SEXO PARA PERSONAS CON ALGUNA LIMITACIÓN

Antonio, en su silla de ruedas, sostiene sobre sus rodillas a Estel, una de las acompañantes sexuales que colabora con el colectivo Tandem Team. MIQUEL TAVERNA Atender a las necesidades de las personas con discapacidad es algo natural en el seno de las familias y de las sociedades modernas. Garantizar que tengan cubiertas sus necesidades no sorprende a nadie. Ayuda para vestirse, asearse, salir a pasear, llegar al centro ocupacional o comer son de lo más normal. Pero la cosa cambia cuando las necesidades al descubierto son de carácter sexual. ¿Cómo se responde al deseo sexual de los discapacitados? “Los médicos me han tratado únicamente a nivel físico, nunca me preguntaban cómo estaba a nivel emocional y mucho menos sexual”. Así resume Antonio Castillejo (44 años) toda una vida luchando contra la distrofia muscular degenerativa, una enfermedad que le fue limitando desde la niñez y que a los 30 años lo dejó atado a una silla de ruedas, aunque no acabó con su deseo sexual. “Hasta los 18 años mi vida sexual había sido inexistente y a partir de ahí mi deseo era incontrolable, La única salida que me quedó fue la prostitución”, cuenta sin sonrojarse. “Yo era muy tímido, me costaba abrirme a los demás y me lo llegué a creer. Pensé que jamás iba a quererme nadie”, relata Antonio, que reconoce que jamás ha tenido “pareja estable” y asegura que la prostitución “no es una cosa que te plantees de salida. Me hubiera gustado que las cosas fueran de otra manera, haber conocido a una persona…”, reflexiona. Su discapacidad no solo le impedía una vida sexual plena, sino que, en su caso, le dificultó las relaciones sociales hasta el punto de pasar amplios periodos de su juventud recluido en casa. Cuando bajar a la calle con la silla le provocaba “miedo”. Entre los 18 y los 28 años, este discapacitado fue usuario frecuente de los servicios de prostitución, una década que él mismo califica como “frustrante”. “Era un mero desahogo sexual, unas dos veces al mes, pero el sexo sin afectividad ni emotividad te va creando un vacío”, admite. Cuando en 2007 se queda definitivamente anclado a su silla de ruedas, “los contactos con prostitutas son a domicilio y muy esporádicos”, momento en el que pasa por otra época de reclusión. Descubre la terapia sexual Cuando en 2010 recupera su vida normal e intenta integrar la silla de ruedas en su día a día, Antonio retoma sus contactos sexuales “esporádicos”. Y así hasta que en 2014 descubre por internet a Tandem Team, una ONG especializada en la atención a la sexualidad en la discapacidad. “No sabía de qué iban, si era prostitución especializada para discapacitados”, explica. Y probó. “Lo cambió todo”, resume de su experiencia. “Hay una transferencia a nivel emocional desde ellas hacia ti, que es lo que lo diferencia. La prostitución es un servicio, algo que te dan y que dura lo que dura”, dice. “Las citas (con las acompañantes sexuales) pueden desembocar o no en un encuentro sexual”, aclara Antonio, que destaca las “caricias, besos y la afectividad” que hay en esas quedadas. Pero lo cierto es que el acompañamiento íntimo no está carente de polémica. Principalmente porque en el mismo hay -la mayor parte de las veces- una contraprestación económica. “Todos tenemos una sexualidad única e irrepetible, sea la que sea, y hay que ampliar la mirada”, argumenta el presidente de Tandem Team, Francesc Granja, autor del libro El hombre que aprendió a vibrar, donde narra el redescubrimiento de su propia sexualidad tras sufrir un accidente de tráfico. “Ves que la sexualidad no está, porque no tienes erecciones y te autodescartas”, recuerda de los primeros malos momentos. Luego, explica, “conocí a una mujer que me descubrió que cada gesto es el fin en sí mismo, que no hay que cumplir, no hay que llegar al orgasmo… no hay finalidad, cada manifestacion es en sí misma sexual y erótica”. Ese es el germen de su iniciativa del acompañamiento íntimo y erótico. “Buscamos una sexualidad abierta e inclusiva, no solo genital”, aclara. “Para algunas personas los preliminares lo son todo”. Pero a pesar de su decálogo, no puede, por menos, que tener que aclarar qué pasa con la contraprestación económica y detenerse en la polémica de si el acompañamiento íntimo a discapacitados es o no prostitución: “Nosotros no estamos en contra de la contraprestación, pero somos solo mediadores entre el acompañante y el discapacitado, les ponemos en contacto tras un estudio de nuestros psicólogos y el resto es un contrato privado. Puede haber contraprestación económica o no, ellos deciden”, explica el presidente de Tandem cuando detalla cómo se fragua el encuentro entre las partes. Siete “encuentros” Una de esas partes es Estel (nombre ficticio), una de las terapeutas que colaboran con Tandem y que en la imagen aparece de espaldas para preservar su intimidad. “Me enamoró el proyecto de los derechos sexuales de los discapacitados cuando entré en contacto con ellos”, cuenta esta profesional que tiene un trabajo estable, de alta capacitación y vinculado al mundo de la discapacidad. Esta acompañante, que se sumó al proyecto hace seis meses (después de su divorcio), ha mantenido “encuentros” con siete usuarios, entre ellos una persona con autismo profundo, un síndrome de Asperger, una persona con sordera adquirida, un enfermo mental…. “Son episodios variados. No sabes lo que te vas a encontrar. Hay componentes orgánicos de medicación, de ausencia de erecciones, personas vírgenes, desentrenados… Es una dinámica única y yo me convierto en su mundo en ese momento”, explica. “Quiero entregar el amor que tengo guardado a estas personas porque tienen carencias afectivas importantes”, resume. A la pregunta sobre si se siente una prostituta, aclara: “La experiencia es muy enriquecedora a nivel personal y profesional. No me hace daño que lo digan, para mí no es prostitución. Entiendo perfectamente que no lo es. Si no tuviera la profesión que tengo ni las habilidades profesionales, no podría hacerlo”, explica. “El intercambio económico es simbólico. Todas las acompañantes vivimos de otra cosa. La tarifa es muy inferior al servicio profesional, te cubre el desplazamiento hasta donde ellos están”, matiza Estel, que cuenta que los “encuentros” no están exentos de “dificultades” por las patologías que arrastran los discapacitados. Aunque le cuesta dar una cifra, admite que la horquilla de lo que percibe oscila entre los 40 y 60 euros. “Aunque hay quien no me ha dado nada, por error o desconocimiento”. Y el tiempo del encuentro también es aproximado: “He llegado a pasar el día entero, me han invitado a comer y hemos estado horas charlando”, cuenta. Aunque lo habitual es que no sea de menos de 90 minutos. Uno de los casos que relata es el de un hombre autista profundo con el que mantuvo un encuentro gestionado por los profesionales del centro al que acude esta persona. “No verbalizaba nada, se estaba quieto y receptivo, su mensaje era: tócame, que yo me dejo”. recuerda. Aunque admite que inició la cita con miedo, “ya que los autistas no se dejan tocar, no sabía cómo iba a reaccionar esta persona”. Y hasta la fecha el balance es muy positivo: “Me he sentido respetada y no me ha pasado nada desagradable. Hago una lectura de lo que el otro necesita y en esa medida entrego. Si hay genitalidad, perfecto, si no la hay, no pasa nada. Es un tiempo de besos, acaricias y afectos compartidos”, zanja. De la misma opinión es la sexóloga y psicóloga clínica Carmen Bermejo Romero, quien no duda en hablar abiertamente sobre el acompañamiento íntimo. “Es una buena alternativa para quienes no tienen pareja. Se requieren personas que, tras capacitarse, puedan transmitir contacto sexual, afectivo y erótico. En Suiza está considerado como terapia”, explica. En EE UU, también es una práctica normalizada que ha sido llevada incluso al cine con notable éxito en películas como Las sesiones (2012), con John Howkes y Helent Hunt. Sobre si este acompañamiento es o no prostitución, Bermejo señala: “No lo veo como tal. La formación, predisposición positiva y delicadeza que tienen que transmitir los acompañantes íntimos no sería equiparable a esa figura…”, explica la sexóloga.

