SEXO Y EDAD

El sexo no es una ciencia exacta, por lo que su buen funcionamiento no puede definirse en base a cifras. De hecho, a menudo prima más la calidad que la cantidad. Sin embargo, muchas personas siguen obsesionándose con aspectos tales como la edad del primer encuentro sexual o la frecuencia de las relaciones. Tanto es así que llega a considerarse como motivo de sonrojo que el número sea demasiado alto en el primer caso, o demasiado bajo en el segundo.

En realidad, no hay un valor perfecto aunque sí un promedio. Así se extrae de un estudio publicado recientemente por científicos del Instituto Kinsey para la Investigación del Sexo, la Reproducción y el Género de Rosario (Argentina), que sugiere que la edad es un factor determinante que condiciona la frecuencia de nuestras relaciones sexuales.

La lógica nos dice que las relaciones sexuales suelen ser más frecuentes en personas jóvenes. Esto se debe a que con el paso de los años algunos factores como las cargas familiares, la debilidad física o los problemas de salud hacen más complicado encontrar el momento y las fuerzas para hacerlo.

Por lo tanto, no es sorprendente que los investigadores del Instituto Kinsey concluyeran que las personas entre 19 y 29 años tienen unos 112 encuentros sexuales al año, unas dos veces a la semana. En cambio, aquellas personas que se encuentran entre los 29 y 39 años tienen sexo una media 86 veces al año (1,6 veces por semana). Así, aquellas personas que se encuentran entre los 39 y los 49 años mantienen relaciones una media de 69 veces al año, la mitad que el primer grupo de edad estudiado.

Contradiciendo la creencia popular, los investigadores encontraron que el matrimonio es un factor clave en la frecuencia de las relaciones sexuales. Según los datos, el 34% de las parejas casadas tienen sexo de dos a tres veces por semana. Además, se comprobó que las personas casadas o comprometidas que tienen sexo de forma regular suelen ser más felices, aunque no es necesario para ello que la frecuencia sea excesiva. De hecho, el beneficio psicológico del sexo fue el mismo en los matrimonios que tenían relaciones cuatro o más veces en la semana que en los que sólo lo tenían una.

Finalmente, el estudio también concluye que las mujeres maduras y comprometidas disfrutan más de sus relaciones. Esto se debe a que a su edad se conocen mejor a sí mismas y a sus parejas y, aunque la cantidad de sus encuentros sexuales no sea tan grande como la de los más jóvenes, la calidad los supera con creces.

Por lo tanto, independientemente de la edad, no vale la pena obsesionarse en busca de un número concreto de relaciones. La clave está en aprender de cada una de ellas y disfrutar al máximo. Mejor calidad que cantidad.

EL MEJOR AFRODISÍACO

Primer requisito para mejorar la sexualidad: ampliar el concepto
Como hemos visto, la sexualidad no es simplemente sexo y deseo, también implica seducción, caricias, complicidad e intimidad. Fantasear, pensar en lo mucho que te apetece pasar un rato a solas con tu pareja y escucharla, acompañarla y abrazarla. Como la sexualidad es mucho más que sexo, para mejorar las relaciones sexuales con tu pareja hay varios caminos.

A la hora de enumerarlos, podemos empezar por los que a priori podrían parecer menos relacionados con la sexualidad. Hablamos de la amistad, el sentimiento de equipo, y el cuidar y ser cuidado en la relación de pareja. Si estos elementos implicados no van bien, no fluyen como dirían en un lenguaje más cotidiano, el deseo sexual disminuye notablemente. Este efecto se aprecia más en las mujeres, quienes por herencia cultural y educación tienen ya un concepto más amplio de la sexualidad.

Por todo ello, en la primera sesión de terapia siempre se les explica a las parejas que para que la sexualidad mejore es necesario asentar bien sus pilares, que de alguna manera aluden a estos aspectos de la sexualidad que hemos enumerado antes. Porque estos aspectos, a pesar de estar indirectamente relacionados con la sexualidad, son el soporte directo de la sexualidad: su estabilidad y solidez posibilitan la intimidad y el deseo.

“La sexualidad no es simplemente sexo y deseo, también es seducción, caricias, un momento de complicidad e intimidad con tu pareja”.

Cultiva, mejora y embellece tu individualidad para mejorar las relaciones sexuales.
Una de las maneras más efectivas de mejorar la sexualidad pasa por conseguir que cada persona esté equilibrada en el plano individual. En este sentido, no hay nada que despierte más deseo sexual que ver que tu pareja tiene intereses, motivaciones y deseos propios, que quiere crecer como persona y que está implicada en su propio crecimiento, además del común.

Dicho de otro modo, la sexualidad va de la mano de la curiosidad. Y es por ello que, si nada te despierta curiosidad en tu pareja, si siempre se comporta igual y es 100% predecible, la sexualidad comienza a entrar en “hibernación”.

Así, tu atractivo no solo va a mejorar cuando trates mejor al otro, sino que también lo hará cuando te trates y te cuides bien a ti. Piensa que tu faceta personal puede ser un gran foco de curiosidad para el otro, y lo será más cuanto más dinámica sea.

Mujer despertando con ilusión

Por tanto, una de las formas más efectivas de mejorar tu atractivo es sorprender a tu pareja con algún detalle dedicado a ti mismo. Puedes comenzar por hacer esa lista de cosas que tienes pendiente en donde figuran el gimnasio, las clases de inglés o el viaje que siempre has querido hacer, pero para el que no has encontrado momento. Despertar el interés y la curiosidad de tu pareja por tu vida personal e individual, revive la llama y eleva el deseo.

Mira a tu pareja con ojos de desconocido
Si quieres mejorar las relaciones sexuales que tienes con tu pareja es muy importante que seas capaz de conectar con ella. ¿Y esto que significa? Significa que tienes que saber quién es, qué le gusta, con qué sueña, qué fantasías tiene y cuáles son los pequeños detalles que le hacen feliz.

Como podrás ver, en este punto nos referimos a mejorar la intimidad para mejorar la sexualidad. Para mejorar la sexualidad que vives con tu pareja, es necesario que compartas con tu pareja momentos en los que solo existáis los dos, sin distracciones y que él o ella pueda contar con el 200% de tu atención. Dedica tiempo a escuchar a tu pareja e interésate por lo que hace cada día: saber va a despertar tus ganas de conocer más.

“Hay besos que producen desvaríos de amorosa pasión ardiente y loca, tú los conoces bien son besos míos inventados por mí, para tu boca“
-Gabriela Mistral-

Mujer sintiendo atracción sexual por su novio

Busca que la sexualidad esté presente de múltiples formas
El sexo es el componente fundamental de la sexualidad, si existe el deseo, existe el amor, el cariño, la amistad y el interés por tu pareja, pero no hay pasión, la sexualidad queda prácticamente anulada. Esto provoca que la relación se vuelva más de amigos, padres, compañeros, pero no de pareja. Por otra parte, el estrés del día a día, los problemas, responsabilidades y los hijos pueden dejar el sexo con tu pareja en el más último de los intereses y prioridades.

