia, lo cual se debe resolver para continuar en el camino del cambio. Si bien el AT trabajará incentivando y guiando al paciente en la ejecución de las tareas cotidianas, lo hará con un estilo persuasivo, siendo este último quien debe exponerse y ejecutarlas, asumiendo que es el responsable de lograr los objetivos a corto y largo plazo que se han propuesto en el plan terapéutico, como así también de mantenerlos y sostenerlos en el tiempo. Es decir, que se pretende que el paciente adopte un rol activo en su tratamiento, siendo él quien tenga el papel protagónico. Por ejemplo: el AT acompañará al paciente en los momentos críticos del día en los cuales atraviese por altos montos de ansiedad debido a la exposición a la comida brindando recursos de afrontamiento activos, pero evitará adoptar un rol dogmático o autoritario sobre cómo la persona debe afrontar dicha experiencia. De esta manera, es importante que el AT genere un atmósfera positiva para el cambio, validando el esfuerzo del paciente por lograr los objetivos.

SERÁ QUIEN SE ENCARGUE DE QUE EL PACIENTE PONGA EN PRÁCTICA LOS PRINCIPIOS Y HERRAMIENTAS ADQUIRIDAS EN LAS SESIONES, DE MANERA QUE LOGRE LA HABITUACIÓN Y APRENDIZAJE EN SU CONTEXTO COTIDIANO

Discutir en qué momento es oportuna la inclusión de AT en el dispositivo, se evaluará según la gravedad del caso. Se deberá preparar al paciente, debido a que no suelen aceptar el trabajo con AT, al ser visto como un agente intrusivo que obligará al paciente a alimentarse (Tolosa & Ferraris Mukdise, 2016). Una vez aceptada su inclusión, se convierte en un facilitador del proceso que interviene en espacios más próximos al paciente, operando como un alojador de las dolencias y ayudando a la detección de dificultades, posibilitando el sostenimiento del tratamiento con mayor facilidad. Se debe buscar la vía de acceso más permeable, siendo la primera fase (reducción y mejoría de la conducta sintomática y normalización de los hábitos de alimentación), en la cual se hace sumamente necesaria su inclusión y se pretende que acompañe y haga un seguimiento regular y constante de las conductas, emociones y pensamientos de los pacientes. Asimismo, hará énfasis en la generación de habilidades para la resolución de problemas y en el entrenamiento de habilidades sociales y de comunicación, fuera del contexto de la sesión terapéutica. Será quien se encargue de que el paciente ponga en práctica los principios y herramientas adquiridas en las sesiones, de manera que logre la habituación y aprendizaje en su contexto cotidiano.

LA MAYORIA DE LAS DEPRESIONES NO ESTAN TRATADAS CORRECTAMENTE

Más de 350 millones de personas sufre de depresión en todo el mundo y según la OMS, esta será la principal causa de discapacidad para el año 2020. Los datos son preocupantes, muy preocupantes.

Pero todavía falta lo peor: Un nuevo estudio de The British Journal of Psychiatry demuestra que la mayoría de los pacientes con depresión no recibe los tratamientos adecuados o no recibe ningún tipo de tratamiento. Sus datos se obtuvieron de una muestra de 50.000 sujetos provenientes de 21 países:

Brazil. Bulgaria. Colombia. Iraq. Líbano. México. Nigeria. China. Rumania. Argentina. Bélgica. Francia. Alemania. Israel. Italia. Japón. Holanda. Portugal. España. Estados Unidos.

El 4.6% del total de los sujetos cumplió con los criterios diagnóstico del Trastorno Depresivo Mayor. De ese grupo diagnosticado, el 56.7% reportó que necesitaba tratamiento; el 71% de ellos había visitado al menos una vez a un médico y de aquellos que reciban tratamiento sólo el 41% recibió tratamientos que cumplieran con estándares mínimos.

Necesitamos ofrecer tratamientos adecuados

Los números constatan que no se están haciendo las cosas bien. Falta mayor compromiso de los gobiernos e inversión en planes de intervención y prevención. Pero la critica también va para los profesionales de la salud mental. Hoy en día existen tratamientos psicológicos que han demostrado ser eficaces para tratar la depresión, pero, lamentablemente, esos tratamientos son dejados de lado por los profesionales que eligen ofrecer otros tratamientos que se ajustan más a sus preferencias y no a la evidencia.

Según los autores del estudio, no ofrecer tratamientos con evidencia generan dos problemas: no sólo se pone en riesgo la vida de las personas, sino que además se reduce la probabilidad de que las personas busquen la ayuda psicológica debido a la pobre reputación que tienen esos tratamientos de eficacia cuestionable. Y tiene mucho sentido, si los pacientes van donde los profesionales de salud mental y no ven mejorías entonces no van a volver.

Recomendado: Enfocarse en las Creencias Centrales negativas de la depresión quizás no sea la mejor opción
Graham Thornicrof, director de la investigación añade una razón no sólo científica sino también moral:

“Proveer tratamientos a la escala requerida para tratar a todas las personas con depresión es crucial, no solo para reducir la discapacidad y la muerte por suicidio, sino también desde una perspectiva moral y humana y para ayudar a las personas a ser miembros productivos de la sociedad.”

LA DEPRESIÓN: LAS OCHO ÚLTIMAS INVESTIGACIONES

Como ya todos sabemos bien, la depresión es uno de los problemas que más aqueja a la gente en la actualidad. Esta es una muy buena razón para que nos mantengamos al tanto de las nuevas investigaciones sobre este trastorno

¿Qué han encontrado los últimos estudios sobre depresión?



