DEPRESIÓN MUESTRA BUENA RESPUESTA A LA TERAPIA HUMANISTA

En el caso de la Terapia Focalizada en el Emoción, existen al menos tres investigaciones cuyos resultados pre-post están disponibles y otros tres que se podrían calcular. Las tres primeras investigaciones son las más importantes. Tanto el York I Depression study (1998) y el York II Depression study (2001) los realizó Greenberg y su equipo en la universidad de Toronto. En estos estudios, se comparaba la Terapia Focalizada en la Emoción con la terapia Centrada en la Persona. No se encontraron diferencias en la reducción de síntomas depresivos ni al terminar la terapia ni durante el seguimiento 6 meses después, pero la TFE tenía mejores resultados a mediados y final de tratamiento tanto en el nivel total de los síntomas, como en la autoestima y reducción de problemas interpersonales. La tercera investigación, la llevó a cabo Watson y su equipo en Toronto en el 2003. En ésta, compararon la TFE y la terapia Cognitivo Conductual. No encontraron diferencias significativas entre ambos grupos. Ambas terapias mejoraron el nivel de depresión, autoestima, sintomatología en general y actitudes disfuncionales. Sin embargo, la TFE mejoraba la asertividad de los pacientes.


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La TFE ha demostrado con el ejemplo que se puede demostrar la efectividad de las terapias humanistas, hacer una terapia verdaderamente integradora, y crear la terapia a partir de lo investigado en los procesos de cambio, no investigar a raíz de una teoría de terapia ya construida con anterioridad. Ojala todas las formas de terapia puedan ir acercándose más y mejoren nuestra comprensión de los trastornos.

MOTIVOS DE DISCUSIÓN EN VACACIONES Y POSIBLES SOLUCIONES

No se trata de un mito más: “Los que nos dedicamos a estos temas sabemos que, en cuanto llega septiembre, el número de demandas de separación y de divorcio aumenta considerablemente. De hecho, se puede decir que en esta época ‘nos preparamos’ para el incremento de parejas que visitan los despachos durante este mes con la intención de iniciar los trámites necesarios para dar por finalizada su relación”, explica el abogado Miguel Ángel Jaimez, especializado en temas de familia, de Granada.

La cuestión es ¿por qué las ansiadas vacaciones, que en principio suponen la posibilidad de disfrutar de más tiempo en compañía de la pareja, libres de todo estrés laboral y preocupaciones cotidianas, se traduce en una ruptura?

La psicóloga María Jesús Álava Reyes, autora, entre otros, del libro Emociones que hieren, señala que esta situación se debe en gran medida a las expectativas poco realistas con las que muchas parejas se enfrentan al descanso estival: “Se suelen plantear demasiados objetivos, planes y actividades a realizar, como si el tiempo fuese infinito. A esto hay que unir el enfoque diferente de la afectividad: un miembro de la pareja (generalmente las mujeres) puede necesitar determinadas manifestaciones afectivas, y el otro (habitualmente los hombres), confunde afectividad con sexualidad. A veces, por sorpresa, se constatan conductas que pasan inadvertidas en la vorágine de la vida familiar. Pero, por encima de todo, hay un hecho determinante: es muy difícil la convivencia las 24 horas del día, algo a lo que la mayoría de las parejas no está acostumbrada durante el resto del año”.

Los cuatro “culpables”

Según los expertos en el tema, son cuatro los principales motivos que precipitan la decisión de poner fin a una relación tras las vacaciones estivales:

1. Infidelidad

Aunque las estadísticas subrayan que la causa principal del divorcio en España es la infidelidad del varón 18,6 %, lo cierto es que la mujer también empieza a “ganar terreno” en este campo. Respecto a este tema, se pueden dar dos circunstancias: que uno de los miembros de la pareja sea infiel precisamente en la época estival (el “Síndrome del Rodríguez”) o que, debido al mayor tiempo que se pasa con la pareja, salga a la luz o se descubra una infidelidad cometida.

Qué se puede hacer al respecto. Muchos expertos coinciden en afirmar que en un elevado número de casos la infidelidad suele ser consecuencia de un problema mucho más profundo entre la pareja y una falta de comunicación. “Con una adecuada orientación (mediador familiar, psicólogo) muchas parejas consiguen perdonar y desdramatizar el suceso, y volver a confiar en el otro. En estos casos, resulta especialmente importante determinar el motivo por el que se ha buscado una relación paralela para tratar de establecer alternativas de cambio si es posible. En todos los casos, resulta de especial ayuda el apoyo de un psicólogo, sobre todo en aquellas parejas en las que uno de los miembros no puede integrar ni entender el suceso en su vida cotidiana, atribuyéndole significados ocultos a la infidelidad lo que, si no se actúa a tiempo, puede convertir la relación en un auténtico infierno”, señala la psicóloga Laura García Agustín, directora del Centro de Psicología Clavesalud, de Madrid.

2. La familia política

“Suele ser un tema que con frecuencia sale a relucir cuando la pareja acude a nuestros despachos después del verano –comenta el abogado Miguel Ángel Jaimez-. “Aunque lo ideal es pactar de antemano con la pareja lo adecuado o no de que compartir las vacaciones con la familia política, en ocasiones esta decisión nos viene impuesta, lo que puede suponer un coste emocional muy alto”, explica Laura García Agustín.

Qué se puede hacer al respecto. A no ser que la situación se derive de un hecho grave o esté muy deteriorada previamente, lo mejor que puede hacer una pareja para evitar que la actitud de las respectivas familias mine su relación es intentar una comunicación eficaz. “Hay que expresarle al otro de forma franca y abierta pero positiva cómo nos sentimos y de qué modo nos afecta el hecho de que la familia política interfiera en la vida cotidiana, intentando en la medida de lo posible evitar adjetivos del tipo ‘insoportable’, ‘terrible’, etc”, recomienda la psicóloga.

3. El síndrome postvacacional

El síndrome postvacacional puede afectar al estado de ánimo, haciendo que a la vuelta de las vacaciones se produzca un replanteamiento del esquema vital y se decida arreglar o romper con aquellos aspectos que no funcionan, entre ellos, la relación de pareja. Expertos de la Sociedad Española de Medicina de Familia y Comunitaria (SEMFYC) explican que este síndrome conlleva síntomas físicos y psíquicos, como tristeza o irritabilidad, que pueden inducir a tomar decisiones equivocadas.