Así, poco a poco se va descuidando el sexo y al cerebro se olvida que algo así existe. Un buen consejo para que tu cerebro no se olvide del sexo y que puedas añadir pasión a tu sexualidad es que estés en contacto con estímulos que te recuerden el “tema”. Se trata de que dediques momentos del día a fantasías, pensar en qué te apetece probar, enviar un mensaje más subido de tono a tu pareja, ver series o películas en donde haya escenas sexuales o leer literatura erótica.

Finalmente, la mejor de las estrategias para mejorar tus relaciones sexuales: No dejes para mañana lo que puedas hacer hoy. Olvídate de buscar el mejor momento para poner en prácticas alguno de estas ideas para mejorar la sexualidad, nunca existe el momento perfecto y de tanto esperar el día más indicado la sexualidad se empequeñece, cada minuto un poquito más. Por ello, comienza cuanto antes y aprovecha cada segundo y ¡atrévete!

ANÁLISIS DEL ORGASMO FEMENINO

La mayoría de las mujeres que sufren de trastorno orgásmico femenino o anorgasmia (incapacidad para conseguir orgasmos) no han explorado nunca su cuerpo, tienen ansiedad frente las relaciones y, por regla general, su formación sexual suele ser más bien pobre.

“Las mujeres que nunca han tenido un orgasmo a través del coito no conocen su cuerpo y, sobre todo, creen que, el conseguirlo o no, depende de su pareja cuando realmente cada uno somos también responsables de nuestro propio placer”, asegura a ELMUNDO.es Carme Sánchez, psicóloga clínica, sexóloga y co-directora del Institut Clínic de Sexología de Barcelona.

Las mujeres que sufren de anorgasmia, explica, tienen un grado de ansiedad importante y vienen a consulta un tanto desconcertadas ya que jamás han tenido un orgasmo a través de la penetración, pero sí a través de otras prácticas sexuales, incluyendo la masturbación. “Lo más importante es aceptar que cada respuesta sexual es diferente“, puntualiza.

La anorgasmia, aclara la experta, puede clasificarse en 3 tipos: el trastorno orgásmico primario que se da en mujeres que nunca han tenido un orgasmo; el situacional, en donde el orgasmo se alcanza sólo en determinadas situaciones (durante la masturbación, pero no en pareja); y el adquirido, que se trata de mujeres que han tenido orgasmos pero, a partir de un determinado momento, dejan de tenerlos.

Según la última revisión sobre el tema, publicada en el último número de la revista ‘The Journal Sexual of Medicine‘, se trata de la segunda disfunción sexual más frecuente en mujeres. A pesar de que el manual de Psiquiatría DSM-IV introduce la expresión de ‘malestar acusado‘ para diagnosticar un caso de anorgasmia, en la práctica, es la palabra frustración o frustrante el término más común para describir las emociones asociadas de esta afección. Así lo muestra un reciente estudio en el que se evaluó a más de 200 mujeres con dificultad para alcanzar orgasmos, y el 67% de las encuestadas pronunció la frustración como principal sensación para describir su problema.

Así lo confirma también Sánchez, quien asegura que en consulta, efectivamente, es la frustración una de las sensaciones más frecuentes que tienen estas mujeres, pero también malestar emocional y abatimiento, además de que “puede desencadenar en otras disfunciones como falta de deseo y, a la larga, conflictos de pareja“, agrega.

¿Por qué la anorgasmia?
Es una de las disfunciones sexuales más frecuentes entre las mujeres, ocupando la segunda causa de consulta en los centros especializados en salud sexual. Según el consultorio ‘on line‘ de Durex, el 28% de las preguntas relacionadas con problemas sexuales versa sobre las dificultades para conseguir un orgasmo, demanda que incluso que va por delante de las preguntas sobre disfunción eréctil.

Las cifras de referencia, aunque no se saben con seguridad, oscilan entre el 20-25% de las mujeres. Al menos, así lo muestra una revisión del año 2004 de 34 estudios de autores extranjeros especializados en el tema. Según otro estudio, centrado sólo en anorgasmia genital, realizado por el Instituto Kinsey (EEUU, uno de los centros de referencia en este campo), el 50-75% de las mujeres no tenían orgasmo en el coito pero sí con otras técnicas sexuales.

Tan sólo el 5% de esta afección proviene de causas orgánicas como son alteraciones neurológicas, diabetes, drogas, fármacos y enfermedades crónicas. Por su parte, los factores predisponentes para tener esta afección son: haber tenido una educación sexual inadecuada, sufrir actitudes negativas hacia la sexualidad, contar con una asertividad baja y una escasa comunicación sexual entre la pareja. “En la mayoría de los casos, el origen es psicológico y, sobre todo, proviene de una falta de conocimiento de la propia respuesta sexual de la mujer, tanto de la mujer como de su pareja“, afirma. Por ello, es muy importante, insiste la especialista, que “se exploren, que se adentren en su cuerpo y que conozcan de lleno su respuesta sexual“.

De hecho, para tratar un tema de anorgasmia en las consultas, hay que tener esta idea clara, además de seguir una serie de pasos. En primer lugar, se deben potenciar los aspectos positivos de la sexualidad y eliminar algunos tabúes, prejuicios y falacias sobre el orgasmo femenino tales como: “no hay mujer insatisfecha, sino hombres inexpertos“, “el placer de la mujer es responsabilidad de su pareja” o “sólo se llega al clímax con el orgasmo vaginal“.

Hay que informar bien, asegura Sánchez, sobre todos los aspectos de la sexualidad en sí y sobre la función del clítoris y el orgasmo en particular: “Las mujeres nacen con clítoris y por tanto con la capacidad de tener orgasmos“. En segundo lugar, es muy importante la autoestimulación, tanto propia como de la pareja, y por último la capacitación orgásmica.

Este problema, concluye Sánchez, se puede tratar y tiene solución, por ello es fundamental “el autoconocimiento sexual, la propia satisfacción en las relaciones y, sobre todo, la comunicación con tu pareja a nivel sexual“.

COMO MEJORAR LA CANTIDAD Y LA CALIDAD DE LAS RELACIONES SEXUALES

Si eres capaz de mimetizarte en las fantasías que la otra persona se ha fabricado sobre ti has encontrado la fórmula mágica para tener una relación perfecta. Como esto no siempre resulta posible en el mundo real, los expertos aconsejan a las parejas algunos trucos para que su relación sea lo más parecido al idilio.

