ADICCIÓN AL SEXO Y A LA PORNOGRAFÍA

Cualquier cosa que nos provoque placer en uno u otro sentido, es susceptible de convertirse en una adicción. En general, el ser humano está diseñado para buscar su propio placer, ya sea en las cosas del día a día o en cosas excepcionales, pero el placer es la fuente primigenia de motivación: hacemos deporte por el placer de sentirnos bien a nivel físico y mental, somos amables con nuestros amigos y familiares por el placer que provoca su retorno emocional hacia nosotros, comemos por supervivencia, pero eminentemente por placer, y así un largo etcétera de ejemplos.

Pero la fuente más básica de placer tanto para el hombre como para la mujer es el sexo. La máxima expresión del placer y del bienestar suele ser el orgasmo, pero todo lo que rodea a la relación sexual, desde el flirteo inicial hasta el orgasmo, es una gran fuente de placer y satisfacción para quién la disfruta.

Así pues, no es de extrañar, que todo aquello que nos impulse a conseguir una satisfacción sexual tenga muchos números para convertirse en una adicción. Por supuesto, eso no quiere decir que toda persona sea susceptible de caer en la adicción al sexo o a la pornografía, igual que no todas las personas que toman alcohol se convierten en alcohólicas.

Pero, ¿quién determina qué es una cantidad “normal” de pornografía y qué no lo es?

Características de la adicción a la pornografía
Siguiendo la definición que nos ofrece Wikipedia:

Se acepta como adicción cualquier actividad que el individuo sea incapaz de controlar, que lo lleve a conductas compulsivas y perjudique su calidad de vida.

Así pues, las personas que sufren de adicción a la pornografía, en general, sienten que son incapaces de controlar el consumo de material pornográfico, suelen masturbarse compulsivamente, es decir, muy a menudo sin sentir realmente una excitación ni un deseo sexual previos y como consecuencia de todo lo anterior, su calidad de vida se ve claramente afectada.

Como vemos no se trata de contabilizar el número de productos pornográficos que una persona consume, sino cómo éstos afectan a su vida normal.

En muchas ocasiones, estas personas acaban dejando a un lado su vida personal y, en algunos casos incluso su vida profesional, porque toda su vida empieza a girar entorno a la visualización y el consumo de material pornográfico.

Esta situación se ve agravada por el hecho de que, hoy en día, el acceso a material pornográfico es muy sencillo, cualquier página web puede dirigirte en un momento u otro a una página de contenido para adultos. Además hay que sumarle un hecho importante a esta facilidad, el anonimato. Si hace un tiempo para consumir pornografía debías pasar por “la vergüenza” de pedirle al kioskero una revista pornográfica o pasar por la caja del videoclub para llevarte prestada la cinta de vídeo de turno, ahora todo eso ya no es necesario. Desde la comodidad de casa.


Consecuencias de la adicción a la pornografía
Psicólogos onlineLa adicción a la pornografía tiene consecuencias en todos los ámbitos de la vida de quien la padece, como prácticamente todas las adicciones.

Consecuencias físicas:

La elevada exposición a material pornográfico hace que cada vez se necesite más cantidad para llegar a un estado de excitación. Esto suele afectar a la relación de pareja, ya que ésta se vuelve un elemento “poco excitante”.
Aunque no hay estudios científicos fiables que lo demuestren, la masturbación compulsiva que está presente en la mayoría de los casos de consumo excesivo de pornografía, puede llegar a provocar alteraciones sexuales como eyaculación precoz o disfunción eréctil en los hombres, y anorgasmia o falta de deseo sexual en las mujeres.
Cansancio. Por lo general estas personas suelen aprovechar las horas nocturnas para dar rienda suelta a su adicción, por lo que terminan durmiendo pocas horas con todas las consecuencias que eso comporta.

Consecuencias emocionales:

Sentimiento de vacío. No hay nada diferente de la pornografía que la persona sea capaz de disfrutar.
Sentimientos de culpabilidad. La persona sabe que no debería estar priorizando la pornografía, pero se siente incapaz de dejar de hacerlo. Esto puede llevar a estados depresivos.
Ansiedad. Sobretodo se produce cuando la persona sabe que deberá estar unas horas o unos días sin poder consumir pornografía, esto provoca algo análogo al síndrome de abstinencia.
Irritabilidad. La persona se vuelve arisca, irritable.

Consecuencias sociales

Aislamiento social. Se produce una distancia entre todas las actividades sociales que la persona solía llevar a cabo.
Problemas de pareja. La pérdida de deseo sexual hacia la pareja, sumada al hecho de pasar cada vez menos horas juntos, suele provocar un deterioro importante de la relación.
Problemas laborales. Debido al cansancio acumulado, por una parte, la persona rinde menos en el trabajo. Por otra parte hay personas que aprovechan horas de trabajo para visualizar pornografía con el riesgo que ello comporta.
Problemas económicos. A pesar de que hay mucho material pornográfico gratuito en la red, no son pocas las personas con adicción a la pornografía que desembolsan grandes cantidades de dinero al mes por acceder a contenidos exclusivos.


Solución a la adicción a la pornografía
Aunque la adicción a la pornografía tiene solución, es difícil, como en cualquier otra adicción, que la misma persona por si sola, consiga superarla, lo más probable es que necesite la ayuda de un profesional para ello.

No obstante, si crees que puedes tener un problema con la pornografía, te dejamos una serie de consejos para evitar caer en el extremo de la adicción:

Márcate un tiempo máximo diario para el consumo de material pornográfico y ayúdate de un cronómetro para no pasarte de ese tiempo.
Prioriza la calidad antes que la cantidad. Escoge aquel material que realmente te gusta, sé selectivo/a y consume sólo uno por sesión.
Evita la tentación. Navega por internet con las puertas de la habitación abiertas, no navegues por internet en el lavabo o en tu habitación, contrata una tarifa de datos limitada en tu dispositivo móvil, de manera que no puedas cargar vídeos.
Disfruta de relaciones sexuales con otras personas, disfruta de los olores, las texturas, las sensaciones que te ofrece el cuerpo de otra persona.
De cada dos veces que te masturbes, una de ellas hazlo sin pornografía. Utiliza tu imaginación para recrear fantasías y mastúrbate poco a poco y concentrándote en las sensaciones. (Silvia Catalan)

Así nacen los hábitos compulsivos

Mordisquearse una uña de vez en cuando puede considerarse una práctica bastante común (el 25% de la población mundial lo hace) pero cuando se convierte en un hábito compulsivo ya conforma un problema puesto que el daño puede alcanzar niveles importante para nuestra salud. Pero, ¿cómo surgen estos hábitos obsesivo-compulsivos que afectan a muchísimas personas en el mundo?