Qué se puede hacer al respecto. Es aconsejable esperar al menos un mes después de la vuelta para empezar a plantearnos grandes cambios, ya que necesitamos estar lúcidos de mente para afrontar la decisión con seguridad y nunca con dudas. Para superar esta situación, los expertos de la SEMFYC recomiendan tener una actitud positiva para ir adaptándose poco a poco al cambio de vida después de las vacaciones y evitar la ansiedad que genera el volver a la rutina y a los problemas cotidianos del trabajo y la familia

4. Otros motivos

El desgaste de la relación, las dificultades de comunicación entre los cónyuges, el cambio de estilo de vida y de valores de uno de los miembros de la pareja; falta de amor; abusos verbales; problemas en el ámbito sexual… Todas estas circunstancias, a menudo solapadas por la inmediatez de las necesidades y las rutinas diarias, pueden hacerse mucho más evidentes durante las vacaciones

Qué se puede hacer al respecto. “Conviene tener en cuenta que el desgaste en una relación no se produce de la noche a la mañana; es un proceso de duración variable, en algunas ocasiones bastante largo, que puede sustentarse en la pérdida progresiva de interés por el otro o en la monotonía de la relación. Llegado el caso, interesa revisar la relación y tratar de establecer si aún es posible encontrar puntos en común, o ser honestos y determinar si algún día existieron”, recomienda Laura García Agustín

¿Seguimos juntos…

Todas las parejas atraviesan crisis y baches. Sin embargo, no todos estos “desencuentros” tienen por qué acabar en divorcio, por mucho que el verano haya crispado la situación. Según los expertos, el hecho de realizar algunos cambios en la trayectoria matrimonial puede hacer que una relación a la deriva vuelva a ser placentera, feliz e incluso romántica. Para ello, aconsejan poner en práctica dos estrategias:

–Recordar por qué nos enamoramos en su díade nuestra pareja. Resulta muy clarificador identificar el sentimiento que sustentó la relación y reconocer aquellas circunstancias que han hecho que la llama se haya apagado: expectativas no realistas, promesas incumplidas, pequeños incidentes que poco a poco han ido minando la confianza… Reconocerlo es dar el primer paso para restaurar la relación.

–Revisar el compromiso y volver a comprometerse. El compromiso es importante porque sin él suele buscarse la forma de huir cuando surgen los problemas. Está demostrado que el hecho de sentirse de verdad comprometido en un proyecto común y a largo plazo hace más factible decidirse a encontrar soluciones en vez de tirarlo todo por la borda.

O nos separamos?

La decisión de poner fin a la convivencia a menudo no es fácil y puede resultar incluso más tormentosa que la vida en pareja. “Así como la decisión de casarse o de vivir en pareja acostumbra a ser un acuerdo unitario de las personas que van a iniciar esa íntima relación, la decisión de separarse rara vez ocurre por mutuo consenso, en especial en la familia con hijos. Habitualmente hay un miembro de la pareja que quiere dejar la relación con una mayor pasión o vehemencia que el otro. Las experiencia diaria nos demuestra que la iniciativa o, como mínimo, la decisión final, corre a cargo mayoritariamente de las féminas. Parece ser que las mujeres deciden terminar el matrimonio en las tres cuartas partes de los casos, mientras que cerca de la mitad de los maridos se oponen enérgicamente a esta decisión. Por otro lado, un tercio de las mujeres están en total desacuerdo con la separación, incluidas las que ven en esta medida la solución a sus problemas matrimoniales”, explica el doctor Paulino Castells, especialista en psiquiatría, en su libro Separarse civilizadamente. El experto ofrece además una serie de pautas para afrontar los primeros momentos de una separación: procurar que no haya enfrentamientos hostiles delante de los hijos; no monopolizar a los hijos en contra del otro progenitor; limitar a lo estrictamente necesario la intervención de familiares y amigos; mantener cubiertas las necesidades hogareñas básicas, e informar de manera objetiva a los niños de los motivos de la separación.

CONFLICTOS DE PAREJA AL FINALIZAR LAS VACACIONES

El ‘síndrome postvacacional‘ es el resultado de un estrés laboral previo a las vacaciones, siendo más vulnerables aquellas personas que tienen problemas en su trabajo, según ha informado el psicólogo y miembro de Top Doctors, Miguel Casas.

Este síndrome no es una patología, sino un “trastorno adaptativo” en el que la persona que lo sufre tiene una sintomatología clínica a un estresor específico, la vuelta al trabajo, ya que viene de un periodo de descanso y no se ve capaz de responder al alto número de demandas que supone “el regreso”, ha explicado el doctor.

Esta sensación de dificultad que se tiene al volver al trabajo lo sufren más las mujeres que los hombres, con síntomas como ansiedad, un bajo estado de ánimo, decaimiento, falta de energía, sensación de hastío y percepción de no ser capaz de adaptarse de nuevo al entorno laboral.

Cuanto mayor sea la distancia entre el placer de las vacaciones y el estrés en la actividad laboral, mayor será la posibilidad de padecer “estrés postvacacional“, ha explicado Casas.

“Las personas más proclives a padecer depresión postvacacional son las que tienen problemas en su trabajo, ya sea porque no les guste, porque tengan malos horarios, porque hayan padecido algún tipo de ‘mobbing laboral‘ o porque estén afrontando problemas de despidos, algo muy habitual hoy en día con “la crisis”, ha señalado el doctor.

Por ello, ha proseguido, estos síntomas reflejan un estrés laboral oculto, por lo que es necesario evaluar los factores que provocan esta situación y adoptar decisiones para poder prevenirlo en otra ocasión.

¿POR QUÉ ESTOY SIEMPRE CANSADO?

La cultura del cansancio: por qué estamos todos agotados y no podemos evitarlo

Ahora que llegan las vacaciones, es momento de recargar pilas. El resto del año somos supervivientes de día y zombies de noche, sobrellevando como podemos nuestras vidas.


Descansa”. He comenzado a anotar en una lista mental cada vez que alguien –amigo, compañero, familiar– se despide con este verbo imperativo.“Descansa”. Yo tengo mi propia alternativa, un tanto más hedonista: “Pásalo bien”. O “disfruta”. Incluso “cuidate”. No me había dado cuenta hasta hace poco, pero es una toma de posición inconsciente, como una forma de recordarme a mí y a los demás que en la vida hay algo más que el trabajo. Sin embargo, entiendo que hay algo en ese “descansa” que suena cercano, cariñoso, empático, como un guiño confidente entre el que lo pronuncia y el que lo escucha. La clase de intimidad que genera saber que ambos –tú y yo– estáis cansados. Porque esa es la realidad: todos estamos agotados. Y además, cansados de estar siempre agotados.