Y así, con esta idea, la doctora Carmen López Sosa, profesora de Sexología de la Facultad de Medicina de la Universidad de Salamanca, anima a buscar en cada uno de nosotros lo que ella llama la ‘hoja de ruta’. O lo que es lo mismo, el camino para encontrar y mejorar tu vida sexual. “Saber qué queremos, qué es lo que nos gusta, lo que nos repele, conocemos nuestro propio cuerpo, los sabores del otro, las fantasías de tu pareja y lo que esperamos de ella y de nosotros mismos. En definitiva, tenemos que atrevernos a sincerarnos sexualmente con nuestra pareja y a solicitar ayuda profesional en caso de que algo no marche bien”, comenta a ELMUNDO.es esta experta, que recientemente expuso este tema en el VII Curso Internacional de Sexualidad y Salud Mental, celebrado en Salamanca.

Verano y parejas
Es cierto, mantiene la especialista, que el verano suele romper la rutina, hay más sol y por tanto disminuye la depresión y se fomenta más el contacto físico. Por ello, no es extraño que se formen nuevas parejas; algunas sólo para el verano y otras más estables. Del mismo modo, asegura, la época estival también puede generar euforias rompedoras, pero hay que dejar claro que las parejas no las rompe el verano.

“Las parejas que ya estaban un poquito desgastadas, ahora suelen pasar juntas 24 horas y si han puesto demasiadas expectativas en las vacaciones, como si fuera una varita mágica que va arreglar su relación, esto puede precipitar un mal final”, explica.

También lo afirma así Esteban Cañamares, psicólogo clínico y sexólogo experto en familia y parejas, quien confirma que pasar más tiempo juntos en vacaciones no soluciona todos los problemas. “El problema no está en la falta de tiempo, sino en otras cosas que hay detrás de la relación. No puedes esperar que las cosas se solucionen solas”, mantiene. Lo importante es afrontar los problemas cara a cara, dialogar y poner las cartas sobre la mesa.

Según algunos estudios, comenta, las rupturas de pareja en verano suponen sólo un ligero aumento en comparación con el resto del año. “El verano representa una cuarta parte de todo el año, y las rupturas en esta estación se cifran aproximadamente en un 33%. No es tanto como se puede pensar”, expone este experto en Psicología.

Consejos prácticos
Ambos expertos enumeran una serie de consejos o recomendaciones prácticos para mejorar la vida de pareja, tanto en el ámbito relacional como en el sexual.

Espaciar las relaciones sexuales va apagando el deseo y hace que cada vez sea más difícil disfrutar.
Hacer planes en común y satisfacer todas aquellas pequeñas o grandes cosas que la pareja desea.
Desarrollar las fantasías de la otra persona (siempre y cuando ambos estén de acuerdo).
Animar al otro en su desarrollo personal aumenta el optimismo, las ganas de hacer cosas y también el deseo sexual.
Hablar de sexo con la pareja con la misma naturalidad y empeño que del resto de asuntos de la vida en común.
Consulte con el especialista cualquier problema sexual.

¿Porqué tengo una depresión? ¿Qué son los antidepresivos? ¿Cómo actúan?

1-¿Qué son los antidepresivos?
Los antidepresivos son un grupo de medicamentos utilizados sobre todo para tratar la depresión. Y si digo ‘sobre todo’ es porque aunque nacieran como antidepresivos en el laboratorio de investigación farmacológica, su uso nos ha ido descubriendo su utilidad en el tratamiento de otros procesos como son los trastornos de ansiedad, el trastorno obsesivo compulsivo, los trastornos alimentarios, etc.

2-¿Cómo actúan los antidepresivos?
Los antidepresivos ejercen su acción al intervenir en el mecanismo por cual las células cerebrales (o neuronas) intercambian información entre ellas a través de unas moléculas llamadas neurotransmisores.

Los neurotransmisores son unas biomoléculas que actúan como mensajeros químicos que hacen posible la intercomunicación de dos neuronas entre si, pero también entre una neurona y una célula muscular o una glándula.

Entre las neuronas se encuentra el llamado espacio intersináptico. Para que pueda establecerse una comunicación interneuronal, la neurona que emite la información (neurona presináptica) libera al espacio intersináptico una vesículas que contienen neurotransmisores. Por su parte, la neurona que recibe la información (neurona postsináptica) posee unos receptores específicos diseñados para recibir a los neurotransmisores y dejen su mensaje a través de lo que conocemos como impulso nervioso o sinapsis.

Los medicamentos antidepresivos ejercen su acción sobre los neurotransmisores (concretamente serotonina, noradrenalina, dopamina, y más recientemente melatonina) ayudando a restablecer la correcta regulación de los mismos y permitiendo de este modo atenuar los síntomas de la depresión.

3-¿Cómo se desencadena una depresión?
La medicina aun no ha identificado con exactitud cuales son los mecanismos que explican la aparición de una depresión, no obstante todo apunta a que el origen de la misma sea multifactorial.

Es decir, en la génesis de la depresión intervienen diversos factores que abarcan desde los biológicos y psicológicos hasta la predisposición genética individual de cada persona.

Estos factores no son excluyentes entre si. Pueden intervenir varios a la vez y, por ejemplo, encontrarnos una depresión en la que además de los factores biológicos relacionados con los neurotransmisores, exista el agravante de un divorcio (factor social-familiar), un trastorno de personalidad que predisponga a la melancolía (factor psicológico) e incluso antecedentes familiares depresivos (factor genético).

Cuantos más factores concurran en una persona, más vulnerable será ésta a padecer una depresión.

Los neurotransmisores
En mi ejercicio de la medicina, nunca me ha parecido correcto limitarme a recetar una pastilla a un paciente y despedirme de él sin ofrecerle una explicación del por qué de mi decisión terapéutica. Quien sufre una enfermedad —y aun más si es una depresión— tiene derecho a conocer qué es lo que se le prescribe y por qué; cómo va actuar el medicamento en su organismo y que efectos pueden surgir como consecuencia del mismo.

Por este motivo, siempre ofrezco una pequeña lección de psicofarmacología a los pacientes a los que prescribo un antidepresivo o cualquier otro psicofármaco. Es una actuación queme ocupa sólo unos minutos, pero con ella consigo una excelente colaboración y una reducción en el riesgo de abandono terapéutico tan frecuentemente asociado a los psicofármacos por culpa del estigma social que recae sobre los trastornos mentales.

De un modo adecuado fácilmente comprensible para el paciente, le explico que en la depresión hay una disminución de ciertos neurotransmisores que se encuentran en el espacio interneuronal, unos neurotransmisores que tienen la misión de transmitir información de una neurona a otra. Suelo ayudarme improvisando un dibujo. Informo también al paciente de que las neuronas no contactan físicamente entre si tal cual como lo hacen dos cables eléctricos que al tocarse encienden una bombilla, pues la comunicación interneuronal tiene lugar a través de unos mensajeros (los neurotransmisores) que viajan desde una neurona a otra para transmitir una determinada información.

Aprovecho entonces para informar al paciente de que en la depresión hay una deficiente concentración de neurotransmisores, la comunicación neuronal es inadecuada, y ahí es donde interviene el mecanismo de acción de los antidepresivos para soslayar el problema.