Desde morderse las uñas a rascarse la piel, tocarse el pelo, frotarse los ojos… los hábitos compulsivos pueden afectar a nuestra relación con los demás. Ahora, un nuevo estudio llevado a cabo por un equipo de investigadores de la Universidad de Cambridge (Reino Unido) acaba de arrojar luz al respecto en su estudio publicado en la revista American Journal of Psychiatry.

Según los expertos, un fallo en el “encendido” del sistema de control del cerebro podría sentar las bases de las compulsiones en el trastorno obsesivo-compulsivo (TOC), dejando fuera las teorías sobre que estos trastornos están causados por preocupaciones u obsesiones por parte de los sujetos, sino por una condición provocada cuando el sistema de hábitos del cerebro se vuelve loco.

Para llegar a esta conclusión, los investigadores escanearon los cerebros de 37 pacientes con TOC y 33 personas sin este trastorno. Sometieron a los voluntarios a una prueba repetitiva de respuesta conductual, descubriendo que los pacientes con TOC eran menos capaces de detener sus hábitos mientras se observó una actividad cerebral excesiva en el núcleo caudado, una región que debe “encenderse” correctamente para que podamos controlar nuestros hábitos ya que participa en la modulación del movimiento.

Así, los científicos creen que las compulsiones pueden estar causadas por un mal funcionamiento en el sistema de hábito del cerebro y que estos hallazgos no son específicos para personas con trastorno obsesivo-compulsivo, sino para cualquier hábito de carácter repetitivo.

“No es sólo el TOC, hay una serie de comportamientos humanos que ahora se consideran ejemplos de compulsividad, incluido el abuso de drogas, el alcohol y los atracones. Lo que todos estos comportamientos tienen en común es la pérdida de control de arriba hacia abajo, tal vez debido a la falta de comunicación entre las regiones que controlan nuestro hábito y aquellos que, como la corteza prefrontal, que normalmente ayudan a controlar la conducta volitiva”, explica Claire Gillan, coautora del estudio.

“Mientras que algunos hábitos pueden hacer nuestra vida más fácil, como la automatización del acto de la preparación del café por la mañana, otros van demasiado lejos y pueden tomar el control de nuestras vidas de una manera mucho más insidiosa con la formación de nuestras preferencias, creencias, y en el caso del TOC , incluso nuestros temores. Tales condiciones están entre las más difíciles de tratar, ya sea por la terapia de comportamiento cognitivo o por las drogas”, aclara Trevor Robbins, coautor del trabajo.

SEXO Y EDAD

El sexo no es una ciencia exacta, por lo que su buen funcionamiento no puede definirse en base a cifras. De hecho, a menudo prima más la calidad que la cantidad. Sin embargo, muchas personas siguen obsesionándose con aspectos tales como la edad del primer encuentro sexual o la frecuencia de las relaciones. Tanto es así que llega a considerarse como motivo de sonrojo que el número sea demasiado alto en el primer caso, o demasiado bajo en el segundo.

En realidad, no hay un valor perfecto aunque sí un promedio. Así se extrae de un estudio publicado recientemente por científicos del Instituto Kinsey para la Investigación del Sexo, la Reproducción y el Género de Rosario (Argentina), que sugiere que la edad es un factor determinante que condiciona la frecuencia de nuestras relaciones sexuales.

La lógica nos dice que las relaciones sexuales suelen ser más frecuentes en personas jóvenes. Esto se debe a que con el paso de los años algunos factores como las cargas familiares, la debilidad física o los problemas de salud hacen más complicado encontrar el momento y las fuerzas para hacerlo.

Por lo tanto, no es sorprendente que los investigadores del Instituto Kinsey concluyeran que las personas entre 19 y 29 años tienen unos 112 encuentros sexuales al año, unas dos veces a la semana. En cambio, aquellas personas que se encuentran entre los 29 y 39 años tienen sexo una media 86 veces al año (1,6 veces por semana). Así, aquellas personas que se encuentran entre los 39 y los 49 años mantienen relaciones una media de 69 veces al año, la mitad que el primer grupo de edad estudiado.

Contradiciendo la creencia popular, los investigadores encontraron que el matrimonio es un factor clave en la frecuencia de las relaciones sexuales. Según los datos, el 34% de las parejas casadas tienen sexo de dos a tres veces por semana. Además, se comprobó que las personas casadas o comprometidas que tienen sexo de forma regular suelen ser más felices, aunque no es necesario para ello que la frecuencia sea excesiva. De hecho, el beneficio psicológico del sexo fue el mismo en los matrimonios que tenían relaciones cuatro o más veces en la semana que en los que sólo lo tenían una.

Finalmente, el estudio también concluye que las mujeres maduras y comprometidas disfrutan más de sus relaciones. Esto se debe a que a su edad se conocen mejor a sí mismas y a sus parejas y, aunque la cantidad de sus encuentros sexuales no sea tan grande como la de los más jóvenes, la calidad los supera con creces.

Por lo tanto, independientemente de la edad, no vale la pena obsesionarse en busca de un número concreto de relaciones. La clave está en aprender de cada una de ellas y disfrutar al máximo. Mejor calidad que cantidad.

¿Porqué tengo una depresión? ¿Qué son los antidepresivos? ¿Cómo actúan?

1-¿Qué son los antidepresivos?
Los antidepresivos son un grupo de medicamentos utilizados sobre todo para tratar la depresión. Y si digo ‘sobre todo’ es porque aunque nacieran como antidepresivos en el laboratorio de investigación farmacológica, su uso nos ha ido descubriendo su utilidad en el tratamiento de otros procesos como son los trastornos de ansiedad, el trastorno obsesivo compulsivo, los trastornos alimentarios, etc.

2-¿Cómo actúan los antidepresivos?
Los antidepresivos ejercen su acción al intervenir en el mecanismo por cual las células cerebrales (o neuronas) intercambian información entre ellas a través de unas moléculas llamadas neurotransmisores.

Los neurotransmisores son unas biomoléculas que actúan como mensajeros químicos que hacen posible la intercomunicación de dos neuronas entre si, pero también entre una neurona y una célula muscular o una glándula.