I. ¿Cómo se sentía no estar deprimido?
Una investigación realizada en sujetos deprimidos y sujetos que no sufrían depresión, observó que mientras que éstos últimos podían imaginarse cómo era el mundo emocional de una persona deprimida, los individuos deprimidos no podían hacer lo mismo con respecto a las emociones de las personas sin depresión.

Los científicos creen que esta carencia se vincula fuertemente con otros estudios que han observado una auto-atención en las personas deprimidas, lo que les serviría como esfuerzo para aliviar su depresión, en vez de enfocar su atención en otros.


II. Sobre el cerebro deprimido
Una parte del cerebro vinculada a la decepción por no recibir una recompensa ha sido relacionada a la depresión en un estudio nuevo. El área en específico se llama corteza orbitofrontal lateral y normalmente se activa cuando la persona falla en conseguir una recompensa esperada.

En el estudio se intentaba conocer cómo algunas áreas críticas del cerebro se comunican entre sí.

La investigación, que contó con la participación de 421 pacientes con depresión mayor (y un grupo control de 488 sujetos), encontró que en las personas deprimidas el área estaba más fuertemente vinculado a otras áreas involucradas en nuestro sentido del ser y pérdida personal. Lo que sugiere que las personas con este trastorno son más propensas a sufrir problemas de autoestima y sentir una pérdida cuando no obtienen una recompensa esperada.

Adicionalmente, se observó que estas personas tenían conexiones más pobres en áreas del cerebro que registran las recompensas que sí obtuvimos (la corteza orbitofrontal medial) y áreas importantes para la memoria.

Ambos hallazgos podrían explicar por qué las personas con depresión se sienten peor cuando no obtienen una recompensa que esperaban conseguir y por qué les cuesta traer a la memoria recuerdos felices.


III. Cuatro tipos de depresión biológica
Un estudio reciente que utilizó IRMf en 1.188 sujetos, logró dividir a los pacientes con depresión en 4 subtipos neurofisiológicos, que llamaron biotipos. Los mismos se definen según sus respectivos patrones de conectividad disfuncional en las redes límbicas y frontoestriatales. A su vez, cada biotipo está asociado con síntomas clínicos específicos:

Biotipo 1: Ansiedad, insomnio y fatiga.
Biotipo 2: Cansancio y poca energía.
Biotipo 3: Anhedonia, movimientos y discurso lentos.
Biotipo 4: Ansiedad, insomnio y anhedonia.


IV. El azafrán podría ser una buena alternativa a los antidepresivos
Una revisión sistemática de pruebas clínicas, realizada con 6 estudios pequeños pero aleatorios controlados de alta calidad, proveyó apoyo inicial para el uso del azafrán en el tratamiento de la depresión leve a moderada.

En los estudios se observó que el azafrán podía ser tan efectivo como los antidepresivos en estos casos, pero con menos efectos secundarios.

Se cree que los efectos observados se deben a sus posibles propiedades serotoninérgicas, antioxidantes, antiinflamatorias, neuroprotectivas y neuroendocrinas. Es un tema que se debe seguir estudiando.


V. Dificultades con las metas
Un estudio sobre metas, realizado con un grupo de personas deprimidas a quienes se comparó con un grupo control, encontró que las personas deprimidas luchan al momento de proponerse metas positivas a las que aspirar y les resulta más difícil buscar objetivos alternativos cuando los existentes se vuelven difíciles de alcanzar o inalcanzables.

Los resultados sugirieron también que las personas con depresión bajan sus expectativas de llegar a las metas.


VI. Deficiencia de vitamina D
La deficiencia de vitamina D ha sido vinculada con una mayor propensión a sufrir síntomas depresivos.


VII. El sueño y los antidepresivos
Un estudio encontró menor severidad de la depresión para las personas que duermen 8 horas cada noche, comparados con los que duermen 6. El grupo que descansaba 8 horas tuvo un 63.2% de remisión, mientras que el grupo que dormía solo 6 horas presentó un 32.6% de remisión. La remisión también ocurrió antes para el grupo que dormía 8 horas.


VIII. Sobre los trabajos con altas tasas de depresión

Un estudio encontró que las ocupaciones con tasas mayores de depresión son aquellas que requieren contacto frecuente y/o difícil con personas. Liderando la lista se encuentran las personas que trabajan en empresas de transporte suburbano e interurbano.

Le siguen de cerca los trabajadores sociales y agentes inmobiliarios.



 

LE DIGO LA VERDAD O ME CALLO PARA QUE NO SUFRA

Decir siempre la verdad” es un mantra que escuchamos a menudo y que incluso nos repetimos a nosotros mismos. Sin duda, es importante expresar nuestros sentimientos, ideas y percepciones pero, ¿qué sucede cuando esas opiniones causan desavenencias en las relaciones? ¿Cómo mantenerte fiel a ti mismo y ser auténtico sin dañar las relaciones con los demás? ¿Cómo proteger las relaciones sin vivir en un clima de deshonestidad?

Cuando “decir las cosas como son” hiere a los demás

Hablar sin pelos en la lengua puede ser catártico e incluso genera una sensación de empoderamiento. Es agradable expresar nuestros sentimientos, necesidades e ideas. Es un alivio decir lo que sentimos sin tener que preocuparnos por cómo nuestras palabras impactan sobre los demás.
Sin embargo, en ciertos momentos podemos llegar a adoptar una actitud narcisista que nos impide darnos cuenta de cómo nuestra verdad afecta a quienes nos rodean. De hecho, incluso nos enorgullecemos de “decir las cosas como son”, aunque en realidad las decimos como creemos que deben ser, sin tener en cuenta las consecuencias de nuestras palabras.