SUICIDARME

Terapia. A veces la única manera de encontrarnos a nosotros mismos, es la terapia. Saber y aceptar que necesitas terapia es crucial para tu salud mental. Que vayas a terapia no significa que estés “loco”, por el contrario, debes entender que todos, en algún punto de la vida, necesitamos alguien con quien hablar y que nos ayude a comprender cuál es el camino. No me lo tomes a mal, esto no significa que vas a ir donde un analista o psicólogo y que “mágicamente” las soluciones van a venir a tu vida (o que el terapeuta te va a dar las soluciones en una pastilla, o en la primera sesión). No, no funciona de esta manera. Pero al menos vas a encontrar un apoyo, y alguien que NO te juzga (porque es su trabajo el aceptarte como eres). Así será mucho más sencillo que puedas “encontrarte” a ti mismo y tendrás el “permiso” de ser quien eres.

Apoyo: Mi familia nunca se enteró de lo que me sucedía (¿Tal vez en tu caso es diferente? En retrospectiva, me hubiese gustado que lo supieran, pero para ellos la depresión, el suicidio y otros son temas tabú y no quería ponerlos en esa posición). Ellos nunca supieron acerca de mi depresión (aunque pienso que sospechaban). Ahora, de mis ideas acerca del suicidio NUNCA. A excepción de mi expareja y mi doctor de aquella época, quienes eran los únicos que sabían al respecto. No estoy orgullosa de la manera en como se enteraron, pero, así es como sucedió, y no vale la pena contarlo (por ahora). La cosa es que a pesar de que mi ex pareja buscaba ayudarme (al igual que mi doctor), ellos no eran las personas adecuadas. Así que, lo que necesitas es alguien que comprenda, que no se asuste facilmente y que decida (así sea a regañadientes), hacerce “cargo” de ti. Es complicado de explicar, pero el hecho ACEPTAR que NO ERES CAPAZ de pensar claramente, y que necesitas alguien más haga esto por ti, Y PERMITAS QUE TE AYUDEN, te quitará un gran peso de encima. Si no puedes contar con tu familia, busca amigos. Probablemente ellos son el apoyo que necesitas.

Un descanso de esa vida asfixiante que te abruma. ¿Puedes tomarte unos días libres para ti? Digo, ¿tienes trabajo? ¿Estudias? ¿Puedes tomarte al menos un fin de semana para ti mismo, tu solo en algún lugar? Si no es así, preguntate ¿por qué no puedes? ¿Es que no puedes o no quieres? ¿Es que te cuesta dejar aquello que estás haciendo? ¿Tienes mucha responsabilidad? ¿Eres la única/único que mantiene a tu familia? Si es así, tienes otro gran problema. No necesariamente porque no puedes tomarte un descanso, sino porque piensas que no puedes, o que no lo mereces. Apenas te decidas, y por tu propia salud mental, tómate un descanso de ser tú (esa persona a la que quieres matar), y ve al paso siguiente.

Pensar. Esta es la parte más difícil de todas. ¿Qué es lo que NO te gusta de tu vida? ¿Qué es lo que harías si tuvieras recursos ilimitados (por ejemplo un millón de dólares)? ¿Estás listo para dejar de sentir pena por ti mismo y aceptar que el poder de cambio está en tus manos? Si es así, ve al siguiente paso.

Información. La información es la clave. Necesitas entender lo que te sucede y lo necesitas ahora. Lee sobre tu situación, porque solo así te darás cuenta de que no eres el único, no estás solo, no es el fin del mundo. Conoce a tu enemigo (en este caso los pensamientos suicidas). Esa es incluso me parece que una táctica para la guerra, así que deja de tenerle miedo y enfréntalo

Un Propósito. NO el que los demás te han dado, definitivamente NO lo que otros piensan que es correcto para tu vida, sino el que tú quieres para ella. Busca hasta encontrar aquello que amas. Y deja atrás aquello que ya no amas. Ahí está la clave.

Escribir. Escribir ayuda muchísimo cuando buscamos controlar los pensamientos suicidas o cuando queremos al menos intentar hacerlo. Escribir es catártico, así que podemos intentarlo y dejar de un lado los pensamientos acerca de suicidio, tranquilos en un pedazo de papel (por supuesto que es mejor si un terapeuta calificado o profesional de la salud nos lo recomienda). En todo caso, la escritura, al igual que el hablar con alguien de lo que nos sucede, ayuda a que los pensamientos “malos” sean más manejables.

Datos Interesantes:

Shrira, I. & Foster, J. (2009) The occupation with the highest suicide rate (La ocupación con la más alta tasa de suicidio). Psychology Today. Recuperado de: https://www.psychologytoday.com/blog/the-narcissus-in-all-us/200908/the-occupation-the-highest-suicide-rate


Sobre Verónika Decide Morir (también hay una película, en caso de que no quieras leer el libro.
Freire, E. (2014). Universidad de la República, Uruguay. El bullying y su relación con el suicidio adolescente.
Si buscas ayudar a alguien que pasa por esta situación, tal vez te sirva este artículo: Por qué las personas quieren morir?, el suicidio y sus causas (https://www.conociendotumente.com/salud-y-bienestar/depresion/por-que-las-personas-quieren-morir-el-suicidio-y-sus-causas/)