Entre las neuronas se encuentra el llamado espacio intersináptico. Para que pueda establecerse una comunicación interneuronal, la neurona que emite la información (neurona presináptica) libera al espacio intersináptico una vesículas que contienen neurotransmisores. Por su parte, la neurona que recibe la información (neurona postsináptica) posee unos receptores específicos diseñados para recibir a los neurotransmisores y dejen su mensaje a través de lo que conocemos como impulso nervioso o sinapsis.

Los medicamentos antidepresivos ejercen su acción sobre los neurotransmisores (concretamente serotonina, noradrenalina, dopamina, y más recientemente melatonina) ayudando a restablecer la correcta regulación de los mismos y permitiendo de este modo atenuar los síntomas de la depresión.

3-¿Cómo se desencadena una depresión?
La medicina aun no ha identificado con exactitud cuales son los mecanismos que explican la aparición de una depresión, no obstante todo apunta a que el origen de la misma sea multifactorial.

Es decir, en la génesis de la depresión intervienen diversos factores que abarcan desde los biológicos y psicológicos hasta la predisposición genética individual de cada persona.

Estos factores no son excluyentes entre si. Pueden intervenir varios a la vez y, por ejemplo, encontrarnos una depresión en la que además de los factores biológicos relacionados con los neurotransmisores, exista el agravante de un divorcio (factor social-familiar), un trastorno de personalidad que predisponga a la melancolía (factor psicológico) e incluso antecedentes familiares depresivos (factor genético).

Cuantos más factores concurran en una persona, más vulnerable será ésta a padecer una depresión.

Los neurotransmisores
En mi ejercicio de la medicina, nunca me ha parecido correcto limitarme a recetar una pastilla a un paciente y despedirme de él sin ofrecerle una explicación del por qué de mi decisión terapéutica. Quien sufre una enfermedad —y aun más si es una depresión— tiene derecho a conocer qué es lo que se le prescribe y por qué; cómo va actuar el medicamento en su organismo y que efectos pueden surgir como consecuencia del mismo.

Por este motivo, siempre ofrezco una pequeña lección de psicofarmacología a los pacientes a los que prescribo un antidepresivo o cualquier otro psicofármaco. Es una actuación queme ocupa sólo unos minutos, pero con ella consigo una excelente colaboración y una reducción en el riesgo de abandono terapéutico tan frecuentemente asociado a los psicofármacos por culpa del estigma social que recae sobre los trastornos mentales.

De un modo adecuado fácilmente comprensible para el paciente, le explico que en la depresión hay una disminución de ciertos neurotransmisores que se encuentran en el espacio interneuronal, unos neurotransmisores que tienen la misión de transmitir información de una neurona a otra. Suelo ayudarme improvisando un dibujo. Informo también al paciente de que las neuronas no contactan físicamente entre si tal cual como lo hacen dos cables eléctricos que al tocarse encienden una bombilla, pues la comunicación interneuronal tiene lugar a través de unos mensajeros (los neurotransmisores) que viajan desde una neurona a otra para transmitir una determinada información.

Aprovecho entonces para informar al paciente de que en la depresión hay una deficiente concentración de neurotransmisores, la comunicación neuronal es inadecuada, y ahí es donde interviene el mecanismo de acción de los antidepresivos para soslayar el problema.

La recaptación
La neuronas tienen una predisposición a recuperar —o recaptar— los neurotransmisores que previamente han liberado. Esta recaptación es una especie de mecanismo de ahorro que obliga a los neurotransmisores a regresar a su neurona de origen. El resultado es que disminuye su presencia en el espacio intersináptico y se dificulta la transmisión de la información que contienen.

Para entender mejor este mecanismo, les pido a mis pacientes que imaginen a un camión cuya única misión es ir una y otra vez al espacio intersináptico para recoger los neurotransmisores que allí encuentre y trasladarlos a sus neuronas de origen. En esto consiste la recaptación, y el resultado es que cuantos menos neurotransmisores haya en el espacio intersináptico mayor será el riesgo de sufrir depresión.

Quedémonos de momento con esta imagen, pues nos será útil dentro de un momento.

4- ¿Cómo actúa un antidepresivo?
Los antidepresivos más utilizados en la práctica médica son los ISRS (inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina), y su mecanismo de acción consiste en inhibir la recaptación de los neurotransmisores (en concreto la serotonina) descrita en el apartado precedente.

Para entender en que consiste dicha inhibición, volvamos al ejemplo del camión e imaginemos que en esta historia interviene ahora un nuevo personaje encargado de pincharle las ruedas al camión o averiarle el motor para evitar que cargue se lleve los neurotransmisores. Esto es exactamente lo que hacen los antidepresivos mas utilizados: inhibir la recaptación de un neurotransmisor llamado serotonina, y la consecuencia de ello es que aumenta la presencia y la biodisponibilidad de la serotonina en el espacio intersináptico. La consecuencia inmediata es que el riesgo de depresión disminuye, o bien la depresión mejora si ya se hubiera instaurado.

Existen otros mecanismos de acción utilizados por otros antidepresivos, pero este es el que define el modo de actuar de los antidepresivos de uso más frecuente.

¿QUE SÓN PERSONAS DE ALTA SENSIBILIDAD? (P.A.S.)

Estas personas perciben y gestionan más información, lo que las lleva a vivir los estímulos de forma más intensa.

Esto tiene ventajas: las PAS son conscientes de detalles muy sutiles en su entorno. También son reflexivas, intuitivas, creativas, empáticas y cuidadosas. Pero este rasgo, como cualquier otro, también tiene sus, Inconvenientes: estas personas pueden ser muy cautas y demasiado volcadas en su interior. A veces se sienten desbordadas y exhaustas por la sobreactivación que resulta, por ejemplo, de estar con mucha gente o en ambientes muy ruidosos.

Gracias a este proceso de búsqueda de información, Alcón, jerezano de 38 años que vive en Madrid, sintió “serenidad -cuenta a Verne por teléfono-. Entendía por qué me pasaban muchas cosas y aprendí a gestionarlas”.