Al final de cada día, millones de cuerpos son arrojados al sofá de casa, a reponerse de la fatiga con la serie de turno, el partido del día, la cabezadita de las 10 de la noche. Una nación de zombies anestesiados por la noche, meros supervivientes durante el día, intentando no ahogarnos, como náufragos en mitad del mar de la multitarea. Y, quizá, soñando con unas vacaciones. Hemos llegado al punto en el que deseamos que llegue el fin de semana para, por fin, no hacer nada. Triste paradoja, en cuanto que es el momento en el que, pudiendo dedicar nuestro tiempo a lo que nos gusta, decidimos hibernar ante la llegada de una nueva oleada de estrés.


Nos damos cuenta continuamente de que todo el mundo es más guapo, más inteligente y más divertido que nosotros. O, por lo menos, lo parece.


Pero ¿de dónde proviene esa fatiga perenne, que ni siquiera desaparece descansando? Podría aducirse que se debe al estrés cotidiano, a la gran cantidad de actividades que empaquetamos en nuestra agenda, tanto laborales como expansivas. Sin embargo, todos conocemos a gente que se pasa el día haciendo cosas y no se cansa, mientras que nosotros estamos fatigados antes de salir de la cama. Suelen pertenecer a otras generaciones, e identificamos su energía con una mezcla de abnegación y fuerza sobrenatural (“estaban hechos de otra pasta”). Pero ¿y si precisamente estamos cansados por haber emprendido un viaje infinito hacia el El Doradoinalcanzable de la conciliación? ¿No será esa autoconciencia lo que nos hace tan duro enfrentarnos a ser nosotros mismos un día más?

Es posible que haya en la raíz de este agobio algo más profundo que lo meramente físico, que siempre está íntimamente relacionado con lo psicológico y lo emocional. Quizá de lo que estemos cansados es de la gran cantidad de estímulos a los que nos vemos obligados a reaccionar, de las opiniones que tenemos que formarnos tras cada polémica, del móvil que nunca deja de vibrar en nuestro bolsillo. En otras palabras, me deja mucho más para el arrastre hacer un ‘scroll’ por todo mi ‘timeline’ de Twitter, por las nuevas publicaciones de Facebook o por la portada de El Confidencial que salir a dar un paseo de dos horas. No digamos Instagram, donde todo el mundo es más listo, más guapo y más interesante que yo.

Es la versión del siglo XXI de la náusea de Sartre, con menos existencialismo y más memes. Si aquella sensación surgía ante el descubrimiento de la futilidad de la vida, su nueva versión emerge al compararnos con los demás. ¡Nuestra vida es inútil y sin sentido pero la de los demás es de puta madre! ¡Mira qué cenita con vinito se está metiendo entre pecho y espalda! ¡Mira qué piso más chulo! ¡Mira qué reportajazo se acaba de currar! Así que corremos para estar siempre parados. La centralidad del trabajo probablemente tenga mucho que ver con ello: o te dejas la piel trabajando hasta no poder más, o sientes la culpa por no haberlo hecho. No se puede ganar. Pero como decía el protagonista sartriano Antoine Roquentin, “cuando uno vive, no sucede nada”. El hecho de que ocurran cosas continuamente quizá es el signo más claro de que nunca pasa nada.

Pagar para sentirte bien (y sentirte peor)

El otro día, Barnes & Nobles reconocía que se había producido un ‘boom’ editorial de los libros de autoayuda sobre ansiedad. Quizá este mal que asola a la generación ‘millennial’ no sea exactamente lo mismo que el cansancio, pero se le parece mucho como anulador de la voluntad. Lo que está claro es que cada vez más necesitamos respuestas a esa fatiga que entendemos de origen físico y mental y que tan solo lo es en parte. Quizá sea, sobre todo, moral. Hace no tanto, la gente podía contentarse con ser. Ahora debemos ser nosotros mismos y de forma muy intensa, grandes “yo” que vender en redes sociales, siempre dispuestos a desarrollar una nueva actualización.


Buscamos la respuesta a por qué nuestros abuelos podían trabajar de sol a sol y estar tan panchos y a nosotros nos duele el cuerpo al despertarnos


Así, nos lanzamos a buscar. Y descubrimos que si cambiamos nuestra alimentación y tomamos menos azúcar y carbohidratos, nos sentiremos mejor. Pero aun así seguimos cansados, y pensamos que si dejamos el alcohol y nos apuntamos al gimnasio nos encontraremos mejor. Pero eso sigue siendo insatisfactorio, así que subimos una foto a Internet para recibir un empujoncito de autoestima. Nos sirve durante un rato, pero al final, descubrimos que nos hemos vuelto a cansar, esta vez de entrar en la aplicación una y otra vez para comprobar si tenemos más ‘likes’. Así que nos compramos un libro, nos apuntamos a un curso y seguimos camino en busca de la piedra filosofal que nos dé, por fin, la respuesta a por qué tu abuela se pasaba el día cuidando de cinco hijos y estaba tan pancha y a ti te duelen los huesos antes de salir de casa.

Ante este problema, se está generando una interesante reacción. El otro día, un artículo publicado en ‘Mel Magazine‘ utilizaba el nuevo tatuaje del cantante Post Malone –las palabras ‘siempre cansado’ debajo de las bolsas de sus ojos– como excusa para realizar una lectura sobre la nueva cultura del cansancio, que se traduce en la continua queja irónica en las redes sociales. Ya saben, el clásico ‘haber si me muero’ (sic). Como recuerda el autor, es un reflejo de “una certeza de que nunca podemos alcanzar una versión equilibrada de nosotros mismos”. Frente a la maratón infinita por alcanzar esa versión sana, bien alimentada, relajada y feliz, esta visión sarcástica reconoce que es una conquista imposible. Y que, por lo menos, siempre nos podemos quejar juntos. Desde luego, una visión más estoicamente sana.

Lo hacemos al lado de la máquina del café, lo hacemos cuando coincidimos con un compañero en el ascensor, lo hacemos cuando no tenemos nada mejor de lo que hablar: el “puf, qué coñazo” ha sustituido al “qué mal día hace, ¿verdad?”. La fatiga perpetua y la meteorología tienen en común esa supuesta inevitabilidad, pero siempre sirven para tener algo de lo que hablar y que, de esa forma, deje de ser una tragedia y pase a ser un problema coyuntural. Es la mejor venganza contra la industria del bienestar y del capitalismo afectivo: en lugar de machacarnos persiguiendo falsas promesas, buscar el placer en permitirnos estar inactivos, aburridos. Quizá nuestros abuelos sí estaban cansados, pero no eran tan conscientes de ello. O quizá no tenían que descansar de ser ellos mismos, lo más fatigoso que existe en esta vida.