La recaptación
La neuronas tienen una predisposición a recuperar —o recaptar— los neurotransmisores que previamente han liberado. Esta recaptación es una especie de mecanismo de ahorro que obliga a los neurotransmisores a regresar a su neurona de origen. El resultado es que disminuye su presencia en el espacio intersináptico y se dificulta la transmisión de la información que contienen.

Para entender mejor este mecanismo, les pido a mis pacientes que imaginen a un camión cuya única misión es ir una y otra vez al espacio intersináptico para recoger los neurotransmisores que allí encuentre y trasladarlos a sus neuronas de origen. En esto consiste la recaptación, y el resultado es que cuantos menos neurotransmisores haya en el espacio intersináptico mayor será el riesgo de sufrir depresión.

Quedémonos de momento con esta imagen, pues nos será útil dentro de un momento.

4- ¿Cómo actúa un antidepresivo?
Los antidepresivos más utilizados en la práctica médica son los ISRS (inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina), y su mecanismo de acción consiste en inhibir la recaptación de los neurotransmisores (en concreto la serotonina) descrita en el apartado precedente.

Para entender en que consiste dicha inhibición, volvamos al ejemplo del camión e imaginemos que en esta historia interviene ahora un nuevo personaje encargado de pincharle las ruedas al camión o averiarle el motor para evitar que cargue se lleve los neurotransmisores. Esto es exactamente lo que hacen los antidepresivos mas utilizados: inhibir la recaptación de un neurotransmisor llamado serotonina, y la consecuencia de ello es que aumenta la presencia y la biodisponibilidad de la serotonina en el espacio intersináptico. La consecuencia inmediata es que el riesgo de depresión disminuye, o bien la depresión mejora si ya se hubiera instaurado.

Existen otros mecanismos de acción utilizados por otros antidepresivos, pero este es el que define el modo de actuar de los antidepresivos de uso más frecuente.

¿QUE SÓN PERSONAS DE ALTA SENSIBILIDAD? (P.A.S.)

Estas personas perciben y gestionan más información, lo que las lleva a vivir los estímulos de forma más intensa.

Esto tiene ventajas: las PAS son conscientes de detalles muy sutiles en su entorno. También son reflexivas, intuitivas, creativas, empáticas y cuidadosas. Pero este rasgo, como cualquier otro, también tiene sus, Inconvenientes: estas personas pueden ser muy cautas y demasiado volcadas en su interior. A veces se sienten desbordadas y exhaustas por la sobreactivación que resulta, por ejemplo, de estar con mucha gente o en ambientes muy ruidosos.

Gracias a este proceso de búsqueda de información, Alcón, jerezano de 38 años que vive en Madrid, sintió “serenidad -cuenta a Verne por teléfono-. Entendía por qué me pasaban muchas cosas y aprendí a gestionarlas”.

Un rasgo normal (y frecuente)

Aunque la etiqueta suene extraña, ser altamente sensible no es ningún trastorno. Y es más habitual de lo que parece. Como escribe Elaine Aron en El don de la sensibilidad, se trata de algo normal, “un rasgo básicamente neutro”. Entre el 15% y el 20% de la población es altamente sensible, en diferentes grados, y otro 22%, moderadamente sensible. (Si quieres una orientación acerca de si estás o no en este grupo, puedes probar con este test de la propia Aron).

Aron fue la psicóloga que puso nombre a este rasgo y quien lo popularizó gracias su libro, publicado en 1996. (Por cierto, su marido es Arthur Aron, también psicólogo y autor del experimento de las 36 preguntas para enamorarse).

Aunque a menudo se asocia este rasgo con otros como la introversión y la timidez, Manuela Pérez, presidenta de la Asociación Española de Profesionales de la Alta Sensibilidad, apunta que “tienen similitudes, pero son diferentes entre sí”, hasta el punto de que un 30% de las PAS son extrovertidas.

Una de las cosas que sí comparten estos tres rasgos es que se tienden a ver de forma negativa en nuestra sociedad, como si se tratara de defectos. Se valora a la gente extrovertida, sociable y despreocupada, lo cual está muy bien, pero no se ve con tan buenos ojos a quien se muestra más sensible o necesita tiempo a solas, actitudes que a menudo se ven como si se tuvieran que “curar”.

Como escribe Aron, “existe esa presión para hacer lo que hacen todos, para ser normales, guardar las apariencias, hacer amigos, satisfacer las expectativas de todos…”, que se nota especialmente en la adolescencia y juventud.

Alcón explica que ha sentido esa presión a menudo, ya que vivimos en una cultura “muy extrovertida. Somos de calle y de exponernos”. Esto no es nada malo, pero hace que los PAS tengan la sensación de “ir a contracorriente porque no te gusta lo que le gusta a todo el mundo y parece que la cultura no te acepta”. En resumen, “no consigues encajar por mucho que lo intentes”.

Conocer los límites

Todo esto no quita que los PAS deban aprender sobre sí mismos “y aplicar técnicas o procesos que nos ayuden a una mejor adaptación al entorno o bien a sacar lo mejor de este rasgo. Algunas tienen que ver con la reformulación de creencias y otras con el autocuidado, gestión de límites o la comunicación”, comenta Pérez.

Es decir, del mismo modo que una persona muy sociable también ha de aprender a estar sola, una PAS tiene que buscar el punto medio entre forzarse demasiado hacia afuera, (asumiendo muchas responsabilidades, por ejemplo) y mantenerse demasiado hacia adentro. Es decir, a veces tiene a sobreprotegerse, “cuando en realidad lo que anhela es estar fuera, en el mundo”, como escribe Aron. La psicóloga añade que “quizá lo más difícil de todo sea decidir hasta dónde protegerse, hasta dónde forzarse”, sin dejar de valorar un rasgo que “ofrece muchas cosas de las que carecen los demás”.

Por ejemplo, Alcón cuenta que hay sábados que le apetece quedarse en casa con un libro y otros en los que va con sus amigos, pero conociendo sus límites: “A lo mejor llego un poco más tarde y me voy antes”, cuenta. “Se trata de encontrar el equilibrio” y favorecer “un entorno de confort en el que puedes ser tú mismo”.

Otra opción que Alcón tiene es verse también con otros PAS. A principios de febrero de 2015 organizó la Asociación de Alta Sensibilidad de Madrid, con el objetivo de conocer a más personas sensibles. Hizo una convocatoria en la página MeetUp para un primer café y creía “que se apuntarían tres o cuatro. Se apuntaron 40. No sabía dónde meter a tanta gente”.

Con este grupo, explica, se han creado “espacios de encuentro”. Hacen desde cafés temáticos a picnics y excursiones, que también convocan a través de su grupo de Facebook que cuenta con más de 2.000 miembros. Intentan reunirse en espacios tranquilos, “que nos permita escucharnos” y, sobre todo, compartir sus experiencias. No solo como PAS, claro: “Tenemos vivencias y formas de ser muy diferentes”. Por eso también hay grupos específicos para familias, personas LGTB+, mayores de 50 años… Ya llevan más de 100 encuentros. “Quedamos por lo que nos une y compartimos lo que nos diferencia”.