Un rasgo normal (y frecuente)

Aunque la etiqueta suene extraña, ser altamente sensible no es ningún trastorno. Y es más habitual de lo que parece. Como escribe Elaine Aron en El don de la sensibilidad, se trata de algo normal, “un rasgo básicamente neutro”. Entre el 15% y el 20% de la población es altamente sensible, en diferentes grados, y otro 22%, moderadamente sensible. (Si quieres una orientación acerca de si estás o no en este grupo, puedes probar con este test de la propia Aron).

Aron fue la psicóloga que puso nombre a este rasgo y quien lo popularizó gracias su libro, publicado en 1996. (Por cierto, su marido es Arthur Aron, también psicólogo y autor del experimento de las 36 preguntas para enamorarse).

Aunque a menudo se asocia este rasgo con otros como la introversión y la timidez, Manuela Pérez, presidenta de la Asociación Española de Profesionales de la Alta Sensibilidad, apunta que “tienen similitudes, pero son diferentes entre sí”, hasta el punto de que un 30% de las PAS son extrovertidas.

Una de las cosas que sí comparten estos tres rasgos es que se tienden a ver de forma negativa en nuestra sociedad, como si se tratara de defectos. Se valora a la gente extrovertida, sociable y despreocupada, lo cual está muy bien, pero no se ve con tan buenos ojos a quien se muestra más sensible o necesita tiempo a solas, actitudes que a menudo se ven como si se tuvieran que “curar”.

Como escribe Aron, “existe esa presión para hacer lo que hacen todos, para ser normales, guardar las apariencias, hacer amigos, satisfacer las expectativas de todos…”, que se nota especialmente en la adolescencia y juventud.

Alcón explica que ha sentido esa presión a menudo, ya que vivimos en una cultura “muy extrovertida. Somos de calle y de exponernos”. Esto no es nada malo, pero hace que los PAS tengan la sensación de “ir a contracorriente porque no te gusta lo que le gusta a todo el mundo y parece que la cultura no te acepta”. En resumen, “no consigues encajar por mucho que lo intentes”.

Conocer los límites

Todo esto no quita que los PAS deban aprender sobre sí mismos “y aplicar técnicas o procesos que nos ayuden a una mejor adaptación al entorno o bien a sacar lo mejor de este rasgo. Algunas tienen que ver con la reformulación de creencias y otras con el autocuidado, gestión de límites o la comunicación”, comenta Pérez.

Es decir, del mismo modo que una persona muy sociable también ha de aprender a estar sola, una PAS tiene que buscar el punto medio entre forzarse demasiado hacia afuera, (asumiendo muchas responsabilidades, por ejemplo) y mantenerse demasiado hacia adentro. Es decir, a veces tiene a sobreprotegerse, “cuando en realidad lo que anhela es estar fuera, en el mundo”, como escribe Aron. La psicóloga añade que “quizá lo más difícil de todo sea decidir hasta dónde protegerse, hasta dónde forzarse”, sin dejar de valorar un rasgo que “ofrece muchas cosas de las que carecen los demás”.

Por ejemplo, Alcón cuenta que hay sábados que le apetece quedarse en casa con un libro y otros en los que va con sus amigos, pero conociendo sus límites: “A lo mejor llego un poco más tarde y me voy antes”, cuenta. “Se trata de encontrar el equilibrio” y favorecer “un entorno de confort en el que puedes ser tú mismo”.

Otra opción que Alcón tiene es verse también con otros PAS. A principios de febrero de 2015 organizó la Asociación de Alta Sensibilidad de Madrid, con el objetivo de conocer a más personas sensibles. Hizo una convocatoria en la página MeetUp para un primer café y creía “que se apuntarían tres o cuatro. Se apuntaron 40. No sabía dónde meter a tanta gente”.

Con este grupo, explica, se han creado “espacios de encuentro”. Hacen desde cafés temáticos a picnics y excursiones, que también convocan a través de su grupo de Facebook que cuenta con más de 2.000 miembros. Intentan reunirse en espacios tranquilos, “que nos permita escucharnos” y, sobre todo, compartir sus experiencias. No solo como PAS, claro: “Tenemos vivencias y formas de ser muy diferentes”. Por eso también hay grupos específicos para familias, personas LGTB+, mayores de 50 años… Ya llevan más de 100 encuentros. “Quedamos por lo que nos une y compartimos lo que nos diferencia”.

Hombres y mujeres PAS
Una muestra interesante de cómo la cultura moldea nuestra visión sobre la sensibilidad la encontramos en un dato que da Aron en su libro: los porcentajes de hombres y mujeres PAS son similares. Pero la psicóloga apunta que “la cultura marca diferencias”, sobre todo porque (aún) se tiende a tratar a niños y niñas de forma diferente en lo que atañe a su sensibilidad.

En el caso de los niños se tiende a reprimir esta sensibilidad, mientras que en el de las niñas se potencia y se puede llegar a sobreprotegerlas. Este prejuicio cultural se mantiene en la edad adulta, escribe Elaine Aron en El don de la sensibilidad. De hecho, Manuela Pérez, presidenta de la Asociación Española de Profesionales de la Alta Sensibilidad, explica que en consulta recibe a “hombres con claras dificultades para mostrar esta sensibilidad o expresar las emociones relacionadas con estas, como el llanto o el miedo”.

Para Pérez, esta visión social de la sensibilidad está cambiando: “Cada día hay muestras de cómo la sensibilidad se está viviendo y percibiendo como una fortaleza de enorme utilidad”, tanto personalmente como en el ámbito laboral, donde “están surgiendo nuevos modelos de liderazgo enfocados desde la empatía y la colaboración”.

¡¿Iniciar una conversación DELICADA!?

La comunicación humana, rica en lenguaje verbal y no verbal, presenta muchos recursos expresivos que, bien utilizados, te permitirán conectar mejor con las demás personas; incluso contigo mismo. Dentro del universo de herramientas están las preguntas.

Entre las más empleadas, existen 6 tipos de preguntas, a saber: cerradas, abiertas, reflexivas, directas, retóricas y de opciones múltiples.

¿Por qué es importante distinguirlas? Porque son esenciales para interactuar en forma efectiva, ya que son la base de la comunicación entre las personas, más allá de la lengua o la cultura. Sirven para buscar información, conectar con otro tipo de conocimiento, pedir, reafirmar conceptos y profundizar en los vínculos, entre sus múltiples acepciones.

Acaso las preguntas surgieron como una manifestación sobre la curiosidad innata en las personas. Incluso cuando tú mismo te las formulas, el cerebro se moviliza para traer respuestas y conexiones para generar estímulos desafiantes y diferentes.