SEXO PARA PERSONAS CON ALGUNA LIMITACIÓN

Antonio, en su silla de ruedas, sostiene sobre sus rodillas a Estel, una de las acompañantes sexuales que colabora con el colectivo Tandem Team. MIQUEL TAVERNA Atender a las necesidades de las personas con discapacidad es algo natural en el seno de las familias y de las sociedades modernas. Garantizar que tengan cubiertas sus necesidades no sorprende a nadie. Ayuda para vestirse, asearse, salir a pasear, llegar al centro ocupacional o comer son de lo más normal. Pero la cosa cambia cuando las necesidades al descubierto son de carácter sexual. ¿Cómo se responde al deseo sexual de los discapacitados? “Los médicos me han tratado únicamente a nivel físico, nunca me preguntaban cómo estaba a nivel emocional y mucho menos sexual”. Así resume Antonio Castillejo (44 años) toda una vida luchando contra la distrofia muscular degenerativa, una enfermedad que le fue limitando desde la niñez y que a los 30 años lo dejó atado a una silla de ruedas, aunque no acabó con su deseo sexual. “Hasta los 18 años mi vida sexual había sido inexistente y a partir de ahí mi deseo era incontrolable, La única salida que me quedó fue la prostitución”, cuenta sin sonrojarse. “Yo era muy tímido, me costaba abrirme a los demás y me lo llegué a creer. Pensé que jamás iba a quererme nadie”, relata Antonio, que reconoce que jamás ha tenido “pareja estable” y asegura que la prostitución “no es una cosa que te plantees de salida. Me hubiera gustado que las cosas fueran de otra manera, haber conocido a una persona…”, reflexiona. Su discapacidad no solo le impedía una vida sexual plena, sino que, en su caso, le dificultó las relaciones sociales hasta el punto de pasar amplios periodos de su juventud recluido en casa. Cuando bajar a la calle con la silla le provocaba “miedo”. Entre los 18 y los 28 años, este discapacitado fue usuario frecuente de los servicios de prostitución, una década que él mismo califica como “frustrante”. “Era un mero desahogo sexual, unas dos veces al mes, pero el sexo sin afectividad ni emotividad te va creando un vacío”, admite. Cuando en 2007 se queda definitivamente anclado a su silla de ruedas, “los contactos con prostitutas son a domicilio y muy esporádicos”, momento en el que pasa por otra época de reclusión. Descubre la terapia sexual Cuando en 2010 recupera su vida normal e intenta integrar la silla de ruedas en su día a día, Antonio retoma sus contactos sexuales “esporádicos”. Y así hasta que en 2014 descubre por internet a Tandem Team, una ONG especializada en la atención a la sexualidad en la discapacidad. “No sabía de qué iban, si era prostitución especializada para discapacitados”, explica. Y probó. “Lo cambió todo”, resume de su experiencia. “Hay una transferencia a nivel emocional desde ellas hacia ti, que es lo que lo diferencia. La prostitución es un servicio, algo que te dan y que dura lo que dura”, dice. “Las citas (con las acompañantes sexuales) pueden desembocar o no en un encuentro sexual”, aclara Antonio, que destaca las “caricias, besos y la afectividad” que hay en esas quedadas. Pero lo cierto es que el acompañamiento íntimo no está carente de polémica. Principalmente porque en el mismo hay -la mayor parte de las veces- una contraprestación económica. “Todos tenemos una sexualidad única e irrepetible, sea la que sea, y hay que ampliar la mirada”, argumenta el presidente de Tandem Team, Francesc Granja, autor del libro El hombre que aprendió a vibrar, donde narra el redescubrimiento de su propia sexualidad tras sufrir un accidente de tráfico. “Ves que la sexualidad no está, porque no tienes erecciones y te autodescartas”, recuerda de los primeros malos momentos. Luego, explica, “conocí a una mujer que me descubrió que cada gesto es el fin en sí mismo, que no hay que cumplir, no hay que llegar al orgasmo… no hay finalidad, cada manifestacion es en sí misma sexual y erótica”. Ese es el germen de su iniciativa del acompañamiento íntimo y erótico. “Buscamos una sexualidad abierta e inclusiva, no solo genital”, aclara. “Para algunas personas los preliminares lo son todo”. Pero a pesar de su decálogo, no puede, por menos, que tener que aclarar qué pasa con la contraprestación económica y detenerse en la polémica de si el acompañamiento íntimo a discapacitados es o no prostitución: “Nosotros no estamos en contra de la contraprestación, pero somos solo mediadores entre el acompañante y el discapacitado, les ponemos en contacto tras un estudio de nuestros psicólogos y el resto es un contrato privado. Puede haber contraprestación económica o no, ellos deciden”, explica el presidente de Tandem cuando detalla cómo se fragua el encuentro entre las partes. Siete “encuentros” Una de esas partes es Estel (nombre ficticio), una de las terapeutas que colaboran con Tandem y que en la imagen aparece de espaldas para preservar su intimidad. “Me enamoró el proyecto de los derechos sexuales de los discapacitados cuando entré en contacto con ellos”, cuenta esta profesional que tiene un trabajo estable, de alta capacitación y vinculado al mundo de la discapacidad. Esta acompañante, que se sumó al proyecto hace seis meses (después de su divorcio), ha mantenido “encuentros” con siete usuarios, entre ellos una persona con autismo profundo, un síndrome de Asperger, una persona con sordera adquirida, un enfermo mental…. “Son episodios variados. No sabes lo que te vas a encontrar. Hay componentes orgánicos de medicación, de ausencia de erecciones, personas vírgenes, desentrenados… Es una dinámica única y yo me convierto en su mundo en ese momento”, explica. “Quiero entregar el amor que tengo guardado a estas personas porque tienen carencias afectivas importantes”, resume. A la pregunta sobre si se siente una prostituta, aclara: “La experiencia es muy enriquecedora a nivel personal y profesional. No me hace daño que lo digan, para mí no es prostitución. Entiendo perfectamente que no lo es. Si no tuviera la profesión que tengo ni las habilidades profesionales, no podría hacerlo”, explica. “El intercambio económico es simbólico. Todas las acompañantes vivimos de otra cosa. La tarifa es muy inferior al servicio profesional, te cubre el desplazamiento hasta donde ellos están”, matiza Estel, que cuenta que los “encuentros” no están exentos de “dificultades” por las patologías que arrastran los discapacitados. Aunque le cuesta dar una cifra, admite que la horquilla de lo que percibe oscila entre los 40 y 60 euros. “Aunque hay quien no me ha dado nada, por error o desconocimiento”. Y el tiempo del encuentro también es aproximado: “He llegado a pasar el día entero, me han invitado a comer y hemos estado horas charlando”, cuenta. Aunque lo habitual es que no sea de menos de 90 minutos. Uno de los casos que relata es el de un hombre autista profundo con el que mantuvo un encuentro gestionado por los profesionales del centro al que acude esta persona. “No verbalizaba nada, se estaba quieto y receptivo, su mensaje era: tócame, que yo me dejo”. recuerda. Aunque admite que inició la cita con miedo, “ya que los autistas no se dejan tocar, no sabía cómo iba a reaccionar esta persona”. Y hasta la fecha el balance es muy positivo: “Me he sentido respetada y no me ha pasado nada desagradable. Hago una lectura de lo que el otro necesita y en esa medida entrego. Si hay genitalidad, perfecto, si no la hay, no pasa nada. Es un tiempo de besos, acaricias y afectos compartidos”, zanja. De la misma opinión es la sexóloga y psicóloga clínica Carmen Bermejo Romero, quien no duda en hablar abiertamente sobre el acompañamiento íntimo. “Es una buena alternativa para quienes no tienen pareja. Se requieren personas que, tras capacitarse, puedan transmitir contacto sexual, afectivo y erótico. En Suiza está considerado como terapia”, explica. En EE UU, también es una práctica normalizada que ha sido llevada incluso al cine con notable éxito en películas como Las sesiones (2012), con John Howkes y Helent Hunt. Sobre si este acompañamiento es o no prostitución, Bermejo señala: “No lo veo como tal. La formación, predisposición positiva y delicadeza que tienen que transmitir los acompañantes íntimos no sería equiparable a esa figura…”, explica la sexóloga.