Hombres y mujeres PAS
Una muestra interesante de cómo la cultura moldea nuestra visión sobre la sensibilidad la encontramos en un dato que da Aron en su libro: los porcentajes de hombres y mujeres PAS son similares. Pero la psicóloga apunta que “la cultura marca diferencias”, sobre todo porque (aún) se tiende a tratar a niños y niñas de forma diferente en lo que atañe a su sensibilidad.

En el caso de los niños se tiende a reprimir esta sensibilidad, mientras que en el de las niñas se potencia y se puede llegar a sobreprotegerlas. Este prejuicio cultural se mantiene en la edad adulta, escribe Elaine Aron en El don de la sensibilidad. De hecho, Manuela Pérez, presidenta de la Asociación Española de Profesionales de la Alta Sensibilidad, explica que en consulta recibe a “hombres con claras dificultades para mostrar esta sensibilidad o expresar las emociones relacionadas con estas, como el llanto o el miedo”.

Para Pérez, esta visión social de la sensibilidad está cambiando: “Cada día hay muestras de cómo la sensibilidad se está viviendo y percibiendo como una fortaleza de enorme utilidad”, tanto personalmente como en el ámbito laboral, donde “están surgiendo nuevos modelos de liderazgo enfocados desde la empatía y la colaboración”.

EL RECHAZO AL SEXO

En la mayoría de las ocasiones relacionamos el sexo con la experimentación del placer y sensaciones agradables y satisfactorias. Sin embargo, en algunas personas este sentimientos es diametralmente opuesto. Son los casos de trastorno por aversión al sexo, un tipo disfunción sexual por el cual la persona experimenta una fuerte respuesta de repugnancia o repulsión al sexo en general o a ciertas conductas o prácticas sexuales concretas.

¿Qué es el trastorno por aversión al sexo?
También conocido bajo el diagnóstico de rechazo sexual persistente, el trastorno por aversión al sexo es considerado como un tipo de disfunción sexual en la cual se experimenta una aversión constante o recurrente a cualquier tipo de contacto sexual. Las personas que la sufren manifiestan una clara aversión hacia el sexo, lo que les lleva a evitar los contactos sexuales, sobre todo genitales, con otra persona.

Además, el trastorno por aversión al sexo difiere del resto de trastornos sexuales en que este primero genera repulsión, altos niveles de ansiedad y estados de pánico en la persona, la cual los experimenta ante la posibilidad de cualquier tipo de actividad sexual.

Esta sensación de rechazo puede darse tanto ante la idea de llevar a cabo conductas o relaciones sexuales en general, como ante a prácticas sexuales concretas y específicas como el sexo oral o la masturbación.

La incidencia del trastorno por aversión al sexo es mucho más alta en mujeres que en hombres y suele representar entre el 3 y el 4% de los motivos de consulta en relación con las disfunciones sexuales. Por lo que es considerado como una alteración infrecuente de la conducta sexual.

No obstante, en aquellos casos en los que la aversión al sexo resulta ser muy grave, la persona que lo padece puede llegar hasta el punto de no relacionarse con ninguna persona que pueda suponer una potencial pareja sexual o romper una relación sentimental cuando esta da paso al inicio de las relaciones sexuales.

Tipos de aversión al sexo
Existen diferentes tipos de trastorno por aversión al sexo. Si bien todas tienen en común el sentimiento de rechazo y repugnancia hacia el sexo y las conductas de evitación activa frente a cualquier tipo de contacto sexual, estas difieren en cuanto al momento de aparición y al rango o nivel de afectación.

1. Aversión sexual primaria
Este primer tipo de aversión al sexo hace referencia a aquellos casos en el que la persona ha sentido un rechazo al sexo durante toda su vida. La mayoría de estos casos están muy asociados a víctimas de abusos sexuales durante la infancia.

2. Aversión sexual secundaria
En estos casos la persona ha llegado a vivir su sexualidad sin ningún tipo de dificultad. Sin embargo, a raíz de alguna vivencia o situación esta desarrolla, gradual o repentinamente, dicho trastorno de aversión. Habitualmente este rechazo al sexo aparece en respuesta a una situación de abuso sexual o violación.

3. Aversión generalizada
En este caso la clasificación no se basa en cuándo aparece el trastorno, sino más bien al grado de afectación que este presenta. En la aversión generalizada, la persona experimenta conductas de repugnancia y aversión al sexo independientemente de la pareja o personas con quien las lleve a cabo.

4. Aversión situacional
Por el contrario en la aversión situacional la persona manifiesta el rechazo al sexo con ciertas personas específicas o con su pareja. Este trastorno suele ocasionar numerosos conflictos y dificultades dentro de la relación de pareja de la persona afectada.

¿Qué síntomas manifiesta?
Tal y como se indica en puntos anteriores, la sintomatología principal que aparece en el trastorno por aversión al sexo está relacionada con las sensaciones de repulsión y ansiedad. Estos síntomas aparecen debido a una hiperactivación del sistema nervioso central, el cual da lugar a una serie de cambios y alteraciones físicas como las siguientes:

Aumento de la frecuencia cardíaca.
Aumento de la sudoración.
Tensión muscular.
Crisis de angustia.
Desvanecimientos.
Vértigos o sensación de mareo.
Sensación de asfixia o de falta de aire.
Náuseas y/o vómitos.
En cuanto a los síntomas de tipo conductual, la persona puede llevar a cabo diferentes conductas que tienen como objetivo evitar todo tipo de situaciones o personas con las que exista un riesgo de iniciar algún tipo de contacto sexual.

Estas conductas abarcan desde el abandono de la higiene corporal o la implicación excesiva en cualquier otro tipo de actividades que le permitan tener una excusa para no mantener relaciones sexuales.

Diferencias entre este trastorno de aversión y la fobia al sexo
A pesar de que tanto la sintomatología física como la conductual del trastorno por aversión al sexo sea similar a la de una fobia de tipo sexual, existen diferencias significativas en cuanto a los síntomas cognitivos o sentimientos que la persona experimenta en relación al sexo.

La principal característica distintiva es que mientras que en el trastorno de aversión las emociones están relacionadas con la repulsión y el asco, en la fobia la persona experimenta un miedo excesivo, irracional y persistente ante las conductas sexuales.

Es decir, la aversión al sexo esta asociada a otro tipo de emociones distintas del miedo y suele estar provocada por aspectos concretos de las relaciones sexuales tales como las secreciones o la penetración o por personas concretas. Mientras que la fobia sexual consiste en una experimentación de temor extremo hacia el sexo en general.

¿Cuáles son las causas?
Aunque la principal causa del trastorno de aversión al sexo se encuentra en la manifestación de una actitud negativa hacia este, estas actitudes pueden tener diversos fundamentos u orígenes.