MI PAREJA ADICTO AL SEXO

La adicción al sexo se ha conocido con el término estigmatizado de “ninfomanía” en el caso femenino o “satiriasis” en el masculino, incluso como “donjuanismo“, dándole una connotación terriblemente romántica, alabada por nuestra cultura. Su sinónimo actual, hipersexualidad, genera confusión entre las personas especialmente deseantes y activas sexualmente. Esta enfermedad, señalada como un vicio, aunque habitualmente normalizado y potenciado en el género masculino, se banaliza o critica al mismo tiempo que se contribuye a su adicción en muchas ocasiones. Nuestra sociedad actual está sexualizada, por suerte, e hipersexualizada, por desgracia en muchos sentidos, pues el mensaje “sexo como solución para todo” está a la orden del día y puede contribuir a este tipo de adicción.Tras la polémica de los últimos años sobre si la pornografía producía daño cerebral o no, con diversos estudios contradictorios, nos cuestionamos: ¿Son los estímulos los generadores de la adicción o son las características personales y el inadecuado uso de los mismos la que construyen la misma? Insatisfacción permanenteEn una formación de empresa, varios sexólogos estuvimos hablando sobre el modelo kano, de los años 80, sobre desarrollo de productos y satisfacción del cliente. Aunque resulte sorprendente, este modelo me conectó con la adicción al sexo. Sugiere no sólo cubrir los requisitos básicos esperados por el cliente sino conseguir a su vez que se sienta satisfecho, lo que no va unido necesariamente. Y esto mismo sucede con las adicciones, incluidas las sexuales. Que aunque se consiga el objeto de deseo, tener un buen funcionamiento y rendimiento, alcanzar orgasmos o disfrutar sexualmente, la persona no queda satisfecha.Esa insatisfacción constante, le encierra en un bucle de búsqueda incansable por conseguirlo y librarse del malestar que le genera su situación. Que elija la sexualidad es comprensible, pues su refuerzo positivo de placer inmediato es evidente aunque, a los pocos minutos, la persona adicta vuelva a sentirse vacía.¿Tengo una adicción sexual si mi deseo es muy elevado?No, esta confusión es bastante habitual pues, en determinadas clasificaciones diagnósticas psiquiátricas, se denomina hipersexualidad, lo que genera bastante confusión sobre esta adicción. Además, ¿cómo determinar si se tiene un excesivo deseo sexual? Y sobre todo, ¿con quién nos comparamos? Un alto deseo sexual nunca debe entenderse como adicción al sexo. Que éste sea más elevado que el de su pareja, incluso que dedique mucho tiempo a su sexualidad y satisfacer su deseo, incluso sus momentos de ocio, no implica una adicción. Ana Yáñez, psicóloga y sexóloga con amplia experiencia en el tratamiento de adicciones sexuales, lo define como “una pérdida de control y dependencia de la conducta adictiva, junto con la aparición del síndrome de abstinencia cuando la persona deja de realizarla. Se manifiestan recurrentes fantasías sexuales a modo de pensamientos obsesivos y un irrefrenable deseo sexual que las conductas impulsivas intentan, sin éxito, saciar. La persona vive por y para su adicción, siendo el sexo un comportamiento autodestructivo”. Por tanto, suele afectar a todas las áreas de su vida, laboral, familiar, pareja e incluso a su salud. Perfil de la persona adicta. Aunque no se conozca exactamente el origen de este tipo de adicción, apunta Yáñez, sí pueden influir algunas dimensiones de la personalidad, ciertos antecedentes en la infancia, como abusos o traumas sexuales, rechazos afectivo-eróticos en la adolescencia o diversos elementos situacionales en la vida de la persona, como la soledad, vacíos existenciales o una relación de pareja insatisfactoria. El perfil de la persona adicta al sexo presenta un trastorno de tipo obsesivo que afecta sobretodo a hombres, por una cuestión educacional y cultural. Aumenta con la falta de satisfacción sexual y va unida a la ansiedad y la depresión, donde se confunde el amor con el éxtasis sexual, sintiendo el sexo como la única vía para conseguir gratificación personal y afectiva. La percepción del sexo es mecánica, como una cadena de penetración-orgasmo, sin la existencia de preliminares, afecto o ternura. Considerando a las personas sólo en función de su sexo y viviendo la vida sexual en secreto y con culpa. “Se concibe el sexo como una forma de solucionar todos los problemas, aliviarse del malestar, aunque se contradiga su propio deseo”, afirma la experta. Soy adicto al sexo. En las redes podemos encontrar numerosos casos de celebrities como Ozzy Osbourne o David Duchovny, que no sólo lo han hecho público sino también han reconocido la problemática que conlleva asociada y la necesidad de ponerse en tratamiento, dando ejemplo y sin normalizar este tipo de adicción. Russel Brand contó sus aficiones y adicciones, algunas casi envidiables como el harén del que disponía en su propia biografía. Destapó numerosos detalles, incluso cómo se inició y su experiencia en la rehabilitación. En ocasiones, que existan personajes famosos que salen del anonimato de su adicción sexual resulta muy positivo. En otras, se generan modelos a seguir, pues el sexo “mola”.Otros famosos como Tiger Woods, Michael Douglas y Martin Sheen han sido noticia por diferentes incidentes relacionados con su declarada adicción sexual, sin embargo, muy pocas mujeres han reconocido sufrirla. Se calcula que un 6% de la población padece esta adicción y un 2% son mujeres. Aunque siempre es más habitual que una mujer no se declare adicta por cuestiones culturales y miedo a ser perjudicada por ello.El novio de Lindsey Lohan, por ejemplo, la catalogó de adicta sexual y Sharon Stone reconoció ser muy activa sexualmente, lo que no las convierte en adictas, por supuesto. Sin embargo, se suelen encontrar en las listas de famosos adictos al sexo, incomprensiblemente. ¿Se puede solucionar? Por supuesto. Primero habría que determinar si se trata realmente de una adicción o no. El tratamiento a cualquier tipo de adicción al sexo, incluida la pornografía, es similar a cualquier otro tipo de adicción. Conlleva un necesario control de estímulos desencadenantes, una evaluación de las carencias que ha sustituido por prácticas sexuales y siempre considerando componentes físicos, sociales y psicológicos.Resulta una adicción compleja pues tenemos y deseamos vivir la sexualidad durante el resto de nuestra vida y los estímulos sexuales son permanentes y necesarios para nuestra sexualidad. Por lo que la reeducación sexual, generando nuevos modelos de relación afectivos y diferentes recursos eróticos es fundamental para hacerlo de manera saludable.En cuanto a la pornografía, utilizada con una buena educación sexual, como recurso erótico y placentero, con mirada crítica, sabiendo que se basa en la fantasía y no necesariamente en la realidad, no tiene por qué desencadenar adicción en una persona sin rasgos de vulnerabilidad adicionales. “Con las mismas normas que aconsejaría a su hijo para que utilizase un videojuego y no le generase ningún daño psicológico, social, físico, neurológico o sensorial, podría aplicarse el consumo de pornografía si lo desea”, matiza Ana Yáñez. Vivida sin obsesión y haciendo un buen uso, conociendo que hay diferentes tipos de pornografía y eligiendo la que consideremos más adecuada para nosotros, sin abusar ni vivir para ella, no conlleva ningún tipo de daño cerebral en un adulto sano. (ANA SIERRA)

MARIDO ADICTO AL SEXO

La adicción al sexo se presenta de muchas maneras y no es específica de una edad o género. Una persona se considera adicta al sexo cuando su comportamiento sexual es incontrolable, excesivo u obsesivo. No todas las personas que son adictas al sexo son infieles a sus parejas, pero sí la gran mayoría.