SUICIDARME

Terapia. A veces la única manera de encontrarnos a nosotros mismos, es la terapia. Saber y aceptar que necesitas terapia es crucial para tu salud mental. Que vayas a terapia no significa que estés “loco”, por el contrario, debes entender que todos, en algún punto de la vida, necesitamos alguien con quien hablar y que nos ayude a comprender cuál es el camino. No me lo tomes a mal, esto no significa que vas a ir donde un analista o psicólogo y que “mágicamente” las soluciones van a venir a tu vida (o que el terapeuta te va a dar las soluciones en una pastilla, o en la primera sesión). No, no funciona de esta manera. Pero al menos vas a encontrar un apoyo, y alguien que NO te juzga (porque es su trabajo el aceptarte como eres). Así será mucho más sencillo que puedas “encontrarte” a ti mismo y tendrás el “permiso” de ser quien eres.

Apoyo: Mi familia nunca se enteró de lo que me sucedía (¿Tal vez en tu caso es diferente? En retrospectiva, me hubiese gustado que lo supieran, pero para ellos la depresión, el suicidio y otros son temas tabú y no quería ponerlos en esa posición). Ellos nunca supieron acerca de mi depresión (aunque pienso que sospechaban). Ahora, de mis ideas acerca del suicidio NUNCA. A excepción de mi expareja y mi doctor de aquella época, quienes eran los únicos que sabían al respecto. No estoy orgullosa de la manera en como se enteraron, pero, así es como sucedió, y no vale la pena contarlo (por ahora). La cosa es que a pesar de que mi ex pareja buscaba ayudarme (al igual que mi doctor), ellos no eran las personas adecuadas. Así que, lo que necesitas es alguien que comprenda, que no se asuste facilmente y que decida (así sea a regañadientes), hacerce “cargo” de ti. Es complicado de explicar, pero el hecho ACEPTAR que NO ERES CAPAZ de pensar claramente, y que necesitas alguien más haga esto por ti, Y PERMITAS QUE TE AYUDEN, te quitará un gran peso de encima. Si no puedes contar con tu familia, busca amigos. Probablemente ellos son el apoyo que necesitas.

Un descanso de esa vida asfixiante que te abruma. ¿Puedes tomarte unos días libres para ti? Digo, ¿tienes trabajo? ¿Estudias? ¿Puedes tomarte al menos un fin de semana para ti mismo, tu solo en algún lugar? Si no es así, preguntate ¿por qué no puedes? ¿Es que no puedes o no quieres? ¿Es que te cuesta dejar aquello que estás haciendo? ¿Tienes mucha responsabilidad? ¿Eres la única/único que mantiene a tu familia? Si es así, tienes otro gran problema. No necesariamente porque no puedes tomarte un descanso, sino porque piensas que no puedes, o que no lo mereces. Apenas te decidas, y por tu propia salud mental, tómate un descanso de ser tú (esa persona a la que quieres matar), y ve al paso siguiente.

Pensar. Esta es la parte más difícil de todas. ¿Qué es lo que NO te gusta de tu vida? ¿Qué es lo que harías si tuvieras recursos ilimitados (por ejemplo un millón de dólares)? ¿Estás listo para dejar de sentir pena por ti mismo y aceptar que el poder de cambio está en tus manos? Si es así, ve al siguiente paso.

Información. La información es la clave. Necesitas entender lo que te sucede y lo necesitas ahora. Lee sobre tu situación, porque solo así te darás cuenta de que no eres el único, no estás solo, no es el fin del mundo. Conoce a tu enemigo (en este caso los pensamientos suicidas). Esa es incluso me parece que una táctica para la guerra, así que deja de tenerle miedo y enfréntalo

Un Propósito. NO el que los demás te han dado, definitivamente NO lo que otros piensan que es correcto para tu vida, sino el que tú quieres para ella. Busca hasta encontrar aquello que amas. Y deja atrás aquello que ya no amas. Ahí está la clave.

Escribir. Escribir ayuda muchísimo cuando buscamos controlar los pensamientos suicidas o cuando queremos al menos intentar hacerlo. Escribir es catártico, así que podemos intentarlo y dejar de un lado los pensamientos acerca de suicidio, tranquilos en un pedazo de papel (por supuesto que es mejor si un terapeuta calificado o profesional de la salud nos lo recomienda). En todo caso, la escritura, al igual que el hablar con alguien de lo que nos sucede, ayuda a que los pensamientos “malos” sean más manejables.