En las aversiones de tipo primario suele existir una base relacionada con una educación sexual deficiente o excesivamente rígida y restrictiva, la cual considera al sexo como un acto nocivo, dañino o pernicioso. En ocasiones, personas educadas en ambientes religiosos muy estrictos pueden haber sido educadas bajo la creencia de que el sexo es algo pecaminoso, impuro o indecente, de ahí el desarrollo de la aversión.

En cuanto a las aversiones secundarias, estas tienden a estar relacionadas con experiencias traumáticas en relación al sexo. Vivencias de abusos sexuales, violaciones o la propia presión que la pareja pueda ejercer para mantener algún tipo de actividad sexual son el germen del trastorno por aversión al sexo de tipo secundario.

¿Existe un tratamiento?
Debido a que se trata de una afección psicológica, las intervenciones cognitivo-conductuales, que incluyen técnicas de desensibilización sistemática, han resultado ser de gran eficacia para el tratamiento del trastorno por aversión al sexo. No obstante, existen otros tratamientos de corte psicodinámico que aunque requieren de más tiempo, también pueden resultar efectivos.

Gracias a estos tratamientos, las personas que sufren de trastorno por aversión al sexo pueden ver cómo sus síntomas disminuyen e incluso remiten por completo, ofreciéndoles la posibilidad de llevar una vida sexual normal.

¡¿Iniciar una conversación DELICADA!?

La comunicación humana, rica en lenguaje verbal y no verbal, presenta muchos recursos expresivos que, bien utilizados, te permitirán conectar mejor con las demás personas; incluso contigo mismo. Dentro del universo de herramientas están las preguntas.

Entre las más empleadas, existen 6 tipos de preguntas, a saber: cerradas, abiertas, reflexivas, directas, retóricas y de opciones múltiples.

¿Por qué es importante distinguirlas? Porque son esenciales para interactuar en forma efectiva, ya que son la base de la comunicación entre las personas, más allá de la lengua o la cultura. Sirven para buscar información, conectar con otro tipo de conocimiento, pedir, reafirmar conceptos y profundizar en los vínculos, entre sus múltiples acepciones.

Acaso las preguntas surgieron como una manifestación sobre la curiosidad innata en las personas. Incluso cuando tú mismo te las formulas, el cerebro se moviliza para traer respuestas y conexiones para generar estímulos desafiantes y diferentes.

· De niños a adultos
Cuando somos niños, las preguntas son más bien ingenuas, y tienden a obtener respuestas directas sin filtros y que, en general, puedan resolver necesidades inmediatas o inquietudes que parten de la curiosidad infantil.

Ya de adultos, nos adentramos en las razones de la vida y de las cosas; nos cuestionamos; reformulamos respuestas; conectamos con la profundidad del ser y buscamos referencias, datos, y conocer mejor desde dónde actúan las demás personas, entre millones de interpretaciones posibles.

· Los 6 tipos de preguntas
Cuando exploras esta tipología de preguntas, te adentras en un universo que aplicas cotidianamente -quizás sin darte cuenta-. Si quisieras ser más asertivo en tus comunicaciones, esta explicación te ayudará a comprenderte y comprender mejor a los demás:

  1. Preguntas cerradas: en su mayoría se responden por “si” o “no”, o con frases cortas o una sola palabra. Sirven para conseguir o validar información inmediata. Se refieren a hechos concretos; son rápidas de responder y, quien las formula, mantiene cierto control de la conversación. Las reconocerás rápidamente en interrogatorios directos. Ejemplos: “¿Estabas allí?”, “¿Quieres saber más?”, “¿Te gustaría ir al cine?”. La ventaja es la rapidez de resolución, y la desventaja, es que si deseas profundizar necesitarás combinarlas con otras preguntas.

  2. Preguntas abiertas: requieren respuestas más extensas, ya que eso es lo que buscan. Necesitan de mayor elaboración, y permiten profundizar en aspectos claves sobre los que se desea preguntar. Además, al hacerlo, involucras más a la otra persona, y no alcanza con responderlas con “si” o “no”. Ejemplos: “¿Cuál es su opinión?”, “¿Qué pasó que llegaste tarde?”, “¿Cuál fue tu último gran reto?” Se basan en pronombres como qué, cuándo, por qué, quién, cómo, cuánto, etcétera. Se utilizan para indagar sobre pensamientos, ideas, creencias, y articulan conversaciones más ricas por cuanto llevan a expresar sentimientos, opiniones y visiones de las cosas. Además, entregan el control de la conversación a la persona que responde.

  3. Preguntas reflexivas: Este tipo de preguntas aportan más detalles sobre quien responde; permiten ir más allá de lo que te dicen. Generalmente son hipotéticas o condicionales; de alguna forma, se puede influenciar a la otra persona, como una inducción básica. Además, permite profundizar en las respuestas que recibes, para aclarar, reconsiderar, corregir o añadir conceptos.. Ejemplos: “¿Usted estaría conforme si llegamos a este trato comercial?”, “¿Qué puede hacer junto a mi para crear juntos un proyecto exitoso?”.

  4. Preguntas directas: Su forma permite inclinar un poco la balanza hacia el criterio imperante de quien pregunta, porque suelen incluir escenarios e ideas bastante claras que se infieren en el mismo cuestionamiento. Es una forma sutil de dirigir la intencionalidad de las respuestas que dará la otra persona; un ejemplo gráfico -en general- es cómo reaccionan los niños a estas preguntas directas, ya que suelen responder de acuerdo a lo que el mayor espera. Se combinan muchas veces con las preguntas indirectas. Veamos estos ejemplos, empezando por una formulación DIRECTA: “¿Cómo logras mantener tu mente en calma cuando afrontas situaciones tan desafiantes en tu ámbito laboral?” (observa que la pregunta presupone problemas en el trabajo del otro); INDIRECTA: “Me imagino que debe ser un desafío mantener la mente en calma ante situaciones desafiantes en tu ámbito laboral”. DIRECTA: “A mí me gustaría proponerte algo especial para ambos: ¿quieres que salgamos como pareja?”. INDIRECTA: “Me gustaría proponerte algo especial para ambos, y tiene que ver con invitarte a salir como pareja”.

  5. Preguntas de opciones múltiples: Es una variedad de cuestionamientos directos-cerrados dándole al otro varias alternativas. Esto obliga a la persona a escoger lo que considera mejor, en el momento. Se utilizan en ventas, en exámenes o cuando hay que obtener información mediante cierto direccionamiento. Suelen presentar al menos dos alternativas (es decir, una dicotomía, entre una cosa y otra). A la vez, cuando una persona se pierde en las respuestas, ayudan a encontrar el ritmo y dirección de la conversación. Incluirás opciones dentro de otras, incluso si quieres distraer la atención de la otra persona, hasta entregar al final la dicotomía. Ejemplos: “¿Es usted una persona segura de sí misma o siente que se deja influenciar por los miedos internos?”; “¿Quiere tomar un café, o quizás algo fresco?”.