· De niños a adultos
Cuando somos niños, las preguntas son más bien ingenuas, y tienden a obtener respuestas directas sin filtros y que, en general, puedan resolver necesidades inmediatas o inquietudes que parten de la curiosidad infantil.

Ya de adultos, nos adentramos en las razones de la vida y de las cosas; nos cuestionamos; reformulamos respuestas; conectamos con la profundidad del ser y buscamos referencias, datos, y conocer mejor desde dónde actúan las demás personas, entre millones de interpretaciones posibles.

· Los 6 tipos de preguntas
Cuando exploras esta tipología de preguntas, te adentras en un universo que aplicas cotidianamente -quizás sin darte cuenta-. Si quisieras ser más asertivo en tus comunicaciones, esta explicación te ayudará a comprenderte y comprender mejor a los demás:

  1. Preguntas cerradas: en su mayoría se responden por “si” o “no”, o con frases cortas o una sola palabra. Sirven para conseguir o validar información inmediata. Se refieren a hechos concretos; son rápidas de responder y, quien las formula, mantiene cierto control de la conversación. Las reconocerás rápidamente en interrogatorios directos. Ejemplos: “¿Estabas allí?”, “¿Quieres saber más?”, “¿Te gustaría ir al cine?”. La ventaja es la rapidez de resolución, y la desventaja, es que si deseas profundizar necesitarás combinarlas con otras preguntas.

  2. Preguntas abiertas: requieren respuestas más extensas, ya que eso es lo que buscan. Necesitan de mayor elaboración, y permiten profundizar en aspectos claves sobre los que se desea preguntar. Además, al hacerlo, involucras más a la otra persona, y no alcanza con responderlas con “si” o “no”. Ejemplos: “¿Cuál es su opinión?”, “¿Qué pasó que llegaste tarde?”, “¿Cuál fue tu último gran reto?” Se basan en pronombres como qué, cuándo, por qué, quién, cómo, cuánto, etcétera. Se utilizan para indagar sobre pensamientos, ideas, creencias, y articulan conversaciones más ricas por cuanto llevan a expresar sentimientos, opiniones y visiones de las cosas. Además, entregan el control de la conversación a la persona que responde.

  3. Preguntas reflexivas: Este tipo de preguntas aportan más detalles sobre quien responde; permiten ir más allá de lo que te dicen. Generalmente son hipotéticas o condicionales; de alguna forma, se puede influenciar a la otra persona, como una inducción básica. Además, permite profundizar en las respuestas que recibes, para aclarar, reconsiderar, corregir o añadir conceptos.. Ejemplos: “¿Usted estaría conforme si llegamos a este trato comercial?”, “¿Qué puede hacer junto a mi para crear juntos un proyecto exitoso?”.

  4. Preguntas directas: Su forma permite inclinar un poco la balanza hacia el criterio imperante de quien pregunta, porque suelen incluir escenarios e ideas bastante claras que se infieren en el mismo cuestionamiento. Es una forma sutil de dirigir la intencionalidad de las respuestas que dará la otra persona; un ejemplo gráfico -en general- es cómo reaccionan los niños a estas preguntas directas, ya que suelen responder de acuerdo a lo que el mayor espera. Se combinan muchas veces con las preguntas indirectas. Veamos estos ejemplos, empezando por una formulación DIRECTA: “¿Cómo logras mantener tu mente en calma cuando afrontas situaciones tan desafiantes en tu ámbito laboral?” (observa que la pregunta presupone problemas en el trabajo del otro); INDIRECTA: “Me imagino que debe ser un desafío mantener la mente en calma ante situaciones desafiantes en tu ámbito laboral”. DIRECTA: “A mí me gustaría proponerte algo especial para ambos: ¿quieres que salgamos como pareja?”. INDIRECTA: “Me gustaría proponerte algo especial para ambos, y tiene que ver con invitarte a salir como pareja”.

  5. Preguntas de opciones múltiples: Es una variedad de cuestionamientos directos-cerrados dándole al otro varias alternativas. Esto obliga a la persona a escoger lo que considera mejor, en el momento. Se utilizan en ventas, en exámenes o cuando hay que obtener información mediante cierto direccionamiento. Suelen presentar al menos dos alternativas (es decir, una dicotomía, entre una cosa y otra). A la vez, cuando una persona se pierde en las respuestas, ayudan a encontrar el ritmo y dirección de la conversación. Incluirás opciones dentro de otras, incluso si quieres distraer la atención de la otra persona, hasta entregar al final la dicotomía. Ejemplos: “¿Es usted una persona segura de sí misma o siente que se deja influenciar por los miedos internos?”; “¿Quiere tomar un café, o quizás algo fresco?”.

  6. Preguntas retóricas: Están diseñadas para crear empatía o generar pensamientos rápidos que se traduzcan en respuestas inmediatas antes de seguir abordando un tema. Es la técnica que utilizan los grandes oradores, donde rematan conceptos con frases como “¿Sí o no?”, “¿Vamos bien hasta aquí o pasamos a otro tema?”, y sirven para retomar la consciencia del público sobre un tema. A veces tienen toques de humor, como por ejemplo cuando alguien finaliza una frase con un refrán popular, y permite que el otro (o el público) lo complete verbalmente.


  • Finalmente, el lenguaje gestual y la comunicación no verbal es igualmente de elocuente para formular preguntas; no siempre es necesario usar palabras. El caso típico es cuando enfatizas una idea con un gesto de tu rostro, o con las manos, apoyando en forma silenciosa algo que es más expresivo que si lo dijeras en una frase.

Como observas, el tema de las preguntas no es una simple cosa de hacer cuestionamientos; sino más bien de elaborar, enriquecer, hilvanar y despertar el poder comunicativo, en ti y en los demás, para hacer más fluidos los intercambios.

CELOS ENTRE HERMANOS

Los celos son un sentimiento que genera malestar. Sin embargo, no son un sentimiento a erradicar, puesto que se vinculan con el cuidado de aquellas personas que más se quiere. Son sanos y necesarios para garantizar un buen desarrollo emocional del niño.

Los celos ayudan a los niños a adaptarse a nuevas situaciones y son la vía para mostrar su inquietud por tener que compartir aquello que consideraban únicamente suyo: sus padres. Con el nacimiento de un hermano pequeño, los niños pueden mostrar además de los celos, emociones asociadas como el enfado, el miedo y la inseguridad.