Sin embargo, debemos tener cuidado de no entrar en esa zona de peligro donde la autoexpresión se desboca y termina siendo tóxica, tanto para los demás como para nosotros mismos. En esa zona de peligro la verdad se convierte en una espada con la cual herimos al otro.

La teoría del apego indica que necesitamos un mínimo de seguridad para mantener relaciones satisfactorias. No basta simplemente con establecer un vínculo emocional, la relación debe transmitirnos seguridad y confianza, debemos sentir que la otra persona valida nuestras emociones, lo cual significa que debemos sentirnos comprendidos y aceptados. También significa que la otra persona no nos debe mentir ya que de esa forma perderíamos toda la confianza y la relación se resquebrajaría. Es necesario encontrar un punto medio, que se halla en la autenticidad asertiva.

Autenticidad asertiva: Hablar desde el corazón sin dañar las relaciones

La idea de decir la verdad, cueste lo que cueste y duela a quien le duela, en el fondo encierra cierto grado de rigidez mental. Implica asumir que existe una verdad absoluta y que los otros puntos de vista, ideas o creencias son erróneas. Quienes asumen esta actitud no comprenden que existe un tercer camino: se puede ser auténticos y a la misma vez empáticos.

De hecho, en la misma medida en que alimentemos nuestra Inteligencia Emocional, aumentará nuestra capacidad para expresarnos con autenticidad sin herir a los demás ni dañar nuestras relaciones. Eso significa que podemos desarrollar la habilidad de expresar nuestros sentimientos y opiniones de manera genuina, respetando a su vez los sentimientos y opiniones de los demás.

En este sentido, John Gottman, uno de los mayores estudiosos de las relaciones intepersonales y de pareja, descubrió que el factor que predice el éxito y la duración de cualquier tipo de relación es el nivel de conciencia sobre cómo nuestras actitudes y comportamientos afectan a los demás.

Ser conscientes del poder de nuestras palabras puede ayudarnos a detenernos antes de hablar y sopesar nuestro mensaje. Podemos decidir conscientemente cuál es la idea que deseamos transmitir y cómo hacerlo de la mejor manera posible sin dañar a los demás. Eso implica ser capaces de autorregularnos y no caer en actitudes críticas y culpabilizantes. Es posible decir nuestra verdad y ser auténticos asumiendo una actitud respetuosa y sensible hacia los demás.

Decir lo primero que nos pasa por la mente no es señal de autenticidad, es muestra de falta de autocontrol y empatía. Tomarnos un tiempo para reflexionar y expresar nuestro mensaje con delicadeza nos permitirá establecer un estilo de comunicación menos agresivo y tender puentes de confianza hacia los demás que fortalezcan nuestras relaciones.

Después de todo, nuestra libertad e incluso nuestra verdad terminan donde comienza la libertad y la verdad del otro.

CUANDO LOS CELOS NOS SUPERAN

Los celos son la manifestación de conductas en respuesta al estímulo que amenaza con apropiarse, destruir o robar lo propio. Pero también puede ser la aspiración de posesión o éxito, características o propiedades de otra persona, de tal forma que puede ser asociado a la envidia. Ser celoso, es utilizado como adjetivo, verbo o atribución de personalidad. El individuo con celos no pierde su entorno con la realidad, puede ser funcional, pero se abruma con ideas constantes de que la pareja es infiel. Los celos pueden ser patológicos, si ocupan más del 30% de su actividad en buscar el detonador de su conducta, a partir de entonces entra en la subclasificación de un Trastorno Delirante: la celotipia.

MANIFESTACIÓN CLÍNICA DE CELOTIPIA
El celotípico suele ser suspicaz, rígido, vigilante, auto-referente (él es el centro de atención), con miedo a la autonomía y comúnmente asociado a procesos de grandeza.

La celotipia suele generar problemas sociales, legales, laborales o conyugales como consecuencia de las ideas delirantes. Los sujetos que poseen este trastorno desarrollan un estado de ánimo irritable: ira o comportamiento violento. La celotipia hace a un individuo caótico, disfuncional, con pérdida de atención, le genera un pensamiento proyectivo y hostil. El celotípico suele ser suspicaz, rígido, vigilante, autoreferente (él es el centro de atención), con miedo a la autonomía y comúnmente asociado a procesos de grandeza.

El caso típico de un celotípico es sentirse frustrado, privado de sus derechos afectivos, emocionales y sexuales. Interpreta que la pareja prefiere a otro, iniciándose así una búsqueda de pruebas concluyentes. Un delirio sistematizado de sentirse menos preferido y no tratado de forma especial.

LA CELOTIPIA TIENE LOS SIGUIENTES CRITERIOS:
Pensamientos irracionales sobre infidelidad de la pareja.
Conductas dirigidas a comprobar la infidelidad.
Sentimientos intensos de cólera, miedo, tristeza, culpa.
Violencia verbal o física contra la pareja o el supuesto rival.

¿DIFERENCIAS ENTRE HOMBRES Y MUJERES?
El delirio de celos asociado a cuadros paranoides se ha descrito principalmente asociado al sexo femenino y a pacientes jóvenes; mientras que el delirio de celos asociado al alcoholismo se ha descrito casi siempre al sexo masculino. Los hombres despiertan la conducta de celo en mayor proporción por la pérdida de la pareja con el enfoque sexual. La mujer lo realiza por perder del afecto, espacio, protección, tiempo invertido y, en menor proporción, con el evento sexual comparado a como lo hacen los varones.