Las personas adictas al sexo generalmente construyen mentiras elaboradas para ocultarlo, por eso es que las parejas pueden estar casadas por mucho tiempo antes de que alguien descubra el problema del otro. Aunque algunos psicólogos no están de acuerdo con el término ni se ha llegado a un consenso acerca de que este comportamiento sea una enfermedad, lo cierto es que existen algunas conductas recurrentes en muchos de los “pacientes” que nos permiten hacer esta lista de maneras de descubrir a un adicto sexual.


1. Colecciona pornografía

Si es muy celoso con su computadora o contraseñas y de pronto descubres miles de imágenes sexuales puede ser una señal. La mayoría de los hombres ven pornografía de forma ocasional, pero esto no consume sus vidas ni su tiempo. Si consideras que la cantidad es excesiva, puede ser un problema real.


2. Busca citas en línea

¿Está inscrito a sitios de citas por Internet o paga para hablar y ver a mujeres realizando actos sexuales en algún sitio? Gastar dinero en este tipo de servicios cuando tienen una relación estable también puede ser una señal.


3. Strip tease

Algunos hombres van a los tables de vez en cuando con sus amigos, pero de nuevo la diferencia aquí es la frecuencia y la compañía. Si te oculta que pasa su tiempo en estos lugares, va solo o lo hace muy seguido es posible que sea una adicción.


4. Cuartos de hotel

Hay una diferencia entre un engaño y la adicción al sexo, ninguna de las dos tiene justificación, pero un amorío se caracteriza por ocurrir con una conocida y de forma recurrente, mientras que los adictos al sexo generalmente no tienen problema en pagar por el servicio. Si encuentras recibos o vouchers de cuartos de hotel puede significar una adicción, mientras que si en su estado de cuenta aparecen compras en joyerías o florerías tal vez sea más bien un amorío.


5. Quiere estar solo

Si busca maneras de sacarte de la casa para pasar tiempo solo y crees que puede estar utilizando dicho tiempo para ver pornografía y masturbarse es otra gran señal. Los hombres, incluso los casados, se masturban de vez en cuando pero este acto rara vez implica planeación o premeditación.


Si tienes dudas al respecto o crees que tu pareja puede sufrir de esta adicción es importante que hables con él y con un especialista en la materia para que te oriente. Ten mucho cuidado con las enfermedades de transmisión sexual y si tienes la más mínima sospecha usa el condón, sin importar cuanto tiempo lleven juntos, como método de protección.

ADICCIÓN AL SEXO Y A LA PORNOGRAFÍA

Cualquier cosa que nos provoque placer en uno u otro sentido, es susceptible de convertirse en una adicción. En general, el ser humano está diseñado para buscar su propio placer, ya sea en las cosas del día a día o en cosas excepcionales, pero el placer es la fuente primigenia de motivación: hacemos deporte por el placer de sentirnos bien a nivel físico y mental, somos amables con nuestros amigos y familiares por el placer que provoca su retorno emocional hacia nosotros, comemos por supervivencia, pero eminentemente por placer, y así un largo etcétera de ejemplos.

Pero la fuente más básica de placer tanto para el hombre como para la mujer es el sexo. La máxima expresión del placer y del bienestar suele ser el orgasmo, pero todo lo que rodea a la relación sexual, desde el flirteo inicial hasta el orgasmo, es una gran fuente de placer y satisfacción para quién la disfruta.

Así pues, no es de extrañar, que todo aquello que nos impulse a conseguir una satisfacción sexual tenga muchos números para convertirse en una adicción. Por supuesto, eso no quiere decir que toda persona sea susceptible de caer en la adicción al sexo o a la pornografía, igual que no todas las personas que toman alcohol se convierten en alcohólicas.

Pero, ¿quién determina qué es una cantidad “normal” de pornografía y qué no lo es?

Características de la adicción a la pornografía
Siguiendo la definición que nos ofrece Wikipedia:

Se acepta como adicción cualquier actividad que el individuo sea incapaz de controlar, que lo lleve a conductas compulsivas y perjudique su calidad de vida.

Así pues, las personas que sufren de adicción a la pornografía, en general, sienten que son incapaces de controlar el consumo de material pornográfico, suelen masturbarse compulsivamente, es decir, muy a menudo sin sentir realmente una excitación ni un deseo sexual previos y como consecuencia de todo lo anterior, su calidad de vida se ve claramente afectada.

Como vemos no se trata de contabilizar el número de productos pornográficos que una persona consume, sino cómo éstos afectan a su vida normal.

En muchas ocasiones, estas personas acaban dejando a un lado su vida personal y, en algunos casos incluso su vida profesional, porque toda su vida empieza a girar entorno a la visualización y el consumo de material pornográfico.

Esta situación se ve agravada por el hecho de que, hoy en día, el acceso a material pornográfico es muy sencillo, cualquier página web puede dirigirte en un momento u otro a una página de contenido para adultos. Además hay que sumarle un hecho importante a esta facilidad, el anonimato. Si hace un tiempo para consumir pornografía debías pasar por “la vergüenza” de pedirle al kioskero una revista pornográfica o pasar por la caja del videoclub para llevarte prestada la cinta de vídeo de turno, ahora todo eso ya no es necesario. Desde la comodidad de casa.


Consecuencias de la adicción a la pornografía
Psicólogos onlineLa adicción a la pornografía tiene consecuencias en todos los ámbitos de la vida de quien la padece, como prácticamente todas las adicciones.

Consecuencias físicas:

La elevada exposición a material pornográfico hace que cada vez se necesite más cantidad para llegar a un estado de excitación. Esto suele afectar a la relación de pareja, ya que ésta se vuelve un elemento “poco excitante”.
Aunque no hay estudios científicos fiables que lo demuestren, la masturbación compulsiva que está presente en la mayoría de los casos de consumo excesivo de pornografía, puede llegar a provocar alteraciones sexuales como eyaculación precoz o disfunción eréctil en los hombres, y anorgasmia o falta de deseo sexual en las mujeres.
Cansancio. Por lo general estas personas suelen aprovechar las horas nocturnas para dar rienda suelta a su adicción, por lo que terminan durmiendo pocas horas con todas las consecuencias que eso comporta.