Los niños de entre 2 a 5 años están inmersos en una etapa egocéntrica propia de su desarrollo evolutivo que, poco a poco, irán superando. A partir de los 6 años los celos entre hermanos irán disminuyendo e incluso desapareciendo. Pero hasta entonces, hay que tener mucha paciencia e intentar demostrar a vuestros hijos que los queréis por igual. Algo que internamente es evidente pero en apariencia puede no serlo.

La sentimientos de celos están vinculados a la pérdida de algo que se percibe como propio en favor de una tercera persona. En el caso de un niño que siente celos de su hermano pequeño, lo que intuye es que está perdiendo el amor de sus padres (que es suyo porque hasta ahora era enterito solo para él) y se lo está quitando su hermano pequeño. También puede ocurrir al revés, que sea el pequeño el que sienta celos del primogénito por tener una relación de mayor confianza con los padres.

LOS CELOS ESTÁN VINCULADOS A LA PÉRDIDA DE ALGO QUE SE PERCIBE COMO PROPIO EN FAVOR DE UNA TERCERA PERSONA

Si se piensa por un momento, los celos de los niños hacia sus hermanos no difieren de los celos de los adultos en la pareja. En ambos casos hay otra persona que quiere robar “lo que es nuestro“. En los adultos es un poco más complicado porque existen otras variables en las que no voy a entrar… pero la base del sentimiento tiene el mismo sustrato.

Cómo se manifiestan los celos entre hermanos
Cuando un niño siente celos de su hermano, su comportamiento cambia. Los celos se pueden exteriorizar de dos formas:

De manera silenciosa. Los celos silenciosos pueden pasar desapercibidos porque el niño “no da guerra“. El niño se comporta bien, obedece a la primera, parece no enfadarse nunca… pero cuidado si antes no actuaba de esa manera. Puede que fuerce un buen comportamiento por el miedo de perder a sus padres. Es muy probable que por dentro esté guardando todo un mar de emociones desagradables y resentimiento.

De manera ruidosa. Son los celos más llamativos, los que enseguida detectamos.

Algunas de las conductas que suelen aparecer en este tipo de celos son:

• Regresiones: volver a chuparse el dedo, volver a hacerse pis en la cama, retomar los despertares nocturnos…

CUANDO LOS CELOS NOS SUPERAN

Los celos son la manifestación de conductas en respuesta al estímulo que amenaza con apropiarse, destruir o robar lo propio. Pero también puede ser la aspiración de posesión o éxito, características o propiedades de otra persona, de tal forma que puede ser asociado a la envidia. Ser celoso, es utilizado como adjetivo, verbo o atribución de personalidad. El individuo con celos no pierde su entorno con la realidad, puede ser funcional, pero se abruma con ideas constantes de que la pareja es infiel. Los celos pueden ser patológicos, si ocupan más del 30% de su actividad en buscar el detonador de su conducta, a partir de entonces entra en la subclasificación de un Trastorno Delirante: la celotipia.

MANIFESTACIÓN CLÍNICA DE CELOTIPIA
El celotípico suele ser suspicaz, rígido, vigilante, auto-referente (él es el centro de atención), con miedo a la autonomía y comúnmente asociado a procesos de grandeza.

La celotipia suele generar problemas sociales, legales, laborales o conyugales como consecuencia de las ideas delirantes. Los sujetos que poseen este trastorno desarrollan un estado de ánimo irritable: ira o comportamiento violento. La celotipia hace a un individuo caótico, disfuncional, con pérdida de atención, le genera un pensamiento proyectivo y hostil. El celotípico suele ser suspicaz, rígido, vigilante, autoreferente (él es el centro de atención), con miedo a la autonomía y comúnmente asociado a procesos de grandeza.

El caso típico de un celotípico es sentirse frustrado, privado de sus derechos afectivos, emocionales y sexuales. Interpreta que la pareja prefiere a otro, iniciándose así una búsqueda de pruebas concluyentes. Un delirio sistematizado de sentirse menos preferido y no tratado de forma especial.

LA CELOTIPIA TIENE LOS SIGUIENTES CRITERIOS:
Pensamientos irracionales sobre infidelidad de la pareja.
Conductas dirigidas a comprobar la infidelidad.
Sentimientos intensos de cólera, miedo, tristeza, culpa.
Violencia verbal o física contra la pareja o el supuesto rival.

¿DIFERENCIAS ENTRE HOMBRES Y MUJERES?
El delirio de celos asociado a cuadros paranoides se ha descrito principalmente asociado al sexo femenino y a pacientes jóvenes; mientras que el delirio de celos asociado al alcoholismo se ha descrito casi siempre al sexo masculino. Los hombres despiertan la conducta de celo en mayor proporción por la pérdida de la pareja con el enfoque sexual. La mujer lo realiza por perder del afecto, espacio, protección, tiempo invertido y, en menor proporción, con el evento sexual comparado a como lo hacen los varones.

FACTORES SIN SER TOTALMENTE CAUSALES PARA SER CELOTÍPICO:

(1) Factores familiares (aparece historia familiar en casi un 20%). En ocasiones, la celotipia se aprende en casa.

(2) Factores psiquiátricos (los celos pueden ser el primer signo de enfermedad psicótica paranoide o esquizofrenia; pueden asociarse a diversas características de personalidad y síntomas neuróticos; o pueden ser un síntoma de tipo depresivo primario o secundario).

(3) Factores orgánicos (alteraciones orgánicas cerebrales de tipo traumáticas, vasculares, demencias, epilepsia). Es decir, la celotipia suele acompañar a algunas enfermedades neuronales.

(4) Factores tóxicos (intoxicaciones por alcohol, anfetaminas, cocaína). El alcohol incrementa la celotipia desde un 22% a un 41%. Existen dos subgrupos de celotipia alcohólica: uno de aparición exclusiva durante la intoxicación alcohólica y otro mantenido durante los periodos de abstinencia. El 72% de las personas alcoholizadas persisten con los celos aún después de haberse recuperado de una intoxicación alcohólica.

(5) Factores hormonales (pueden aparecer en periodos hormonales específicos como la menopausia, embarazo, postnatal o en el hipertiroidismo). Las hormonas influyen en muchas conductas, la celotipia no es la excepción.

