LA PAREJA NO QUIERE IR AL PSICÓLOGO (U OTRO FAMILIAR)

Hay que explicarle que nos parece lo mejor que asista a consulta porque lo vemos que lo pasa mal, que sufre y que tiene que recibir ayuda de un especialista. Le recordamos con ejemplos, las pruebas que tenemos de que lo pasa mal, como por ejemplo: lloras, tienes crisis de ansiedad, no estudias, estás triste, tienes discusiones frecuentes, etc.

Porque lo hablemos una sola vez, es probable que no se decida a acudir a consulta. Habrá que hablarlo en varias ocasiones, de manera tranquila, sin recriminaciones ni culpas, ni exigirle. Puede ser un buen momento cuando esté más tranquilo.

También es oportuno que hable con él una persona de confianza, al cual preste atención y sienta que realmente le está proporcionando el consejo bien intencionado de consultar con un especialista.

Le explicamos que estamos preocupados por él, como familiar o amigo, y que lo único que queremos es ayudarle a que se sienta bien, a solucionar su problema. Y que ese problema influye en nosotros también por que le queremos y apreciamos. El psicólogo clínico orientará tanto al paciente, como a los familiares para que comprendan el problema, y adopten pautas para ayudar y colaborar en la terapia de su amigo/familiar si fuese necesario.

Puede probar, acudir a una consulta, explicar lo que siente y piensa, escuchar la recomendación del psicólogo, y comprobar que tal se siente, y si hay problemas, cuales son las soluciones propuestas. No se pierde nada grave por asistir a una sesión.

Cuando se asiste a psicoterapia, lo más difícil es dar el primer paso y decidirse. Una vez que se va, muchas dudas, prejuicios y creencias erróneas se deshacen.

La mayoría de los pacientes que acuden al psicólogo tienen problemas emocionales, es decir, no se sienten bien, están deprimidos y/o ansiosos, o se sienten incapaces de afrontar sus metas o problemas, algunos tienen baja autoestima, o han sufrido hechos duros como: una muerte de alguien, un problema de salud, un revés económico, un fracaso o dificultad en los estudios, en lo amoroso, en el trabajo, o con los amigos, etc. que no saben cómo manejar. La buena noticia es que son personas normales, que por diferentes circunstancias han aprendido a sentirse mal, y se les puede enseñar a pensar y actuar para que se sientan mejor, más estables.

Se les puede poner como ejemplo o modelo a alguien que también se sentía mal y que acabó superándolo gracias a la ayuda de un psicólogo. Y siempre darle la libertad de decidir si acude o no, a qué profesional, en qué sitio y sobre todo cuándo hacerlo. Se puede intentar llegar a un acuerdo con el posible paciente sobre el tiempo y condiciones para acudir al profesional. En el caso de menores de edad, es lícito llevarlos a la consulta porque sus tutores legales así lo decidan.

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