FACTORES SIN SER TOTALMENTE CAUSALES PARA SER CELOTÍPICO:

(1) Factores familiares (aparece historia familiar en casi un 20%). En ocasiones, la celotipia se aprende en casa.

(2) Factores psiquiátricos (los celos pueden ser el primer signo de enfermedad psicótica paranoide o esquizofrenia; pueden asociarse a diversas características de personalidad y síntomas neuróticos; o pueden ser un síntoma de tipo depresivo primario o secundario).

(3) Factores orgánicos (alteraciones orgánicas cerebrales de tipo traumáticas, vasculares, demencias, epilepsia). Es decir, la celotipia suele acompañar a algunas enfermedades neuronales.

(4) Factores tóxicos (intoxicaciones por alcohol, anfetaminas, cocaína). El alcohol incrementa la celotipia desde un 22% a un 41%. Existen dos subgrupos de celotipia alcohólica: uno de aparición exclusiva durante la intoxicación alcohólica y otro mantenido durante los periodos de abstinencia. El 72% de las personas alcoholizadas persisten con los celos aún después de haberse recuperado de una intoxicación alcohólica.

(5) Factores hormonales (pueden aparecer en periodos hormonales específicos como la menopausia, embarazo, postnatal o en el hipertiroidismo). Las hormonas influyen en muchas conductas, la celotipia no es la excepción.

FASES DE LA CELOTIPIA EN EL CEREBRO
Inicio o manifestaciones precoces: suspicacia, fascinación de lo oculto, búsqueda de la verdad, rigidez, idea delirante, confusión, primeros conflictos de agresión, hostilidad y discusiones. En esta condición, la corteza prefrontal (ventromedial) la que planea y toma decisiones incrementa su actividad, pero paradójicamente por momentos pierde la congruencia y la lógica, la noradrenalina y dopamina se incrementan en esta región del cerebro, lo cual motiva la conducta irreflexiva, reduce la inteligencia y permite la toma inadecuada de decisiones. Es un proceso que se inicia como un flash” o choque de luz.

La actividad hormonal se instala gradualmente, induce liberación de cortisol y aldosterona, con evidentes cambios cardiovasculares y metabólicos como la hiperglicemia. Se proyecta un estado de activación corporal permanente.

Fase aguda: el malestar interno es intolerante, se pierde el control. Se manifiesta una ansiedad asociada a sentimientos caóticos. Fallan las estrategias de estabilización. Inicia un proceso de aislamiento, hay “acumulación” de pruebas. Un pequeño evento desencadena un tórrido conflicto. En esta fase, falla el control pre-frontal totalmente. La actividad límbica predomina, en especial, el hipocampo se manifiesta, los recuerdos abruman y la corteza del cíngulo asocia eventos dolorosos-emotivos. Se lleva a cabo el reforzamiento incesante de ideas y recuerdos. La actividad hormonal se instala gradualmente, induce liberación de cortisol y aldosterona, con evidentes cambios cardiovasculares y metabólicos como la hiperglicemia. Se proyecta un estado de activación corporal permanente. El insomnio se presenta y existe un consumo excesivo de energía.

Cristalización final o psicosis desarrollada: Los sentimientos se exteriorizan, hay delirios, aparecen enemigos, la conducta de defensa se agrega, los factores desencadenantes ahora son internos. La respuesta es defensiva, agresiva, el proceso es fluctuante, solo por momentos, el individuo es consciente de su realidad. Aparecen decisiones poco pensadas. La actividad prefrontal es intermitente en el evento.

Los procesos emotivos se centran a un estímulo desencadenante, en consecuencia la liberación de dopamina, noradrenalina, cortisol es reforzada a eventos esperados.

Nuestro cerebro tiene la capacidad de orquestar y manifestar la conducta celosa, la cual, si es adecuada puede ser motivante y favorecer la solución a un problema de pareja. Sin embargo, también es sencillo llegar a un extremo, a lo patológico. La celotipia como trastorno cobra la disolución del vinculo afectivo. Genera más problemas de los que pretende resolver. Atrapa y calumnia.

Es necesario cuidar no caer en ella, reflexionar antes de una explosión puede resultar conveniente.

CONCLUSIÓN
El amor celoso es el requisito previo, el antecedente cognitivo-afectivo y conductual de la celotipia.

El amor tiene DOS dimensiones fundamentales: UNO implica el deseo y posesión de la persona, asimilar la conducta y proyectar lo que se desea, esto es intenso en el enamoramiento; la OTRA dimensión implica el deseo de darse y perderse en el amor: hay un balance entre la autoafirmación y la autoentrega. La aparición de la traición anula cualquiera de los DOS procesos. Por ello los celos evitan llegar a este proceso doloroso. Pero en sí, la conducta celosa ya tiene un proceso de dolor moral implícito. El conflicto se basa en frustración y decepción dolorosa.

La celotipia destruye el amor, una de las paradojas terribles de su existencia. Con ello, activando redes neuronales y neuroquímica semejantes para el amor pasional.

Depresión: 8 datos que han aportado nuevas investigaciones.

Como ya todos sabemos bien, la depresión es uno de los problemas que más aqueja a la gente en la actualidad. Esta es una muy buena razón para que nos mantengamos al tanto de las nuevas investigaciones sobre este trastorno.