FASES DE LA CELOTIPIA EN EL CEREBRO
Inicio o manifestaciones precoces: suspicacia, fascinación de lo oculto, búsqueda de la verdad, rigidez, idea delirante, confusión, primeros conflictos de agresión, hostilidad y discusiones. En esta condición, la corteza prefrontal (ventromedial) la que planea y toma decisiones incrementa su actividad, pero paradójicamente por momentos pierde la congruencia y la lógica, la noradrenalina y dopamina se incrementan en esta región del cerebro, lo cual motiva la conducta irreflexiva, reduce la inteligencia y permite la toma inadecuada de decisiones. Es un proceso que se inicia como un flash” o choque de luz.

La actividad hormonal se instala gradualmente, induce liberación de cortisol y aldosterona, con evidentes cambios cardiovasculares y metabólicos como la hiperglicemia. Se proyecta un estado de activación corporal permanente.

Fase aguda: el malestar interno es intolerante, se pierde el control. Se manifiesta una ansiedad asociada a sentimientos caóticos. Fallan las estrategias de estabilización. Inicia un proceso de aislamiento, hay “acumulación” de pruebas. Un pequeño evento desencadena un tórrido conflicto. En esta fase, falla el control pre-frontal totalmente. La actividad límbica predomina, en especial, el hipocampo se manifiesta, los recuerdos abruman y la corteza del cíngulo asocia eventos dolorosos-emotivos. Se lleva a cabo el reforzamiento incesante de ideas y recuerdos. La actividad hormonal se instala gradualmente, induce liberación de cortisol y aldosterona, con evidentes cambios cardiovasculares y metabólicos como la hiperglicemia. Se proyecta un estado de activación corporal permanente. El insomnio se presenta y existe un consumo excesivo de energía.

Cristalización final o psicosis desarrollada: Los sentimientos se exteriorizan, hay delirios, aparecen enemigos, la conducta de defensa se agrega, los factores desencadenantes ahora son internos. La respuesta es defensiva, agresiva, el proceso es fluctuante, solo por momentos, el individuo es consciente de su realidad. Aparecen decisiones poco pensadas. La actividad prefrontal es intermitente en el evento.

Los procesos emotivos se centran a un estímulo desencadenante, en consecuencia la liberación de dopamina, noradrenalina, cortisol es reforzada a eventos esperados.

Nuestro cerebro tiene la capacidad de orquestar y manifestar la conducta celosa, la cual, si es adecuada puede ser motivante y favorecer la solución a un problema de pareja. Sin embargo, también es sencillo llegar a un extremo, a lo patológico. La celotipia como trastorno cobra la disolución del vinculo afectivo. Genera más problemas de los que pretende resolver. Atrapa y calumnia.

Es necesario cuidar no caer en ella, reflexionar antes de una explosión puede resultar conveniente.

CONCLUSIÓN
El amor celoso es el requisito previo, el antecedente cognitivo-afectivo y conductual de la celotipia.

El amor tiene DOS dimensiones fundamentales: UNO implica el deseo y posesión de la persona, asimilar la conducta y proyectar lo que se desea, esto es intenso en el enamoramiento; la OTRA dimensión implica el deseo de darse y perderse en el amor: hay un balance entre la autoafirmación y la autoentrega. La aparición de la traición anula cualquiera de los DOS procesos. Por ello los celos evitan llegar a este proceso doloroso. Pero en sí, la conducta celosa ya tiene un proceso de dolor moral implícito. El conflicto se basa en frustración y decepción dolorosa.

La celotipia destruye el amor, una de las paradojas terribles de su existencia. Con ello, activando redes neuronales y neuroquímica semejantes para el amor pasional.

¿Cuánto tiempo se necesita para superar una ruptura?

Curiosamente, las mujeres parecen recuperarse antes, pero en esa etapa sufren más.


El fin de una relación amorosa no solo es doloroso emocionalmente; además, hacen que tengamos una sensación de pérdida de control sobre nuestras vidas. Por eso, es normal que quien está pasando por estas experiencias se haga una pregunta que prácticamente todos los que sufren por desamor se hacen: ¿cuánto tiempo se necesita para superar la ruptura de pareja?

En las siguientes líneas veremos lo que se sabe acerca de la duración de este proceso de recuperación psicológica.

 

¿Cuánto tiempo se necesita para superar la ruptura?
Ningún cambio psicológico se da de la noche a la mañana, ni en la teoría ni en la práctica. El simple hecho de intentar obligarse a uno mismo a dejar de sentirse mal inmediatamente es en el mejor de los casos poco eficaz, y en el peor, dañino.

En el caso de la ruptura de pareja esto es muy claro. La historia de amor que se ha vivido junto a otra persona deja una huella emocional muy potente que no tiene por qué desaparecer justo cuando nos conviene, como si se tratase de un archivo de ordenador. Nuestros cerebros no funcionan obedeciendo a nuestros deseos, porque están ahí desde mucho antes de que empezásemos a pensar acerca de las emociones que sentimos.

Así pues, el tiempo es un elemento clave a la hora de superar una ruptura amorosa; lo queramos o no, necesitamos este ingrediente para sentirnos mejor cuando nos damos cuenta que uno de estos capítulos de nuestras vidas se cierran. ¿Y cuánto dura ese periodo?

Según una investigación llevada a cabo por la University College London y la Binghamton University y cuyos resultados han sido publicados en la revista Evolutionary Behavioural Sciences, en la mayoría de los casos pasan entre 6 meses y 2 años para que las personas consideren haber superado una ruptura. Sin embargo, hay muchos factores que parecen influir en el tiempo necesario, y el sexo de la persona es uno de ellos.

 

Las mujeres se recuperan antes tras el desamor.


Por lo que reflejan los datos recopilados a partir de esta investigación, basada en cuestionarios administrados a más de 5.000 personas de 96 países, las mujeres sufren más intensamente que los hombres cuando hace poco que se ha producido la ruptura, pero también se recuperan antes que estos últimos. De hecho, por lo que se ha visto, es relativamente frecuente que los hombres empiecen otra relación de pareja sin haber superado del todo una ruptura anterior.

Una posible explicación a esta diferencia entre mujeres y varones es la siguiente: ellas tienden a invertir más en cada relación, dado que su bienestar queda más comprometido a causa de la posibilidad de ser madres y por la presión cultural asociada al rol de género femenino, mientras que los hombres tienden a asumir que deben adoptar una mentalidad competitiva en el amor. Esto haría que muchas mujeres sufriesen la ruptura de un modo más puntual, mientras que los hombres siempre llevasen a cuestas la presión de tener que llamar la atención de una potencial pareja.