Consecuencias emocionales:

Sentimiento de vacío. No hay nada diferente de la pornografía que la persona sea capaz de disfrutar.
Sentimientos de culpabilidad. La persona sabe que no debería estar priorizando la pornografía, pero se siente incapaz de dejar de hacerlo. Esto puede llevar a estados depresivos.
Ansiedad. Sobretodo se produce cuando la persona sabe que deberá estar unas horas o unos días sin poder consumir pornografía, esto provoca algo análogo al síndrome de abstinencia.
Irritabilidad. La persona se vuelve arisca, irritable.

Consecuencias sociales

Aislamiento social. Se produce una distancia entre todas las actividades sociales que la persona solía llevar a cabo.
Problemas de pareja. La pérdida de deseo sexual hacia la pareja, sumada al hecho de pasar cada vez menos horas juntos, suele provocar un deterioro importante de la relación.
Problemas laborales. Debido al cansancio acumulado, por una parte, la persona rinde menos en el trabajo. Por otra parte hay personas que aprovechan horas de trabajo para visualizar pornografía con el riesgo que ello comporta.
Problemas económicos. A pesar de que hay mucho material pornográfico gratuito en la red, no son pocas las personas con adicción a la pornografía que desembolsan grandes cantidades de dinero al mes por acceder a contenidos exclusivos.


Solución a la adicción a la pornografía
Aunque la adicción a la pornografía tiene solución, es difícil, como en cualquier otra adicción, que la misma persona por si sola, consiga superarla, lo más probable es que necesite la ayuda de un profesional para ello.

No obstante, si crees que puedes tener un problema con la pornografía, te dejamos una serie de consejos para evitar caer en el extremo de la adicción:

Márcate un tiempo máximo diario para el consumo de material pornográfico y ayúdate de un cronómetro para no pasarte de ese tiempo.
Prioriza la calidad antes que la cantidad. Escoge aquel material que realmente te gusta, sé selectivo/a y consume sólo uno por sesión.
Evita la tentación. Navega por internet con las puertas de la habitación abiertas, no navegues por internet en el lavabo o en tu habitación, contrata una tarifa de datos limitada en tu dispositivo móvil, de manera que no puedas cargar vídeos.
Disfruta de relaciones sexuales con otras personas, disfruta de los olores, las texturas, las sensaciones que te ofrece el cuerpo de otra persona.
De cada dos veces que te masturbes, una de ellas hazlo sin pornografía. Utiliza tu imaginación para recrear fantasías y mastúrbate poco a poco y concentrándote en las sensaciones. (Silvia Catalan)

Así nacen los hábitos compulsivos

Mordisquearse una uña de vez en cuando puede considerarse una práctica bastante común (el 25% de la población mundial lo hace) pero cuando se convierte en un hábito compulsivo ya conforma un problema puesto que el daño puede alcanzar niveles importante para nuestra salud. Pero, ¿cómo surgen estos hábitos obsesivo-compulsivos que afectan a muchísimas personas en el mundo?

Desde morderse las uñas a rascarse la piel, tocarse el pelo, frotarse los ojos… los hábitos compulsivos pueden afectar a nuestra relación con los demás. Ahora, un nuevo estudio llevado a cabo por un equipo de investigadores de la Universidad de Cambridge (Reino Unido) acaba de arrojar luz al respecto en su estudio publicado en la revista American Journal of Psychiatry.

Según los expertos, un fallo en el “encendido” del sistema de control del cerebro podría sentar las bases de las compulsiones en el trastorno obsesivo-compulsivo (TOC), dejando fuera las teorías sobre que estos trastornos están causados por preocupaciones u obsesiones por parte de los sujetos, sino por una condición provocada cuando el sistema de hábitos del cerebro se vuelve loco.

Para llegar a esta conclusión, los investigadores escanearon los cerebros de 37 pacientes con TOC y 33 personas sin este trastorno. Sometieron a los voluntarios a una prueba repetitiva de respuesta conductual, descubriendo que los pacientes con TOC eran menos capaces de detener sus hábitos mientras se observó una actividad cerebral excesiva en el núcleo caudado, una región que debe “encenderse” correctamente para que podamos controlar nuestros hábitos ya que participa en la modulación del movimiento.

Así, los científicos creen que las compulsiones pueden estar causadas por un mal funcionamiento en el sistema de hábito del cerebro y que estos hallazgos no son específicos para personas con trastorno obsesivo-compulsivo, sino para cualquier hábito de carácter repetitivo.

“No es sólo el TOC, hay una serie de comportamientos humanos que ahora se consideran ejemplos de compulsividad, incluido el abuso de drogas, el alcohol y los atracones. Lo que todos estos comportamientos tienen en común es la pérdida de control de arriba hacia abajo, tal vez debido a la falta de comunicación entre las regiones que controlan nuestro hábito y aquellos que, como la corteza prefrontal, que normalmente ayudan a controlar la conducta volitiva”, explica Claire Gillan, coautora del estudio.

“Mientras que algunos hábitos pueden hacer nuestra vida más fácil, como la automatización del acto de la preparación del café por la mañana, otros van demasiado lejos y pueden tomar el control de nuestras vidas de una manera mucho más insidiosa con la formación de nuestras preferencias, creencias, y en el caso del TOC , incluso nuestros temores. Tales condiciones están entre las más difíciles de tratar, ya sea por la terapia de comportamiento cognitivo o por las drogas”, aclara Trevor Robbins, coautor del trabajo.

SEXO Y EDAD

El sexo no es una ciencia exacta, por lo que su buen funcionamiento no puede definirse en base a cifras. De hecho, a menudo prima más la calidad que la cantidad. Sin embargo, muchas personas siguen obsesionándose con aspectos tales como la edad del primer encuentro sexual o la frecuencia de las relaciones. Tanto es así que llega a considerarse como motivo de sonrojo que el número sea demasiado alto en el primer caso, o demasiado bajo en el segundo.

En realidad, no hay un valor perfecto aunque sí un promedio. Así se extrae de un estudio publicado recientemente por científicos del Instituto Kinsey para la Investigación del Sexo, la Reproducción y el Género de Rosario (Argentina), que sugiere que la edad es un factor determinante que condiciona la frecuencia de nuestras relaciones sexuales.

La lógica nos dice que las relaciones sexuales suelen ser más frecuentes en personas jóvenes. Esto se debe a que con el paso de los años algunos factores como las cargas familiares, la debilidad física o los problemas de salud hacen más complicado encontrar el momento y las fuerzas para hacerlo.

Por lo tanto, no es sorprendente que los investigadores del Instituto Kinsey concluyeran que las personas entre 19 y 29 años tienen unos 112 encuentros sexuales al año, unas dos veces a la semana. En cambio, aquellas personas que se encuentran entre los 29 y 39 años tienen sexo una media 86 veces al año (1,6 veces por semana). Así, aquellas personas que se encuentran entre los 39 y los 49 años mantienen relaciones una media de 69 veces al año, la mitad que el primer grupo de edad estudiado.