Datos Interesantes:

Shrira, I. & Foster, J. (2009) The occupation with the highest suicide rate (La ocupación con la más alta tasa de suicidio). Psychology Today. Recuperado de: https://www.psychologytoday.com/blog/the-narcissus-in-all-us/200908/the-occupation-the-highest-suicide-rate


Sobre Verónika Decide Morir (también hay una película, en caso de que no quieras leer el libro.
Freire, E. (2014). Universidad de la República, Uruguay. El bullying y su relación con el suicidio adolescente.
Si buscas ayudar a alguien que pasa por esta situación, tal vez te sirva este artículo: Por qué las personas quieren morir?, el suicidio y sus causas (https://www.conociendotumente.com/salud-y-bienestar/depresion/por-que-las-personas-quieren-morir-el-suicidio-y-sus-causas/)

MI PAREJA ADICTO AL SEXO

La adicción al sexo se ha conocido con el término estigmatizado de “ninfomanía” en el caso femenino o “satiriasis” en el masculino, incluso como “donjuanismo“, dándole una connotación terriblemente romántica, alabada por nuestra cultura. Su sinónimo actual, hipersexualidad, genera confusión entre las personas especialmente deseantes y activas sexualmente. Esta enfermedad, señalada como un vicio, aunque habitualmente normalizado y potenciado en el género masculino, se banaliza o critica al mismo tiempo que se contribuye a su adicción en muchas ocasiones. Nuestra sociedad actual está sexualizada, por suerte, e hipersexualizada, por desgracia en muchos sentidos, pues el mensaje “sexo como solución para todo” está a la orden del día y puede contribuir a este tipo de adicción.Tras la polémica de los últimos años sobre si la pornografía producía daño cerebral o no, con diversos estudios contradictorios, nos cuestionamos: ¿Son los estímulos los generadores de la adicción o son las características personales y el inadecuado uso de los mismos la que construyen la misma? Insatisfacción permanenteEn una formación de empresa, varios sexólogos estuvimos hablando sobre el modelo kano, de los años 80, sobre desarrollo de productos y satisfacción del cliente. Aunque resulte sorprendente, este modelo me conectó con la adicción al sexo. Sugiere no sólo cubrir los requisitos básicos esperados por el cliente sino conseguir a su vez que se sienta satisfecho, lo que no va unido necesariamente. Y esto mismo sucede con las adicciones, incluidas las sexuales. Que aunque se consiga el objeto de deseo, tener un buen funcionamiento y rendimiento, alcanzar orgasmos o disfrutar sexualmente, la persona no queda satisfecha.Esa insatisfacción constante, le encierra en un bucle de búsqueda incansable por conseguirlo y librarse del malestar que le genera su situación. Que elija la sexualidad es comprensible, pues su refuerzo positivo de placer inmediato es evidente aunque, a los pocos minutos, la persona adicta vuelva a sentirse vacía.¿Tengo una adicción sexual si mi deseo es muy elevado?No, esta confusión es bastante habitual pues, en determinadas clasificaciones diagnósticas psiquiátricas, se denomina hipersexualidad, lo que genera bastante confusión sobre esta adicción. Además, ¿cómo determinar si se tiene un excesivo deseo sexual? Y sobre todo, ¿con quién nos comparamos? Un alto deseo sexual nunca debe entenderse como adicción al sexo. Que éste sea más elevado que el de su pareja, incluso que dedique mucho tiempo a su sexualidad y satisfacer su deseo, incluso sus momentos de ocio, no implica una adicción. Ana Yáñez, psicóloga y sexóloga con amplia experiencia en el tratamiento de adicciones sexuales, lo define como “una pérdida de control y dependencia de la conducta adictiva, junto con la aparición del síndrome de abstinencia cuando la persona deja de realizarla. Se manifiestan recurrentes fantasías sexuales a modo de pensamientos obsesivos y un irrefrenable deseo sexual que las conductas impulsivas intentan, sin éxito, saciar. La persona vive por y para su adicción, siendo el sexo un comportamiento autodestructivo”. Por tanto, suele afectar a todas las áreas de su vida, laboral, familiar, pareja e incluso a su salud. Perfil de la persona adicta. Aunque no se conozca exactamente el origen de este tipo de adicción, apunta Yáñez, sí pueden influir algunas dimensiones de la personalidad, ciertos antecedentes en la infancia, como abusos o traumas sexuales, rechazos afectivo-eróticos en la adolescencia o diversos elementos situacionales en la vida de la persona, como la soledad, vacíos existenciales o una relación de pareja insatisfactoria. El perfil de la persona adicta al sexo presenta un trastorno de tipo obsesivo que afecta sobretodo a hombres, por una cuestión educacional y cultural. Aumenta con la falta de satisfacción sexual y va unida a la ansiedad y la depresión, donde se confunde el amor con el éxtasis sexual, sintiendo el sexo como la única vía para conseguir gratificación personal y afectiva. La percepción del sexo es mecánica, como una cadena de penetración-orgasmo, sin la existencia de preliminares, afecto o ternura. Considerando a las personas sólo en función de su sexo y viviendo la vida sexual en secreto y con culpa. “Se concibe el sexo como una forma de solucionar todos los problemas, aliviarse del malestar, aunque se contradiga su propio deseo”, afirma la experta. Soy adicto al sexo. En las redes podemos encontrar numerosos casos de celebrities como Ozzy Osbourne o David Duchovny, que no sólo lo han hecho público sino también han reconocido la problemática que conlleva asociada y la necesidad de ponerse en tratamiento, dando ejemplo y sin normalizar este tipo de adicción. Russel Brand contó sus aficiones y adicciones, algunas casi envidiables como el harén del que disponía en su propia biografía. Destapó numerosos detalles, incluso cómo se inició y su experiencia en la rehabilitación. En ocasiones, que existan personajes famosos que salen del anonimato de su adicción sexual resulta muy positivo. En otras, se generan modelos a seguir, pues el sexo “mola”.Otros famosos como Tiger Woods, Michael Douglas y Martin Sheen han sido noticia por diferentes incidentes relacionados con su declarada adicción sexual, sin embargo, muy pocas mujeres han reconocido sufrirla. Se calcula que un 6% de la población padece esta adicción y un 2% son mujeres. Aunque siempre es más habitual que una mujer no se declare adicta por cuestiones culturales y miedo a ser perjudicada por ello.El novio de Lindsey Lohan, por ejemplo, la catalogó de adicta sexual y Sharon Stone reconoció ser muy activa sexualmente, lo que no las convierte en adictas, por supuesto. Sin embargo, se suelen encontrar en las listas de famosos adictos al sexo, incomprensiblemente. ¿Se puede solucionar? Por supuesto. Primero habría que determinar si se trata realmente de una adicción o no. El tratamiento a cualquier tipo de adicción al sexo, incluida la pornografía, es similar a cualquier otro tipo de adicción. Conlleva un necesario control de estímulos desencadenantes, una evaluación de las carencias que ha sustituido por prácticas sexuales y siempre considerando componentes físicos, sociales y psicológicos.Resulta una adicción compleja pues tenemos y deseamos vivir la sexualidad durante el resto de nuestra vida y los estímulos sexuales son permanentes y necesarios para nuestra sexualidad. Por lo que la reeducación sexual, generando nuevos modelos de relación afectivos y diferentes recursos eróticos es fundamental para hacerlo de manera saludable.En cuanto a la pornografía, utilizada con una buena educación sexual, como recurso erótico y placentero, con mirada crítica, sabiendo que se basa en la fantasía y no necesariamente en la realidad, no tiene por qué desencadenar adicción en una persona sin rasgos de vulnerabilidad adicionales. “Con las mismas normas que aconsejaría a su hijo para que utilizase un videojuego y no le generase ningún daño psicológico, social, físico, neurológico o sensorial, podría aplicarse el consumo de pornografía si lo desea”, matiza Ana Yáñez. Vivida sin obsesión y haciendo un buen uso, conociendo que hay diferentes tipos de pornografía y eligiendo la que consideremos más adecuada para nosotros, sin abusar ni vivir para ella, no conlleva ningún tipo de daño cerebral en un adulto sano. (ANA SIERRA)