 ¿Qué han encontrado los últimos estudios sobre depresión?

 

I. ¿Cómo se sentía no estar deprimido?
Una investigación realizada en sujetos deprimidos y sujetos que no sufrían depresión, observó que mientras que éstos últimos podían imaginarse cómo era el mundo emocional de una persona deprimida, los individuos deprimidos no podían hacer lo mismo con respecto a las emociones de las personas sin depresión.

Los científicos creen que esta carencia se vincula fuertemente con otros estudios que han observado una auto-atención en las personas deprimidas, lo que les serviría como esfuerzo para aliviar su depresión, en vez de enfocar su atención en otros.


II. Sobre el cerebro deprimido.
Una parte del cerebro vinculada a la decepción por no recibir una recompensa ha sido relacionada a la depresión en un estudio nuevo. El área en específico se llama corteza orbitofrontal lateral y normalmente se activa cuando la persona falla en conseguir una recompensa esperada.

En el estudio se intentaba conocer cómo algunas áreas críticas del cerebro se comunican entre sí.

La investigación, que contó con la participación de 421 pacientes con depresión mayor (y un grupo control de 488 sujetos), encontró que en las personas deprimidas el área estaba más fuertemente vinculado a otras áreas involucradas en nuestro sentido del ser y pérdida personal. Lo que sugiere que las personas con este trastorno son más propensas a sufrir problemas de autoestima y sentir una pérdida cuando no obtienen una recompensa esperada.

Recomendado: Las personas le hablan a su celular cuando sufren dolor emocional
Adicionalmente, se observó que estas personas tenían conexiones más pobres en áreas del cerebro que registran las recompensas que sí obtuvimos (la corteza orbitofrontal medial) y áreas importantes para la memoria.

Ambos hallazgos podrían explicar por qué las personas con depresión se sienten peor cuando no obtienen una recompensa que esperaban conseguir y por qué les cuesta traer a la memoria recuerdos felices.


III. Cuatro tipos de depresión biológica.
Un estudio reciente que utilizó IRMf en 1.188 sujetos, logró dividir a los pacientes con depresión en 4 subtipos neurofisiológicos, que llamaron biotipos. Los mismos se definen según sus respectivos patrones de conectividad disfuncional en las redes límbicas y frontoestriatales. A su vez, cada biotipo está asociado con síntomas clínicos específicos:

  1. Biotipo 1: Se caracteriza por ansiedad, insomnio y fatiga.
  2. Biotipo 2: Se caracteriza por cansancio y poca energía.
  3. Biotipo 3: Se caracteriza por anhedonia y movimientos y discurso lentos.
  4. Biotipo 4: Se caracteriza mayormente por ansiedad, insomnio y anhedonia.

IV. El azafrán podría ser una buena alternativa a los antidepresivos.
Una revisión sistemática de pruebas clínicas, realizada con 6 estudios pequeños pero aleatorios controlados de alta calidad, proveyó apoyo inicial para el uso del azafrán en el tratamiento de la depresión leve a moderada.

En los estudios se observó que el azafrán podía ser tan efectivo como los antidepresivos en estos casos, pero con menos efectos secundarios.

Se cree que los efectos observados se deben a sus posibles propiedades serotoninérgicas, antioxidantes, antiinflamatorias, neuroprotectivas y neuroendocrinas. Es un tema que se debe seguir estudiando.


V. Dificultades con las metas.
Un estudio sobre metas, realizado con un grupo de personas deprimidas a quienes se comparó con un grupo control, encontró que las personas deprimidas luchan al momento de proponerse metas positivas a las que aspirar y les resulta más difícil buscar objetivos alternativos cuando los existentes se vuelven difíciles de alcanzar o inalcanzables.

Los resultados sugirieron también que las personas con depresión bajan sus expectativas de llegar a las metas.

VI. Deficiencia de vitamina D
La deficiencia de vitamina D ha sido vinculada con una mayor propensión a sufrir síntomas depresivos.


VII. El sueño y los antidepresivos.
Un estudio encontró menor severidad de la depresión para las personas que duermen 8 horas cada noche, comparados con los que duermen 6. El grupo que descansaba 8 horas tuvo un 63.2% de remisión, mientras que el grupo que dormía solo 6 horas presentó un 32.6% de remisión. La remisión también ocurrió antes para el grupo que dormía 8 horas.


VIII. Sobre los trabajos con altas tasas de depresión.

Un estudio encontró que las ocupaciones con tasas mayores de depresión son aquellas que requieren contacto frecuente y/o difícil con personas. Liderando la lista se encuentran las personas que trabajan en empresas de transporte suburbano e interurbano. Le siguen de cerca los trabajadores sociales y agentes inmobiliarios.

Hay personas que no se percatan de lo que hacemos por ellas, hasta que dejamos de hacerlo

Pequeños gestos que mejoran el día a día. Grandes entregas que marcan el curso de la vida. La ayuda puede adoptar mil formas distintas. Puede ser esa persona que nos facilita la jornada, desde un discreto segundo plano, para que todo fluya mejor. O puede ser esa persona que hace un gran sacrificio con una sonrisa en los labios, sin dejar entrever el verdadero costo de lo que nos ofrece.

Todos en algún momento hemos ayudado a alguien. Y nos hemos sentido bien por ello. El desgaste emocional comienza cuando nuestra ayuda no es reconocida, cuando damos y damos, sin recibir nada a cambio, cuando los demás no se dan cuenta de todo lo que hacemos por ellos e incluso presuponen que es nuestra obligación.