Contradiciendo la creencia popular, los investigadores encontraron que el matrimonio es un factor clave en la frecuencia de las relaciones sexuales. Según los datos, el 34% de las parejas casadas tienen sexo de dos a tres veces por semana. Además, se comprobó que las personas casadas o comprometidas que tienen sexo de forma regular suelen ser más felices, aunque no es necesario para ello que la frecuencia sea excesiva. De hecho, el beneficio psicológico del sexo fue el mismo en los matrimonios que tenían relaciones cuatro o más veces en la semana que en los que sólo lo tenían una.

Finalmente, el estudio también concluye que las mujeres maduras y comprometidas disfrutan más de sus relaciones. Esto se debe a que a su edad se conocen mejor a sí mismas y a sus parejas y, aunque la cantidad de sus encuentros sexuales no sea tan grande como la de los más jóvenes, la calidad los supera con creces.

Por lo tanto, independientemente de la edad, no vale la pena obsesionarse en busca de un número concreto de relaciones. La clave está en aprender de cada una de ellas y disfrutar al máximo. Mejor calidad que cantidad.

¿Porqué tengo una depresión? ¿Qué son los antidepresivos? ¿Cómo actúan?

1-¿Qué son los antidepresivos?
Los antidepresivos son un grupo de medicamentos utilizados sobre todo para tratar la depresión. Y si digo ‘sobre todo’ es porque aunque nacieran como antidepresivos en el laboratorio de investigación farmacológica, su uso nos ha ido descubriendo su utilidad en el tratamiento de otros procesos como son los trastornos de ansiedad, el trastorno obsesivo compulsivo, los trastornos alimentarios, etc.

2-¿Cómo actúan los antidepresivos?
Los antidepresivos ejercen su acción al intervenir en el mecanismo por cual las células cerebrales (o neuronas) intercambian información entre ellas a través de unas moléculas llamadas neurotransmisores.

Los neurotransmisores son unas biomoléculas que actúan como mensajeros químicos que hacen posible la intercomunicación de dos neuronas entre si, pero también entre una neurona y una célula muscular o una glándula.

Entre las neuronas se encuentra el llamado espacio intersináptico. Para que pueda establecerse una comunicación interneuronal, la neurona que emite la información (neurona presináptica) libera al espacio intersináptico una vesículas que contienen neurotransmisores. Por su parte, la neurona que recibe la información (neurona postsináptica) posee unos receptores específicos diseñados para recibir a los neurotransmisores y dejen su mensaje a través de lo que conocemos como impulso nervioso o sinapsis.

Los medicamentos antidepresivos ejercen su acción sobre los neurotransmisores (concretamente serotonina, noradrenalina, dopamina, y más recientemente melatonina) ayudando a restablecer la correcta regulación de los mismos y permitiendo de este modo atenuar los síntomas de la depresión.

3-¿Cómo se desencadena una depresión?
La medicina aun no ha identificado con exactitud cuales son los mecanismos que explican la aparición de una depresión, no obstante todo apunta a que el origen de la misma sea multifactorial.

Es decir, en la génesis de la depresión intervienen diversos factores que abarcan desde los biológicos y psicológicos hasta la predisposición genética individual de cada persona.

Estos factores no son excluyentes entre si. Pueden intervenir varios a la vez y, por ejemplo, encontrarnos una depresión en la que además de los factores biológicos relacionados con los neurotransmisores, exista el agravante de un divorcio (factor social-familiar), un trastorno de personalidad que predisponga a la melancolía (factor psicológico) e incluso antecedentes familiares depresivos (factor genético).

Cuantos más factores concurran en una persona, más vulnerable será ésta a padecer una depresión.

Los neurotransmisores
En mi ejercicio de la medicina, nunca me ha parecido correcto limitarme a recetar una pastilla a un paciente y despedirme de él sin ofrecerle una explicación del por qué de mi decisión terapéutica. Quien sufre una enfermedad —y aun más si es una depresión— tiene derecho a conocer qué es lo que se le prescribe y por qué; cómo va actuar el medicamento en su organismo y que efectos pueden surgir como consecuencia del mismo.

Por este motivo, siempre ofrezco una pequeña lección de psicofarmacología a los pacientes a los que prescribo un antidepresivo o cualquier otro psicofármaco. Es una actuación queme ocupa sólo unos minutos, pero con ella consigo una excelente colaboración y una reducción en el riesgo de abandono terapéutico tan frecuentemente asociado a los psicofármacos por culpa del estigma social que recae sobre los trastornos mentales.

De un modo adecuado fácilmente comprensible para el paciente, le explico que en la depresión hay una disminución de ciertos neurotransmisores que se encuentran en el espacio interneuronal, unos neurotransmisores que tienen la misión de transmitir información de una neurona a otra. Suelo ayudarme improvisando un dibujo. Informo también al paciente de que las neuronas no contactan físicamente entre si tal cual como lo hacen dos cables eléctricos que al tocarse encienden una bombilla, pues la comunicación interneuronal tiene lugar a través de unos mensajeros (los neurotransmisores) que viajan desde una neurona a otra para transmitir una determinada información.

Aprovecho entonces para informar al paciente de que en la depresión hay una deficiente concentración de neurotransmisores, la comunicación neuronal es inadecuada, y ahí es donde interviene el mecanismo de acción de los antidepresivos para soslayar el problema.

La recaptación
La neuronas tienen una predisposición a recuperar —o recaptar— los neurotransmisores que previamente han liberado. Esta recaptación es una especie de mecanismo de ahorro que obliga a los neurotransmisores a regresar a su neurona de origen. El resultado es que disminuye su presencia en el espacio intersináptico y se dificulta la transmisión de la información que contienen.

Para entender mejor este mecanismo, les pido a mis pacientes que imaginen a un camión cuya única misión es ir una y otra vez al espacio intersináptico para recoger los neurotransmisores que allí encuentre y trasladarlos a sus neuronas de origen. En esto consiste la recaptación, y el resultado es que cuantos menos neurotransmisores haya en el espacio intersináptico mayor será el riesgo de sufrir depresión.

Quedémonos de momento con esta imagen, pues nos será útil dentro de un momento.

4- ¿Cómo actúa un antidepresivo?
Los antidepresivos más utilizados en la práctica médica son los ISRS (inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina), y su mecanismo de acción consiste en inhibir la recaptación de los neurotransmisores (en concreto la serotonina) descrita en el apartado precedente.

Para entender en que consiste dicha inhibición, volvamos al ejemplo del camión e imaginemos que en esta historia interviene ahora un nuevo personaje encargado de pincharle las ruedas al camión o averiarle el motor para evitar que cargue se lleve los neurotransmisores. Esto es exactamente lo que hacen los antidepresivos mas utilizados: inhibir la recaptación de un neurotransmisor llamado serotonina, y la consecuencia de ello es que aumenta la presencia y la biodisponibilidad de la serotonina en el espacio intersináptico. La consecuencia inmediata es que el riesgo de depresión disminuye, o bien la depresión mejora si ya se hubiera instaurado.