MARIDO ADICTO AL SEXO

La adicción al sexo se presenta de muchas maneras y no es específica de una edad o género. Una persona se considera adicta al sexo cuando su comportamiento sexual es incontrolable, excesivo u obsesivo. No todas las personas que son adictas al sexo son infieles a sus parejas, pero sí la gran mayoría.

Las personas adictas al sexo generalmente construyen mentiras elaboradas para ocultarlo, por eso es que las parejas pueden estar casadas por mucho tiempo antes de que alguien descubra el problema del otro. Aunque algunos psicólogos no están de acuerdo con el término ni se ha llegado a un consenso acerca de que este comportamiento sea una enfermedad, lo cierto es que existen algunas conductas recurrentes en muchos de los “pacientes” que nos permiten hacer esta lista de maneras de descubrir a un adicto sexual.


1. Colecciona pornografía

Si es muy celoso con su computadora o contraseñas y de pronto descubres miles de imágenes sexuales puede ser una señal. La mayoría de los hombres ven pornografía de forma ocasional, pero esto no consume sus vidas ni su tiempo. Si consideras que la cantidad es excesiva, puede ser un problema real.


2. Busca citas en línea

¿Está inscrito a sitios de citas por Internet o paga para hablar y ver a mujeres realizando actos sexuales en algún sitio? Gastar dinero en este tipo de servicios cuando tienen una relación estable también puede ser una señal.


3. Strip tease

Algunos hombres van a los tables de vez en cuando con sus amigos, pero de nuevo la diferencia aquí es la frecuencia y la compañía. Si te oculta que pasa su tiempo en estos lugares, va solo o lo hace muy seguido es posible que sea una adicción.


4. Cuartos de hotel

Hay una diferencia entre un engaño y la adicción al sexo, ninguna de las dos tiene justificación, pero un amorío se caracteriza por ocurrir con una conocida y de forma recurrente, mientras que los adictos al sexo generalmente no tienen problema en pagar por el servicio. Si encuentras recibos o vouchers de cuartos de hotel puede significar una adicción, mientras que si en su estado de cuenta aparecen compras en joyerías o florerías tal vez sea más bien un amorío.


5. Quiere estar solo

Si busca maneras de sacarte de la casa para pasar tiempo solo y crees que puede estar utilizando dicho tiempo para ver pornografía y masturbarse es otra gran señal. Los hombres, incluso los casados, se masturban de vez en cuando pero este acto rara vez implica planeación o premeditación.


Si tienes dudas al respecto o crees que tu pareja puede sufrir de esta adicción es importante que hables con él y con un especialista en la materia para que te oriente. Ten mucho cuidado con las enfermedades de transmisión sexual y si tienes la más mínima sospecha usa el condón, sin importar cuanto tiempo lleven juntos, como método de protección.

ADICCIÓN AL SEXO Y A LA PORNOGRAFÍA

Cualquier cosa que nos provoque placer en uno u otro sentido, es susceptible de convertirse en una adicción. En general, el ser humano está diseñado para buscar su propio placer, ya sea en las cosas del día a día o en cosas excepcionales, pero el placer es la fuente primigenia de motivación: hacemos deporte por el placer de sentirnos bien a nivel físico y mental, somos amables con nuestros amigos y familiares por el placer que provoca su retorno emocional hacia nosotros, comemos por supervivencia, pero eminentemente por placer, y así un largo etcétera de ejemplos.

Pero la fuente más básica de placer tanto para el hombre como para la mujer es el sexo. La máxima expresión del placer y del bienestar suele ser el orgasmo, pero todo lo que rodea a la relación sexual, desde el flirteo inicial hasta el orgasmo, es una gran fuente de placer y satisfacción para quién la disfruta.

Así pues, no es de extrañar, que todo aquello que nos impulse a conseguir una satisfacción sexual tenga muchos números para convertirse en una adicción. Por supuesto, eso no quiere decir que toda persona sea susceptible de caer en la adicción al sexo o a la pornografía, igual que no todas las personas que toman alcohol se convierten en alcohólicas.

Pero, ¿quién determina qué es una cantidad “normal” de pornografía y qué no lo es?

Características de la adicción a la pornografía
Siguiendo la definición que nos ofrece Wikipedia:

Se acepta como adicción cualquier actividad que el individuo sea incapaz de controlar, que lo lleve a conductas compulsivas y perjudique su calidad de vida.

Así pues, las personas que sufren de adicción a la pornografía, en general, sienten que son incapaces de controlar el consumo de material pornográfico, suelen masturbarse compulsivamente, es decir, muy a menudo sin sentir realmente una excitación ni un deseo sexual previos y como consecuencia de todo lo anterior, su calidad de vida se ve claramente afectada.

Como vemos no se trata de contabilizar el número de productos pornográficos que una persona consume, sino cómo éstos afectan a su vida normal.

En muchas ocasiones, estas personas acaban dejando a un lado su vida personal y, en algunos casos incluso su vida profesional, porque toda su vida empieza a girar entorno a la visualización y el consumo de material pornográfico.

Esta situación se ve agravada por el hecho de que, hoy en día, el acceso a material pornográfico es muy sencillo, cualquier página web puede dirigirte en un momento u otro a una página de contenido para adultos. Además hay que sumarle un hecho importante a esta facilidad, el anonimato. Si hace un tiempo para consumir pornografía debías pasar por “la vergüenza” de pedirle al kioskero una revista pornográfica o pasar por la caja del videoclub para llevarte prestada la cinta de vídeo de turno, ahora todo eso ya no es necesario. Desde la comodidad de casa.