Síndrome de dar por sentado”: Cuando a fuerza de ayudar, nos volvemos invisibles

A menudo, las personas caen en lo que podríamos llamar el “Síndrome de dar por sentado”, que consiste en obviar el valor de las cosas buenas en la vida. Estas personas dan por sentado que nuestra ayuda y apoyo simplemente están ahí, que tienen derecho a ello, y no lo aprecian en su justa medida.

El “Síndrome de dar por sentado” está relacionado con la capacidad de adaptación, un proceso mediante el cual las personas se acostumbran rápidamente a los entornos, las situaciones y las relaciones. En práctica, es probable que esa persona se haya sentido emocionada la primera vez que la ayudaste, y te haya agradecido ese gesto, pero luego lo asumió como algo natural, se activó el mecanismo psicológico de la desensibilización, y esa ayuda pasó de ser una novedad a convertirse en algo familiar.

Obviamente, la capacidad de adaptación es importante, sobre todo para evitar un sufrimiento innecesario provocado por cambios drásticos, pero juega en contra de las relaciones. Debemos pensar en las relaciones y en la ayuda como una planta que debe ser cuidada todos los días. Si asumimos que la planta siempre estará ahí y no necesita nuestros cuidados, un día simplemente se secará.
Cuando eso sucede, la persona se sentirá desorientada, como si de repente su estructura de apoyo se hubiera venido abajo. De hecho, eso es precisamente lo que ha pasado: a fuerza de no cuidar una relación que le aportaba auténtico valor, el vínculo se ha roto y ha perdido una importante fuente de ayuda. Solo entonces valora lo que hasta ese momento había dado por sentado. Aunque quizá es demasiado tarde.


Dar mucho y recibir poco, cansa

Dar mucho y recibir poco, agota. Aunque es importante ayudar a cambio de nada, también necesitamos recibir sin tener que pedir. De hecho, el psicólogo Adam Grant, de la Universidad de Pensilvania, explicaba que podemos imaginar las relaciones interpersonales como una línea, en uno de sus extremos se encuentra el dar y brindar ayuda, en el otro extremo se encuentra el recibir y obtener ayuda.

En algunas fases de la vida, podemos estar en un punto más cercano a uno de los extremos, como cuando debemos cuidar de una persona querida, pero en sentido general, lo ideal sería encontrarnos en un punto más intermedio, donde podemos dar sin que ello se convierta en una hemorragia energética porque también recibimos apoyo y ayuda.

Ni siquiera se trata de que la persona a quien ayudamos nos “devuelva el favor”. No se trata de un quid pro quo, sino de establecer ese profundo y muchas veces indestructible vínculo emocional basado en el agradecimiento y el reconocimiento. Al contrario, cuando ayudamos y el otro se vuelve demandante o menosprecia nuestra contribución, esa ayuda se convierte en una carga psicológica.


Ayudar también tiene límites

Ayuda a tus semejantes a levantar su carga, pero no te consideres obligado a llevársela”, recomendaba Pitágoras hace siglos. Este filósofo y matemático griego sabía que existe un límite a la entrega, el sacrificio y la ayuda; un límite más allá del cual terminamos drenados emocionalmente, sobre todo cuando las otras personas no reconocen lo que hacemos por ellas.

Siglos más tarde, los experimentos psicológicos han comprobado el consejo pitagórico. En un estudio realizado en la Universidad de Columbia Británica dieron a los participantes una suma de dinero. A la mitad les pidieron que lo gastaran en ellos mismos y a la otra mitad que lo destinaran a los demás. Al final, quienes habían gastado dinero en los otros reportaron sentirse más felices que quienes habían empleado el dinero en sí mismos. Sabemos, sin rastro de dudas, que ser compasivos y ayudar a los demás nos beneficia psicológicamente. Con ciertos límites.

La empatía, por ejemplo, puede llegar a consumirnos haciendo que adoptemos hasta tal punto el sufrimiento ajeno que descuidamos nuestros propios sentimientos y necesidades. De hecho, quienes siempre priorizan las emociones de los demás son más propensos a sufrir ansiedad o depresión. Es lo que se conoce como “fatiga de la empatía”, que afecta fundamentalmente a quienes ayudan continuamente a los demás convirtiéndose en los pilares que lo sostienen.

En otro estudio, realizado en la Northwestern University, los investigadores analizaron los efectos de la empatía en los padres de 247 adolescentes. Descubrieron que asumir una actitud empática mejoraba la relación y la felicidad de la familia, pero cuando los padres se involucraban demasiado en los problemas de sus hijos, experimentaban más estrés y se disparaban los marcadores de inflamación crónica. Esto significa que llevar la carga de alguien, sin poder decicir ni actuar en su lugar, incrementa nuestra carga psicológica y fisiológica, dejándonos más vulnerables.


¿Qué enseñanzas prácticas podemos extraer?

1. Desarrolla una preocupación empática. Existen diferentes tipos de empatía, hay una empatía que te atrapa dentro del sufrimiento ajeno y otra que te permite conectar pero gestionando ese malestar, de manera que los problemas de los demás no te arrastren. Recuerda que por mucho que puedas ayudar, las decisiones finales nunca estarán en tus manos y, por ende, tu implicación emocional también debe limitarse a lo que puedes hacer.

2. No te extralimites ayudando. A veces la ayuda, aunque bien intencionada, puede hacer daño generando actitudes egocéntricas, demandantes o dependientes en el otro. Por eso, la ayuda siempre debe ser dosificada, pensada para que el otro crezca, no para que se produzca una dependencia.