Existen otros mecanismos de acción utilizados por otros antidepresivos, pero este es el que define el modo de actuar de los antidepresivos de uso más frecuente.

¿QUE SÓN PERSONAS DE ALTA SENSIBILIDAD? (P.A.S.)

Estas personas perciben y gestionan más información, lo que las lleva a vivir los estímulos de forma más intensa.

Esto tiene ventajas: las PAS son conscientes de detalles muy sutiles en su entorno. También son reflexivas, intuitivas, creativas, empáticas y cuidadosas. Pero este rasgo, como cualquier otro, también tiene sus, Inconvenientes: estas personas pueden ser muy cautas y demasiado volcadas en su interior. A veces se sienten desbordadas y exhaustas por la sobreactivación que resulta, por ejemplo, de estar con mucha gente o en ambientes muy ruidosos.

Gracias a este proceso de búsqueda de información, Alcón, jerezano de 38 años que vive en Madrid, sintió “serenidad -cuenta a Verne por teléfono-. Entendía por qué me pasaban muchas cosas y aprendí a gestionarlas”.

Un rasgo normal (y frecuente)

Aunque la etiqueta suene extraña, ser altamente sensible no es ningún trastorno. Y es más habitual de lo que parece. Como escribe Elaine Aron en El don de la sensibilidad, se trata de algo normal, “un rasgo básicamente neutro”. Entre el 15% y el 20% de la población es altamente sensible, en diferentes grados, y otro 22%, moderadamente sensible. (Si quieres una orientación acerca de si estás o no en este grupo, puedes probar con este test de la propia Aron).

Aron fue la psicóloga que puso nombre a este rasgo y quien lo popularizó gracias su libro, publicado en 1996. (Por cierto, su marido es Arthur Aron, también psicólogo y autor del experimento de las 36 preguntas para enamorarse).

Aunque a menudo se asocia este rasgo con otros como la introversión y la timidez, Manuela Pérez, presidenta de la Asociación Española de Profesionales de la Alta Sensibilidad, apunta que “tienen similitudes, pero son diferentes entre sí”, hasta el punto de que un 30% de las PAS son extrovertidas.

Una de las cosas que sí comparten estos tres rasgos es que se tienden a ver de forma negativa en nuestra sociedad, como si se tratara de defectos. Se valora a la gente extrovertida, sociable y despreocupada, lo cual está muy bien, pero no se ve con tan buenos ojos a quien se muestra más sensible o necesita tiempo a solas, actitudes que a menudo se ven como si se tuvieran que “curar”.

Como escribe Aron, “existe esa presión para hacer lo que hacen todos, para ser normales, guardar las apariencias, hacer amigos, satisfacer las expectativas de todos…”, que se nota especialmente en la adolescencia y juventud.

Alcón explica que ha sentido esa presión a menudo, ya que vivimos en una cultura “muy extrovertida. Somos de calle y de exponernos”. Esto no es nada malo, pero hace que los PAS tengan la sensación de “ir a contracorriente porque no te gusta lo que le gusta a todo el mundo y parece que la cultura no te acepta”. En resumen, “no consigues encajar por mucho que lo intentes”.

Conocer los límites

Todo esto no quita que los PAS deban aprender sobre sí mismos “y aplicar técnicas o procesos que nos ayuden a una mejor adaptación al entorno o bien a sacar lo mejor de este rasgo. Algunas tienen que ver con la reformulación de creencias y otras con el autocuidado, gestión de límites o la comunicación”, comenta Pérez.

Es decir, del mismo modo que una persona muy sociable también ha de aprender a estar sola, una PAS tiene que buscar el punto medio entre forzarse demasiado hacia afuera, (asumiendo muchas responsabilidades, por ejemplo) y mantenerse demasiado hacia adentro. Es decir, a veces tiene a sobreprotegerse, “cuando en realidad lo que anhela es estar fuera, en el mundo”, como escribe Aron. La psicóloga añade que “quizá lo más difícil de todo sea decidir hasta dónde protegerse, hasta dónde forzarse”, sin dejar de valorar un rasgo que “ofrece muchas cosas de las que carecen los demás”.

Por ejemplo, Alcón cuenta que hay sábados que le apetece quedarse en casa con un libro y otros en los que va con sus amigos, pero conociendo sus límites: “A lo mejor llego un poco más tarde y me voy antes”, cuenta. “Se trata de encontrar el equilibrio” y favorecer “un entorno de confort en el que puedes ser tú mismo”.

Otra opción que Alcón tiene es verse también con otros PAS. A principios de febrero de 2015 organizó la Asociación de Alta Sensibilidad de Madrid, con el objetivo de conocer a más personas sensibles. Hizo una convocatoria en la página MeetUp para un primer café y creía “que se apuntarían tres o cuatro. Se apuntaron 40. No sabía dónde meter a tanta gente”.

Con este grupo, explica, se han creado “espacios de encuentro”. Hacen desde cafés temáticos a picnics y excursiones, que también convocan a través de su grupo de Facebook que cuenta con más de 2.000 miembros. Intentan reunirse en espacios tranquilos, “que nos permita escucharnos” y, sobre todo, compartir sus experiencias. No solo como PAS, claro: “Tenemos vivencias y formas de ser muy diferentes”. Por eso también hay grupos específicos para familias, personas LGTB+, mayores de 50 años… Ya llevan más de 100 encuentros. “Quedamos por lo que nos une y compartimos lo que nos diferencia”.

Hombres y mujeres PAS
Una muestra interesante de cómo la cultura moldea nuestra visión sobre la sensibilidad la encontramos en un dato que da Aron en su libro: los porcentajes de hombres y mujeres PAS son similares. Pero la psicóloga apunta que “la cultura marca diferencias”, sobre todo porque (aún) se tiende a tratar a niños y niñas de forma diferente en lo que atañe a su sensibilidad.

En el caso de los niños se tiende a reprimir esta sensibilidad, mientras que en el de las niñas se potencia y se puede llegar a sobreprotegerlas. Este prejuicio cultural se mantiene en la edad adulta, escribe Elaine Aron en El don de la sensibilidad. De hecho, Manuela Pérez, presidenta de la Asociación Española de Profesionales de la Alta Sensibilidad, explica que en consulta recibe a “hombres con claras dificultades para mostrar esta sensibilidad o expresar las emociones relacionadas con estas, como el llanto o el miedo”.

Para Pérez, esta visión social de la sensibilidad está cambiando: “Cada día hay muestras de cómo la sensibilidad se está viviendo y percibiendo como una fortaleza de enorme utilidad”, tanto personalmente como en el ámbito laboral, donde “están surgiendo nuevos modelos de liderazgo enfocados desde la empatía y la colaboración”.