 

La importancia de la resiliencia


Es cierto que el tiempo es un factor importante a la hora de superar una ruptura de pareja, pero también es verdad que cada persona tiene una manera diferente de afrontar las adversidades. Esta capacidad para encajar los golpes (metafóricamente hablando) que nos da la vida es lo que se conoce como resiliencia.

Aunque parezca extraño, hay quienes carecen casi totalmente de resiliencia. No es que sean personas que no quieran esforzarse para salir de esa clase de baches; justamente, cuando peor nos va es muy fácil que perdamos el control de nuestras actitudes y nuestros hábitos, y como consecuencia hay quien al pasar por un mal momento se siento totalmente incapaz de hacer otra cosa que no sea intentar resignarse, o incluso fantasear con sus propias miserias.

Es muy posible que la resiliencia tenga en parte un componente genético, de manera que diferentes personas tengan distintos grados de facilidad o dificultad para sobreponerse, pero no cabe duda de que el aspecto ambiental y aprendido es básico. Por eso, interiorizar una serie de habilidades puede hacer que el tiempo necesario para superar una ruptura se acorte, mejorando nuestra resiliencia, pero también puede ser que conductas aprendidas voluntaria o involuntariamente alarguen innecesariamente este periodo de sufrimiento.

Por eso, algunas personas necesitarán acudir a terapia psicológica para disponer de una especie de “entreno emocional”; otras, tan solo necesitarán del apoyo de familiares y amigos, etc. Lo importante es tener claro que la resiliencia, ya sea aplicada al desamor o a cualquier otro aspecto de la vida, es algo individual, y que las investigaciones centradas en el tiempo que se necesita para recuperarse psicológicamente tras una ruptura es una tendencia generalizada, un fruto de la estadística y no del funcionamiento del cerebro de uno mismo. En las emociones no existen unas reglas claras que nadie puede sobrepasar; cada uno debe explorar esa jungla siempre misteriosa que es su propia mente.

¿Cómo de probable es que te engañe tu pareja?

¿Si ha sido una vez infiel? ¿Lo será de nuevo? ¿Un infiel lo es y será siempre?

A pesar de que la infidelidad es un campo con investigaciones cada vez más abundantes, lo cierto es que hay pocos sobre el papel acerca de la predicción de la infidelidad con el paso del tiempo. Normalmente nos interesamos en los factores que subyacen a la infidelidad y no en qué probabilidades hay de que vuelva a ocurrir.

De forma anecdótica, lo que solemos creer es que si alguien ha sido infiel en el pasado, lo más probable es que vuelva a serlo de nuevo. Aunque no hay una manera real de vaticinar con precisión si una persona va a engañar a su pareja, el viejo dicho de ‘tramposo una vez, tramposo siempre‘ existe por una razón. Pero, ¿cuánta verdad hay en esta creencia popular?

En un entorno en el que tener múltiples parejas es una posibilidad social, la infidelidad, si existe en las relaciones románticas, puede tener distintos significados. Así, por ejemplo, es posible que ciertas personas solo experimenten la sensación de infidelidad si se violan ciertas normas específicas del contexto de la relación.

También es cierto que los individuos que experimentan la misma situación con relación a sus padres tienen más propensión a ser infieles -no hay datos concretos-, puesto que la familiaridad con un comportamiento es más probable a través del aprendizaje social y la educación.

Tener conocimiento de que nuestra pareja nos ha sido infiel puede ser una experiencia profundamente inquietante y desorientadora, haciéndonos dudar de en quién podemos confiar a partir de esa revelación.

Experimento sobre infidelidad

Los investigadores contaron con la participación de 484 personas solteras (329 mujeres y 155 hombres) que habían mantenido al menos 2 relaciones en los últimos 5 años con objeto de averiguar si ser infiel una vez inclinaba la balanza para volver a engañar a la pareja o no. Todos los participantes mantenían relaciones heterosexuales, aunque los expertos esperan poder examinar parejas del mismo sexo en el futuro.

A pesar de que cada persona o pareja puede tener diferente definición de lo que es ‘engañar‘ o ser infiel, para el estudio, los investigadores tipificaron el engaño en la participación en una relación sexual con alguien que no fuera la pareja.

Los voluntarios tuvieron que cumplimentar un cuestionario cada 4-6 meses durante 5 años, con preguntas como “¿Ha tenido relaciones sexuales con alguien que no sea su pareja desde que empezó a salir seriamente?“.

¿Cuáles fueron los resultados?

Aquellos que ya habían sido infieles tenían 3 veces más probabilidades de volver a engañar en otra relación sentimental. También descubrieron que aquellos que habían sido engañados en el pasado eran más propensos a averiguar si sus compañeros posteriores estaban siéndoles infieles.

La infidelidad es un área llena de conflictos y perspectivas diferentes

Estos resultados sugieren que si alguien ha luchado por ser fiel en el pasado, debe hacer un trabajo personal para averiguar por qué tuvo lugar esa infidelidad para que puedan evitar repetir esos patrones en el futuro. Y si alguien ha estado con una pareja infiel en el pasado, es posible que deseen prestar mucha atención a cualquier señal de alarma para evitar terminar en esa situación de nuevo“, explica Kayla Knopp, líder del trabajo.

¿Cómo hay que hacer frente a estos resultados? Lógicamente un estudio con menos de 500 personas es una muestra relativamente pequeña y la infidelidad es un tema bastante complejo que no se ciñe exclusivamente a tener una relación sexual con otra persona que no es nuestro compañero. Sea como fuere, el estudio sí proporciona cierta información interesante sobre la probabilidad de que alguien que ha engañado antes lo haga de nuevo en el futuro.


Factores de riesgo asociados a la infidelidad
1. Bajo compromiso en la relación.
2. Disminución de la satisfacción sexual y de las relaciones sexuales.
3. Rasgos específicos de la personalidad (por ejemplo, neuroticismo y menor aceptación)
4. Actitudes permisivas sobre el sexo / infidelidad.
5. Estar en un contexto social que aprueba la infidelidad.
Referencia: Once a Cheater, Always a Cheater? Serial Infidelity Across Subsequent Relationships. Kayla Knopp et al. 2017. Archives of Sexual Behavior doi.org/10.1007/s10508-017-1018-1