  6. Preguntas retóricas: Están diseñadas para crear empatía o generar pensamientos rápidos que se traduzcan en respuestas inmediatas antes de seguir abordando un tema. Es la técnica que utilizan los grandes oradores, donde rematan conceptos con frases como “¿Sí o no?”, “¿Vamos bien hasta aquí o pasamos a otro tema?”, y sirven para retomar la consciencia del público sobre un tema. A veces tienen toques de humor, como por ejemplo cuando alguien finaliza una frase con un refrán popular, y permite que el otro (o el público) lo complete verbalmente.


  • Finalmente, el lenguaje gestual y la comunicación no verbal es igualmente de elocuente para formular preguntas; no siempre es necesario usar palabras. El caso típico es cuando enfatizas una idea con un gesto de tu rostro, o con las manos, apoyando en forma silenciosa algo que es más expresivo que si lo dijeras en una frase.

Como observas, el tema de las preguntas no es una simple cosa de hacer cuestionamientos; sino más bien de elaborar, enriquecer, hilvanar y despertar el poder comunicativo, en ti y en los demás, para hacer más fluidos los intercambios.

BRUXISMOS ¿Que hacer si rechinan los dientes al dormir?

RECHINAR LOS DIENTES AL DORMIR (BRUXISMO) Y SU ORIGEN PSICOLÓGICO

¿Qué dice de tu estado mental?
Aunque la causa específica del bruxismo no está clara, los expertos normalmente lo vinculan al estrés, la ansiedad y los problemas de sueño, que son factores que cuando menos exacerban el problema.

El bruxismo en los adolescentes puede ser un signo de que sufren problemas de acoso escolar, según un estudio de Brasil.
En países como Reino Unido los especialistas creen que los casos de bruxismo están aumentando, quizás en un contexto en el que el estilo de vida es cada vez más estresante.

Allí ha sido asociado durante el día a actividades como conducir y hacer tareas del hogar y de bricolaje.

En el caso de los adolescentes, un estudio reciente realizado en Brasil sugiere que el bruxismo puede ser un síntoma de que los niños sufren acoso escolar.

Según los resultados de la investigación, publicada en la revista especializada Oral Rehabilitacion, los niños de 13 a 15 años que experimentan abuso verbal en la escuela tenían una probabilidad de sufrir bruxismo nocturno cuatro veces mayor que otros adolescentes.

Eso dio una prevalencia de un 65% de los estudiantes acosados, frente a una del 17% entre la población estudiantil general.

Según la organización Salud Oral del doctor Carter, tanto los padres como los colegios deberían ser más conscientes de este problema, que también afecta a los adultos estresados y ansiosos.

Consejos para prevenirlo
Los tratamiento aspiran a reducir el dolor, si lo hay, prevenir el daño dental permanente y disminuir la fricción dental.

Muchas veces son las parejas de los pacientes las que descubren el hábito al escuchar el rechinar de los dientes, cuyo ruido puede ser fuerte y desagradable.
Para proteger los dientes con frecuencia se receta el uso de protectores bucales o aparatos (férulas) a la medida.

Pero muchos especialistas también recomiendan cambios en el estilo de vida para sobrellevar mejor el estrés diario y estar más tranquilos.

“Si tu bruxismo está relacionado con el estrés es importante que trates de relajarte y de dormir bien“, recomienda el NHS. Para ello sugiere hacer yoga, usar técnicas de relajación de la respiración, darse un masaje o un baño, leer o escuchar música antes de dormir.

Si eso no funciona hay algunos tratamientos psicológicos que pueden ayudar, como las terapias cognitivo-conductuales, que se centran en el vínculo entre el pensamiento y la conducta.

Existen algunas técnicas que tratan de revertir hábitos, aunque el NHS puntualiza que no hay evidencia científica de que puedan evitar el bruxismo.

En todo caso, controlar el bruxismo durante el día es mucho más fácil que hacerlo durante el sueño, por razones obvias.

Además, según el NHS, reducir el consumo de alcohol y dejar de fumar pueden ayudar a prevenir el bruxismo.

El consumo de drogas recreativas como el éxtasis o la cocaína también puede empeorar el problema.

Por otro lado, en algunas ocasiones el bruxismo puede ser un efecto secundario de algunas medicaciones antidepresivas, pero cualquier cambio en la medicación debe ser consultado antes con el médico.

ES IMPORTANT QUE ELS NENS ES FRUSTRIN ES BO PER AL SEU FUTUR

Ja ho deien -per triplicat- els Stones: no sempre pots obtenir el que vols. Si acceptar aquesta evidència palmària i plantar-li cara ja costa Déu i ajuda si s’és adult i se suposa que madur, el camí de la frustració fa encara més pujada per a un infant, que hi transita sense eines. Tot va com una seda fins que, de sobte, un impediment li barra el pas: alguna cosa no li va o no li surt (al nen, a la nena) ben bé com voldria o com s’esperava, i ja hi som: plors, rebequeries… Frustració. Ràbia.

“La frustració es pot definir com aquell comportament que està bloquejat per algun obstacle”, escriu Joaquim Limonero, professor titular del departament de psicologia bàsica, evolutiva i de l’educació de la UAB i secretari de la Facultat de Psicologia, a ‘Motivació i emoció’ (UOC). “La persona o organisme -continua- no pot aconseguir o accedir al seu objectiu desitjat, cosa que li genera un estat emocional negatiu” que pot anar “des de la confusió, la tensió o la inquietud fins a la irritació i fins i tot l’agressió; i en última instància la desorganització de la conducta”. ¿Els pares actuals permeten als fills que experimentin i resolguin -amb ajuda, s’entén- situacions frustrants? “Els nens i nenes es frustren menys que els adults”, respon Ramon Cladellas, professor agregat i secretari del mateix departament de l’Autònoma. “En general -constata- deixem que els nens es frustrin poc, per no dir molt poc. Tots plegats fem el que calgui per evitar-ho”.

La frustració es pot definir com aquell comportament que està bloquejat per algun obstacle

JOAQUIM LIMONERO – PROFESSOR DE PISCOLOGIA
Si criem la canalla en el món de la piruleta, en una bombolla on tot és fàcil, res els incomoda, cap fita els costa i cap conflicte els fa la punyeta, els privem d’un recurs clau per a l’adultesa: la resiliència. En lloc d’evitar que es frustrin o d’ensenyar-los a no frustrar-se, ensenyem-los, pel seu bé, a frustrar-se (a mantenir el desengany a ratlla, a combatre l’adversitat), i fem-ho sense frustrar-nos. Amb moderació, la frustració els convé; exposem-los-hi, doncs, perquè aprenguin a tolerar-la. Cladellas encoratja els pares: “Hem de capaços de resistir-nos a donar-los tot el que volen o demanen. Ens preocupem massa -diu- pel seu benestar emocional, i això fa que inconscientment no els deixem créixer”.