¡¿Iniciar una conversación DELICADA!?

La comunicación humana, rica en lenguaje verbal y no verbal, presenta muchos recursos expresivos que, bien utilizados, te permitirán conectar mejor con las demás personas; incluso contigo mismo. Dentro del universo de herramientas están las preguntas.

Entre las más empleadas, existen 6 tipos de preguntas, a saber: cerradas, abiertas, reflexivas, directas, retóricas y de opciones múltiples.

¿Por qué es importante distinguirlas? Porque son esenciales para interactuar en forma efectiva, ya que son la base de la comunicación entre las personas, más allá de la lengua o la cultura. Sirven para buscar información, conectar con otro tipo de conocimiento, pedir, reafirmar conceptos y profundizar en los vínculos, entre sus múltiples acepciones.

Acaso las preguntas surgieron como una manifestación sobre la curiosidad innata en las personas. Incluso cuando tú mismo te las formulas, el cerebro se moviliza para traer respuestas y conexiones para generar estímulos desafiantes y diferentes.

· De niños a adultos
Cuando somos niños, las preguntas son más bien ingenuas, y tienden a obtener respuestas directas sin filtros y que, en general, puedan resolver necesidades inmediatas o inquietudes que parten de la curiosidad infantil.

Ya de adultos, nos adentramos en las razones de la vida y de las cosas; nos cuestionamos; reformulamos respuestas; conectamos con la profundidad del ser y buscamos referencias, datos, y conocer mejor desde dónde actúan las demás personas, entre millones de interpretaciones posibles.

· Los 6 tipos de preguntas
Cuando exploras esta tipología de preguntas, te adentras en un universo que aplicas cotidianamente -quizás sin darte cuenta-. Si quisieras ser más asertivo en tus comunicaciones, esta explicación te ayudará a comprenderte y comprender mejor a los demás:

  1. Preguntas cerradas: en su mayoría se responden por “si” o “no”, o con frases cortas o una sola palabra. Sirven para conseguir o validar información inmediata. Se refieren a hechos concretos; son rápidas de responder y, quien las formula, mantiene cierto control de la conversación. Las reconocerás rápidamente en interrogatorios directos. Ejemplos: “¿Estabas allí?”, “¿Quieres saber más?”, “¿Te gustaría ir al cine?”. La ventaja es la rapidez de resolución, y la desventaja, es que si deseas profundizar necesitarás combinarlas con otras preguntas.

  2. Preguntas abiertas: requieren respuestas más extensas, ya que eso es lo que buscan. Necesitan de mayor elaboración, y permiten profundizar en aspectos claves sobre los que se desea preguntar. Además, al hacerlo, involucras más a la otra persona, y no alcanza con responderlas con “si” o “no”. Ejemplos: “¿Cuál es su opinión?”, “¿Qué pasó que llegaste tarde?”, “¿Cuál fue tu último gran reto?” Se basan en pronombres como qué, cuándo, por qué, quién, cómo, cuánto, etcétera. Se utilizan para indagar sobre pensamientos, ideas, creencias, y articulan conversaciones más ricas por cuanto llevan a expresar sentimientos, opiniones y visiones de las cosas. Además, entregan el control de la conversación a la persona que responde.

  3. Preguntas reflexivas: Este tipo de preguntas aportan más detalles sobre quien responde; permiten ir más allá de lo que te dicen. Generalmente son hipotéticas o condicionales; de alguna forma, se puede influenciar a la otra persona, como una inducción básica. Además, permite profundizar en las respuestas que recibes, para aclarar, reconsiderar, corregir o añadir conceptos.. Ejemplos: “¿Usted estaría conforme si llegamos a este trato comercial?”, “¿Qué puede hacer junto a mi para crear juntos un proyecto exitoso?”.

  4. Preguntas directas: Su forma permite inclinar un poco la balanza hacia el criterio imperante de quien pregunta, porque suelen incluir escenarios e ideas bastante claras que se infieren en el mismo cuestionamiento. Es una forma sutil de dirigir la intencionalidad de las respuestas que dará la otra persona; un ejemplo gráfico -en general- es cómo reaccionan los niños a estas preguntas directas, ya que suelen responder de acuerdo a lo que el mayor espera. Se combinan muchas veces con las preguntas indirectas. Veamos estos ejemplos, empezando por una formulación DIRECTA: “¿Cómo logras mantener tu mente en calma cuando afrontas situaciones tan desafiantes en tu ámbito laboral?” (observa que la pregunta presupone problemas en el trabajo del otro); INDIRECTA: “Me imagino que debe ser un desafío mantener la mente en calma ante situaciones desafiantes en tu ámbito laboral”. DIRECTA: “A mí me gustaría proponerte algo especial para ambos: ¿quieres que salgamos como pareja?”. INDIRECTA: “Me gustaría proponerte algo especial para ambos, y tiene que ver con invitarte a salir como pareja”.

  5. Preguntas de opciones múltiples: Es una variedad de cuestionamientos directos-cerrados dándole al otro varias alternativas. Esto obliga a la persona a escoger lo que considera mejor, en el momento. Se utilizan en ventas, en exámenes o cuando hay que obtener información mediante cierto direccionamiento. Suelen presentar al menos dos alternativas (es decir, una dicotomía, entre una cosa y otra). A la vez, cuando una persona se pierde en las respuestas, ayudan a encontrar el ritmo y dirección de la conversación. Incluirás opciones dentro de otras, incluso si quieres distraer la atención de la otra persona, hasta entregar al final la dicotomía. Ejemplos: “¿Es usted una persona segura de sí misma o siente que se deja influenciar por los miedos internos?”; “¿Quiere tomar un café, o quizás algo fresco?”.

  6. Preguntas retóricas: Están diseñadas para crear empatía o generar pensamientos rápidos que se traduzcan en respuestas inmediatas antes de seguir abordando un tema. Es la técnica que utilizan los grandes oradores, donde rematan conceptos con frases como “¿Sí o no?”, “¿Vamos bien hasta aquí o pasamos a otro tema?”, y sirven para retomar la consciencia del público sobre un tema. A veces tienen toques de humor, como por ejemplo cuando alguien finaliza una frase con un refrán popular, y permite que el otro (o el público) lo complete verbalmente.


  • Finalmente, el lenguaje gestual y la comunicación no verbal es igualmente de elocuente para formular preguntas; no siempre es necesario usar palabras. El caso típico es cuando enfatizas una idea con un gesto de tu rostro, o con las manos, apoyando en forma silenciosa algo que es más expresivo que si lo dijeras en una frase.

Como observas, el tema de las preguntas no es una simple cosa de hacer cuestionamientos; sino más bien de elaborar, enriquecer, hilvanar y despertar el poder comunicativo, en ti y en los demás, para hacer más fluidos los intercambios.