3. No te pierdas. La filósofa Ayn Rand sostenía que si queremos desarrollar una buena salud mental, debemos cultivar el egoísmo racional, que no es más que ocuparnos de satisfacer nuestras necesidades e intereses ya que en muchas ocasiones los relegamos a un segundo o tercer plano, para terminar sufriendo las consecuencias.

Cómo combatir la ansiedad por separación de pareja: 3 claves

Con la ruptura de pareja llegan problemas para los que difícilmente se está preparado.


Es una realidad que los divorcios y las rupturas de pareja cada vez son más comunes. Mientras que hace unas décadas tanto la presión social como la pretensión de que las relaciones románticas durasen de manera indefinida hacían que la idea de separarse no fuese atractiva, hoy los costes asociados a ir por caminos separados son mucho menores, y las ventajas cada vez son más.

Y es que con la liberalización de los vínculos afectivos llegan nuevas opciones a la hora de afrontar el futuro de manera individual y unilateral, pero este hecho no está exento de problemas. La ansiedad producida por la separación es una de ellas. A fin de cuentas, por mucho que poner fin a una relación sea cada vez menos raro, en la mayoría de los casos no deja de ser una experiencia ansiógena y desagradable, a veces incluso traumática.

Ahora bien… ¿cómo lidiar con todas esas sensaciones negativas cuando una historia construida en común se desvanece? Veamos algunas claves que ayudan a gestionar adecuadamente las emociones en estos casos.

Cómo lidiar con la ansiedad por separación: la otra cara de la ruptura
Allí donde ha existido una relación de pareja sentida de manera honesta que llega a su fin, se recibe un mazazo emocional. Con la ruptura llega un verdadero cambio de paradigma tanto en lo físico como en lo psicológico. Por ejemplo, cuando pasamos por una experiencia así cambia el modo en el que nos percibimos a nosotros mismos, pero también cambian nuestras rutinas, incluyendo los lugares físicos por los que acostumbramos a movernos.

Ahora bien, el hecho de que casi con total seguridad la separación nos afectará emocionalmente no quiere decir que tengamos que resignarnos a sufrir de cualquier manera, renunciando a la posibilidad de regular esas emociones de la manera más adecuada posible. A continuación encontrarás varios consejos y reflexiones que pueden serte útiles para combatir la ansiedad por ruptura de pareja.

1. Mentalízate: no existe la media naranja
Buena parte del sufrimiento que produce la separación se debe simplemente a que por cuestiones culturales seguimos teniendo unas expectativas muy elevadas acerca de lo que deben ser las relaciones basadas en el amor romántico.

La idea de que los miembros de la pareja están predestinados a encontrarse y de que al unirse forman una especie de unidad inseparable procede del pensamiento mágico tradicionalmente ligado a la religión y, si bien en ciertos contextos podía resultar útil (momentos y lugares en los que no contar con una familia unida fuertemente que proporcionase estabilidad podía suponer la muerte), hoy ha perdido todo su sentido en buena parte del mundo.

Por eso, es bueno pensar que mientras durase fuese muy importante para nosotros, el universo no gira alrededor de una relación de pareja que se ha terminado. Por consiguiente, el mundo sigue teniendo sentido a pesar de que esa persona ya no esté a nuestro lado.

2. Nadie es indispensable para ser feliz
¿Conoces la falacia de petición de principio? Se trata de un error de razonamiento según el cual se llega a una conclusión a partir de unas premisas en las que la conclusión ya está implícita. Por ejemplo: la mente y el cuerpo forman parte del ser humano, así que la mente y el cuerpo son dos cosas diferentes.

Cuando las rupturas de pareja se dan, las personas que están pasando por el proceso de duelo originado por la ausencia del otro acostumbran a caer en una falacia de petición de principio, aunque esta vez dirigida hacia las emociones.

Este razonamiento suele ser el siguiente: esa persona que me daba la felicidad ha desaparecido, así que ya no puedo ser feliz. Visto de manera superficial, este razonamiento parece tener sentido, pero si lo examinamos con algo más de profundidad, nos damos cuenta de que en la premisa se da por supuesto algo muy discutible: que la felicidad era dada por esa persona, como si fuese una fuente de vitalidad.

El error consigue en creerse afirmaciones tan categóricas basadas en emociones y sensaciones propias de una etapa de inestabilidad emocional como lo es la ruptura. En esos momentos, nuestra percepción de las cosas está tan alterada que nos hace capaces de creer que la verdad sobre nuestra vida ha sido revelada tras años de permanecer oculta en las sombras. La creencia en esta clase de pensamientos catastrofistas causa mucha ansiedad, pero no debemos dejar que esas ideas nos venzan.

3. Muévete de un modo diferente
Con la ruptura llega el cambio, eso es innegable. Uno no puede separarse de su pareja y actuar como si todo siguiese igual. Más que nada, porque ante esas circunstancias, como no tendremos la posibilidad de seguir haciendo nuestras vidas tal y como lo hacíamos, a la práctica lo que haremos será no actuar en absoluto. Adoptar una actitud totalmente pasiva, no hacer nada, y dejar que la tristeza, la ansiedad y los pensamientos intrusivos nos carcoman.

Por eso, hay que ser coherentes con la situación y cambiar de hábitos. Abrazar el cambio consiste en buscarse nuevas aficiones, conocer otra gente y moverse por otros lugares. El cambio de rutina hará más difícil volver a caer en ese círculo vicioso de pensamientos obsesivos propios de la rumiación.