Ni sempre que sí ni sempre que no
Si cedim a qualsevol demanda -a totes, sempre- no els estem pas aplanant el camí, sinó posant-los bastons a les rodes. “Cal valorar les diferents situacions i anar alternant el sí amb el no”, sosté Ramon Cladellas: “Ni és bo resistir-nos a tot ni complaure’ls en tot”. Així, defensa, aprenen que hi ha coses que poden obtenir i d’altres que no: “Si a tot els diem que no -avisa- els estarem frustrant en excés, mentre que si a tot els diem que sí estem generant uns nens massa consentits”. Però no és fàcil, oi? Per què? “Perquè confonem voler el millor per als nostres fills amb desitjar que tinguin tot el que volen. Costa molt dir que no quan volen alguna cosa i quan sabem perfectament que els altres nens ho tindran”. Ens sentim mals pares, males mares, però estem fent el que toca. “Si cedim davant d’una rebequeria -adverteix Cladellas- el que estarem fent és ensenyar-los que, actuant d’aquesta manera, podran aconseguir tot el que es proposin. No els podem reforçar, sinó tot el contrari”. I remarca: “D’alguna manera hem d’aconseguir extingir aquesta conducta inadequada”.

Els sobreprotegim: “Confonem estimar-los amb procurar que no els falti res, i amb això estem provocant que no valorin res i que pensin que tot es pot aconseguir d’una manera ràpida i sense gens ni mica d’esforç. Fent un símil amb l’ús que fan de les tecnologies, creuen que prement un botó (en aquest cas seria enrabiar-se) poden aconseguir tot el que els envolta”. Per evitar-ho, Cladellas recomana sang freda quan els nanos topin amb un entrebanc i facin cara de pomes agres: “Sé que és difícil i costa -admet-, però davant d’aquest fet hem de ser conseqüents i, si considerem que no se’ls ha de donar el que demanen, cal aguantar com sigui fins que els passi la irritació, i intentar fer-los veure que no és possible tenir-ho tot, tal com els passarà quan siguin més grans”. Això sí: s’ha de fer quan s’hagin calmat, perquè “no serveix de res intentar dialogar amb el nen quan està enfadat, ja que pot més la part emocional que la racional. “Se’ls ha d’anar explicant constantment que no sempre es pot tenir tot el que es vol”.

ELIMINAR NO, CONVIURE-HI
En comptes d’eliminar la seva frustració o el que la causa, els pares hem d’ajudar-los a conviure-hi: “És bo i necessari que els nens es frustrin -assegura el doctor Ramon Cladellas-, ja que és un aprenentatge que cal que adquireixin per ser capaços d’enfrontar-se a totes les situacions desagradables que es trobaran de grans. El que sí que hem d’intentar -matisa-és ensenyar-los a gestionar aquesta frustració, i per això cal que els expliquem que el que els passa en aquest moment és normal, però que no es pot tenir ni desitjar sempre el que es vol; sobretot si això no depèn d’un mateix”.

D’aquest suport parental a la canalla frustrada en dona pistes Miguel Carlos Martínez López, mestre especialista en educació infantil, llicenciat en psicopedagogia i -hi afegeix-“apassionat de la primera infància”. En parla a ‘Com abordar els petits i els grans conflictes quotidians’ (Graó): “Hi ajuda que siguem proactius, no reactius. I, en qualsevol cas, que ens ajustem ràpidament als canvis desenfrenats que els nens viuen durant els seus tres primers anys de vida: creixen, es mouen, tenen necessitat de jugar, no poden esperar gaire, els agrada posar-se a prova… També hem d’entendre -matisa l’educador- que hi ha d’haver un equilibri entre les seves necessitats i les exigències que els fem. No els podem tenir tota una tarda de pluja a casa i esperar que s’hi conformin. I tenir criteri: “És important el temps, la disponibilitat, el gaudi compartit d’experiències de tot tipus, o el joc. No és gens important la majoria de les coses que es compren”.

Davant la frustració dels fills cal que pares i mares siguin proactius, no reactius

Com sempre, no ens podem refiar de cap fórmula infal·lible: cada nen és un món. Si s’enfada perquè alguna cosa l’empipa reaccionem-hi segons la seva edat i, sobretot, el seu tarannà. El pedagog diu: “Ens trobarem amb nens més difícils (fins i tot si hem tingut tota la cura del món en la seva criança, fins i tot si amb un altre fill tot ha sigut fàcil) que necessitaran més temps i més implicació perquè siguin capaços de batallar amb la frustració. Nens més irritables amb qui caldrà provar tractes, claredat en els missatges, visualització de les conseqüències i una gran coherència pel que fa a normes i comportaments acceptables”. La frustració els (i ens) posarà a prova.

La frustració i -ai!- el seu esclat: les rabioles, marraneries o -ep- criaturades: “Les rebequeries són un cas específic d’una etapa molt concreta. El nen -aclareix Martínez López- se sent impotent i ens mostra el seu desconcert. Resulta fàcil entendre que no hem de permetre que es facin mal o que en facin als altres, i, en el moment més descontrolat, la nostra intervenció s’ha de limitar a evitar aquest mal”. “Serà difícil que ens escoltin i que ens entenguin, així que tranquil·litat -aconsella-. I, quan les aigües tornin al seu curs, parlar dels sentiments de l’un i de l’altre, de les raons, de com demanar, de com buscar alternatives”.

Quan es tracta de nens molt petits, funciona la distracció si estan disposats a canviar el seu focus d’interès; es pot provar. Amb un nen de quatre anys que manté rebequeries de manera reiterada, amb temps molt llargs d’enuig, segurament hem de pensar a demanar ajuda. I, amb el temps i una canya, aprendran que, com dirien els Stones, si ho proves, de vegades, obtens el que necessites.

Preparats per als fracassos de debò
Miguel Carlos Martínez: “L’expressió acceptar la frustració sona a una actitud passiva. Seria millor acostar-s’hi com una conquesta, com la capacitat de fer front a la infelicitat i de posar en pràctica estratègies per conviure-hi”. N’aprenen a poc a poc: “En la primera etapa de la vida la frustració es construeix des de fora, des del cuidador principal, que busca com fer front al malestar expressat a través del plor”. Segon pas: “Gradualment i segons es construeix l’autonomia, el llenguatge oral i la confiança en el món, el nen aprèn a esperar… una mica”. Però venen revolts: “Hi ha el moment de «Ho vull ara», amb rebequeries amb les quals el nen posa a prova els límits del món. És el moment que comenci a entendre que les coses es fan d’una manera i que hi ha una raó”. I la lluita, per fi, culmina: “En la majoria dels casos, els nens disposaran de l’estructura emocional i de les habilitats necessàries per fer front a les petites frustracions del dia a dia”.