La investigación en sexología

No siempre es fácil investigar en sexología. Para investigar, ya sea una problemática relacionada a la sexualidad o el resultado de una forma de terapia frente a esa problemática sexual, debemos preguntar en detalle. Preguntar en detalles una sintomatología cardíaca o renal suele no tener para el sujeto investigado la misma implicancia que tiene preguntar acerca de las relaciones sexuales, su desempeño y sus problemas. Preguntar acerca del orgasmo, de la forma cómo se acaricia una persona o una pareja genitalmente, del tiempo que tarda un varón en eyacular, preguntar acerca de las posiciones en el coito con las que eyacula menos rápido o con las que siente más placer, o con las que pierde la erección, o alcanza el orgasmo, etc., requiere hablar de cosas muy íntimas. Requiere vencer la vergüenza de tratar esos temas tabú, de desarrollar una confianza estable con el terapeuta, de poder aceptar su sexualidad como algo natural y no malo y de tomar conciencia de que debería poder hablar de su aparato genital con la misma naturalidad con que hablaría de su aparato cardiológico o gastrointestinal. Que así, como no tiene vergüenza de contar un episodio de descompostura intestinal o malestares de variados tipos, no debiera tenerla tampoco para hablar de lo que le ocurre con su sexualidad. El aparato genital es como cualquier otro aparato del cuerpo humano, solo que referirse a él ha tenido y sigue teniendo “mala prensa”. Contar que uno tose y escupe una flema de un determinado color no tiene la misma repercusión emocional que contar que se tiene un flujo vaginal de tales características. Puede parecer esto como demasiado obvio, pero esa forma de verlo (muy común) es otra de las maneras que tenemos, hasta los mismos profesionales, de negar estos temas. Esta forma de negarlos o de darlos como sobreentendidos y disminuir su importancia emocional es parte de lo que luego lleva a hacer pocas preguntas en el consultorio y a realizar investigaciones superficiales basadas solo en encuestas anónimas, y no tanto en aquellas por lo que tanto se preocupó Alfred Kinsey: preguntar a la gente cara a cara acerca de su sexualidad y de su genitalidad. Recuerdo que hace años estaba yo haciendo un programa televisivo en Argentina, dos veces por semana en horas del mediodía. Se hablaba de problemas sexuales y su forma de abordaje. Si bien es cierto que el programa tenía buen ratingy muchos televidentes solían felicitarme, muy a menudo recibía cartas amenazadoras y agraviantes por tratar “temas tan sucios y repugnantes en horas del almuerzo”.

Así como un paciente no se siente avergonzado de contarle al médico que tuvo un episodio bronquial o una arritmia, etc., tampoco debe sentir vergüenza de hablar acerca de su orgasmo, de su falta de erección, de la imposibilidad de alcanzar la penetración en una relación coital o de su falta de deseo. Debería sentirlo tan natural hasta el punto de que pueda tratar sin restricciones con otra persona (su terapeuta sexual) lo que hace con su cuerpo y su genitalidad. Las investigaciones que se realizan cara a cara tienen el inconveniente de no encontrar demasiados sujetos (participantes) disponibles. Las que se hacen con respuestas anónimas (p.ej., encuestas re-partidas en alguna institución, etc.), sabemos que tienen el gran sesgo correspondiente a la diferencia de las personas que responden frente a las que no responden la encuesta. Un ejemplo de esto es El Informe Hite: estudio de la sexualidad femenina, publicado por primera vez en 1976, del cual no se pueden generalizar los resultados. El Informe Hite (Hite, 2002) nos aportó conocimientos importantes acerca del ejercicio de la sexualidad, pero no fue metodológicamente bien diseñado, al comenzar por la muestra. Tratar de unificar casos con el mismo tipo de terapia, extraídos de consultorios y de terapeutas sexuales que quieran colaborar en la investigación, no deja de ser una tarea complicada. A diferencia de otros problemas psicológicos, los problemas sexuales en la mayor parte de los casos implican a dos personas, aunque muchas veces suela estar una sola en tratamiento. La influencia positiva o negativa del partenaire, a menudo, los terapeutas e investigadores no pueden controlar ni manejar. Aquí no podemos aislar al paciente de su pareja (aunque no la conozcamos) y las problemáticas son más importantes cuando esas parejas son ocasionales y no contamos con información para predecir sus reacciones, que estarían en muchos casos funcionando como refuerzos de sus conductas (frecuentemente de conductas negativas para su problemática). Poder unificar el material de la muestra de una investigación sexológica en la que están involucrados problemas psicológicos, no es tarea sencilla. Tampoco es sencillo lograr una muestra aleatoria, porque los casos que se consiguen son pocos. No se pueden tomar datos de una población, aleatorizar una muestra y salir a preguntar a esos sujetos, que no conocemos ni nos conocen, acerca de su sexualidad. Podríamos trabajar con datos tomados de los consultorios, pero los sexólogos clínicos no están acostumbrados a tomar notas objetivas de sus observaciones y a recabar datos de la forma correcta para que puedan ser utilizados en una investigación científica. Casi siempre se usa, entonces, una muestra de conveniencia. Difiere mucho la sexología que trabaja con problemáticas de causas psicológicas, de la sexología médica. Esta ha podido trabajar más con la evidencia. La sexología médica ha desarrollado y estudiado con mayor profundidad los resultados de sus terapias, al trabajar con casos donde las disfunciones se deben a causas físicas y no psicológicas. Los pacientes, al saber que sus problemas sexuales se deben a algo físico, se sienten menos avergonzados y ofrecen más datos. Además, casi todos los sexólogos que trabajan en la sexología médica son urólogos o ginecólogos y la Medicina ofrece mucha mejor imagen que la sexología. Si partimos de las investigaciones de Kinsey antes mencionadas, nos encontramos con una cuidadosa metodología con un gran entrenamiento de sus entrevistadores, a fin de focalizarse en los temas de las entrevistas de manera uniforme, lo que dio como resultado importante el conocimiento en detalle del ejercicio de la sexualidad humana. Luego, 20 años después, Masters y Johnson estudiaron las problemáticas relacionadas con ese ejercicio y trataron de solucionarlas.

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