Consecuencias de la adicción a la pornografía
Psicólogos onlineLa adicción a la pornografía tiene consecuencias en todos los ámbitos de la vida de quien la padece, como prácticamente todas las adicciones.

Consecuencias físicas:

La elevada exposición a material pornográfico hace que cada vez se necesite más cantidad para llegar a un estado de excitación. Esto suele afectar a la relación de pareja, ya que ésta se vuelve un elemento “poco excitante”.
Aunque no hay estudios científicos fiables que lo demuestren, la masturbación compulsiva que está presente en la mayoría de los casos de consumo excesivo de pornografía, puede llegar a provocar alteraciones sexuales como eyaculación precoz o disfunción eréctil en los hombres, y anorgasmia o falta de deseo sexual en las mujeres.
Cansancio. Por lo general estas personas suelen aprovechar las horas nocturnas para dar rienda suelta a su adicción, por lo que terminan durmiendo pocas horas con todas las consecuencias que eso comporta.

Consecuencias emocionales:

Sentimiento de vacío. No hay nada diferente de la pornografía que la persona sea capaz de disfrutar.
Sentimientos de culpabilidad. La persona sabe que no debería estar priorizando la pornografía, pero se siente incapaz de dejar de hacerlo. Esto puede llevar a estados depresivos.
Ansiedad. Sobretodo se produce cuando la persona sabe que deberá estar unas horas o unos días sin poder consumir pornografía, esto provoca algo análogo al síndrome de abstinencia.
Irritabilidad. La persona se vuelve arisca, irritable.

Consecuencias sociales

Aislamiento social. Se produce una distancia entre todas las actividades sociales que la persona solía llevar a cabo.
Problemas de pareja. La pérdida de deseo sexual hacia la pareja, sumada al hecho de pasar cada vez menos horas juntos, suele provocar un deterioro importante de la relación.
Problemas laborales. Debido al cansancio acumulado, por una parte, la persona rinde menos en el trabajo. Por otra parte hay personas que aprovechan horas de trabajo para visualizar pornografía con el riesgo que ello comporta.
Problemas económicos. A pesar de que hay mucho material pornográfico gratuito en la red, no son pocas las personas con adicción a la pornografía que desembolsan grandes cantidades de dinero al mes por acceder a contenidos exclusivos.


Solución a la adicción a la pornografía
Aunque la adicción a la pornografía tiene solución, es difícil, como en cualquier otra adicción, que la misma persona por si sola, consiga superarla, lo más probable es que necesite la ayuda de un profesional para ello.

No obstante, si crees que puedes tener un problema con la pornografía, te dejamos una serie de consejos para evitar caer en el extremo de la adicción:

Márcate un tiempo máximo diario para el consumo de material pornográfico y ayúdate de un cronómetro para no pasarte de ese tiempo.
Prioriza la calidad antes que la cantidad. Escoge aquel material que realmente te gusta, sé selectivo/a y consume sólo uno por sesión.
Evita la tentación. Navega por internet con las puertas de la habitación abiertas, no navegues por internet en el lavabo o en tu habitación, contrata una tarifa de datos limitada en tu dispositivo móvil, de manera que no puedas cargar vídeos.
Disfruta de relaciones sexuales con otras personas, disfruta de los olores, las texturas, las sensaciones que te ofrece el cuerpo de otra persona.
De cada dos veces que te masturbes, una de ellas hazlo sin pornografía. Utiliza tu imaginación para recrear fantasías y mastúrbate poco a poco y concentrándote en las sensaciones. (Silvia Catalan)

Así nacen los hábitos compulsivos

Mordisquearse una uña de vez en cuando puede considerarse una práctica bastante común (el 25% de la población mundial lo hace) pero cuando se convierte en un hábito compulsivo ya conforma un problema puesto que el daño puede alcanzar niveles importante para nuestra salud. Pero, ¿cómo surgen estos hábitos obsesivo-compulsivos que afectan a muchísimas personas en el mundo?

Desde morderse las uñas a rascarse la piel, tocarse el pelo, frotarse los ojos… los hábitos compulsivos pueden afectar a nuestra relación con los demás. Ahora, un nuevo estudio llevado a cabo por un equipo de investigadores de la Universidad de Cambridge (Reino Unido) acaba de arrojar luz al respecto en su estudio publicado en la revista American Journal of Psychiatry.

Según los expertos, un fallo en el “encendido” del sistema de control del cerebro podría sentar las bases de las compulsiones en el trastorno obsesivo-compulsivo (TOC), dejando fuera las teorías sobre que estos trastornos están causados por preocupaciones u obsesiones por parte de los sujetos, sino por una condición provocada cuando el sistema de hábitos del cerebro se vuelve loco.

Para llegar a esta conclusión, los investigadores escanearon los cerebros de 37 pacientes con TOC y 33 personas sin este trastorno. Sometieron a los voluntarios a una prueba repetitiva de respuesta conductual, descubriendo que los pacientes con TOC eran menos capaces de detener sus hábitos mientras se observó una actividad cerebral excesiva en el núcleo caudado, una región que debe “encenderse” correctamente para que podamos controlar nuestros hábitos ya que participa en la modulación del movimiento.

Así, los científicos creen que las compulsiones pueden estar causadas por un mal funcionamiento en el sistema de hábito del cerebro y que estos hallazgos no son específicos para personas con trastorno obsesivo-compulsivo, sino para cualquier hábito de carácter repetitivo.

“No es sólo el TOC, hay una serie de comportamientos humanos que ahora se consideran ejemplos de compulsividad, incluido el abuso de drogas, el alcohol y los atracones. Lo que todos estos comportamientos tienen en común es la pérdida de control de arriba hacia abajo, tal vez debido a la falta de comunicación entre las regiones que controlan nuestro hábito y aquellos que, como la corteza prefrontal, que normalmente ayudan a controlar la conducta volitiva”, explica Claire Gillan, coautora del estudio.

“Mientras que algunos hábitos pueden hacer nuestra vida más fácil, como la automatización del acto de la preparación del café por la mañana, otros van demasiado lejos y pueden tomar el control de nuestras vidas de una manera mucho más insidiosa con la formación de nuestras preferencias, creencias, y en el caso del TOC , incluso nuestros temores. Tales condiciones están entre las más difíciles de tratar, ya sea por la terapia de comportamiento cognitivo o por las drogas”, aclara Trevor Robbins, coautor del trabajo.