Mi novia/o me dejó: 5 consejos para superar la ruptura unilateral

Al sufrimiento de la ruptura se le añade el malestar por no entender lo ocurrido. ¿Qué hacer?


Mi novia me dejó, ¿qué puedo hacer para volver a sentirme bien? Mi novio ha terminado con nuestra relación, ¿cómo puedo superarlo? Estas son preocupaciones típicas ante las rupturas unilaterales de pareja, y lo cierto es que es relativamente normal que muchas personas se obsesionen durante un tiempo con esta clase de problemas. El fin del idilio suele ser doloroso, y si además ha ocurrido a partir de una decisión unilateral, acostumbra a serlo más.

Sin embargo, ninguna época de tristeza y de crisis emocional tiene por qué durar indefinidamente, y por muy mal que estemos hay mucho que podemos hacer para sentirnos mejor y llegar a superar ese duro golpe. Puede que otra persona haya decidido terminar con algo compartido, pero sobre nuestro bienestar psicológico toda la legitimidad para cambiar a mejor y sentirse bien la tiene uno mismo.

Consejos a seguir si tu novio o novia te ha dejado
Es cierto que sobre amor no existen grandes leyes naturales que se cumplan en el 100% de los casos, pero lo más frecuente es que las rupturas de pareja unilaterales sean muy dolorosas. En estos casos, hay que procurar no quedarse estancado en esa etapa de crisis, para que la tristeza no se quede siempre ahí impidiendo que vivamos la vida con normalidad. A continuación encontrarás varios consejos útiles si tu novia/a te ha dejado y sientes un gran malestar.

1. Resérvate tiempo para asimilarlo
Hay personas que creen que superarán mejor la ruptura si hacen ver como que no ha ocurrido, lo cual les lleva a intentar hacer exactamente lo mismo que llevaban haciendo siempre, como si no les hubiese afectado lo ocurrido. Esto es un error. Si vives con la obsesión de “mi novia me ha dejado”, “ mi novio ya no volverá, o similares, no tine sentido imponerse a uno mismo una fachada tan artificial.

Por eso, es necesario dedicar al menos unos minutos al día a afrontar la ruptura y aceptar su existencia. Sí, esto es algo doloroso, y es muy posible que se pase por momentos de llanto. Sin embargo, al menos en las primeras fases del proceso de superación de la ruptura, es bueno exponerse a esto.

2. Entiende que buscas una meta a largo plazo
Salir de tu zona de confort es imprescindible, y esto implica aceptar que tendrás que pasar momentos incómodos por un bien superior: volver a la normalidad en las próximas semanas y meses, y no permitir que tu malestar y tristeza se cronifique.

Por otro lado, entender que lo que hagas en el presente deberá entrar en la lógica de ese proceso de mejora a medio o largo plazo significa que la salud mental de uno mismo es lo primero, y por eso la relación con la expareja debe supeditarse a lo que en cada caso creamos que es más útil para nosotros. No deben existir sentimientos de culpabilidad por querer no tener contacto con él o ella.

3. Examina tus creencias de culpabilidad
Cuando a alguien le deja su pareja, es muy común que empiece a tener sentimientos de culpabilidad, aunque aparezcan a partir de creencias totalmente irracionales. Esto hace que aparezcan pensamientos intrusivos referidos a aquellas situaciones que según uno mismo han propiciado que el novio o la novia haya puesto fin a la relación.

Es cierto que posiblemente buena parte de lo que ha llevado a la otra persona a cortar con nosotros tenga que ver con cosas que hemos hecho, pero hay que tener presente dos cosas.

En primer lugar, no todo lo que lleva a la ruptura y haya sido producto de nuestras acciones es algo por lo que avergonzarse ni pedir perdón. Por ejemplo, las incompatibilidades en cuanto a prioridades o personalidad no pueden ser culpa ni de una de las partes ni de la otra. No hay un tipo de persona a la que debamos parecernos para mantener la buena salud de la relación de pareja.

En segundo lugar, incluso en aquello que puede ser considerado moralmente incorrecto y que haya entristecido o enfadado a la ex pareja, puede servir como lección para mejorar en el futuro. Sobre el pasado no se tiene poder, pero sí sobre el presente y el futuro. Hacer que esa experiencia sirva para aprender es la mejor manera de progresar y hacer que la autoestima no se resienta indefinidamente por lo ocurrido.

4. Busca creencias irracionales
Con eventos tan importantes como la ruptura, es muy fácil que, sin que nos demos cuenta, se cuelen en nuestro sistema de creencias varias ideas totalmente irracionales acerca de quiénes somos y qué hemos hecho. Normalmente estas ideas son muy pesimistas o tienen un sesgo que nos lleva a concentrar toda nuestra atención en aquello que percibimos como debilidades de uno mismo. Por eso, es necesario reflexionar e ir destapando poco a poco esas creencias sin fundamento.

5. Que no te dé miedo acudir a terapia
En algunos casos, el esfuerzo de uno mismo no es suficiente para asimilar la ruptura y volver a vivir sin estar permanentemente instalado en la tristeza. En este caso, lo que sí puedes hacer por ti es rechazar la idea de que si vas a psicoterapia por el apoyo psicológico que esta te puede proporcionar eso será síntoma de debilidad. Es totalmente comprensible que, si alguien querido nos deja, tengamos dificultades para volver a estar bien; a fin de cuentas, es un proceso de duelo