¿Cuál es el secreto de una vida erótica feliz?

La clave está en moderar las expectativas y trabajarnos la relación día a día, sugiere un reciente estudio.

¿Cuál es el secreto de una vida erótica feliz?

Un estudio publicado el pasado noviembre en la revista Journal of Personality and Social Psychology trataba de resolver esta pregunta desde una perspectiva diferente. En lugar de centrarse en las conductas eróticas concretas que nos llevan a sentirnos felices, investigaba las expectativas que tienen las personas y su posibilidad de verlas satisfechas.


MIDE TU INTELIGENCIA SEXUAL

Los autores de la investigación, de la Universidad de Toronto (Canadá), dividieron a los participantes –tanto homosexuales como heterosexuales– en dos grupos diferenciados. Por una parte, aquellos que creen en que el destino les deparará el encuentro con alguien con quien desde el principio tendrán una conexión erótica perfecta y compenetrada. Por la otra, quienes piensan que las relaciones hay que trabajárselas y que la compenetración sexual se consigue con esfuerzo, a lo largo del tiempo.

Los datos de las seis encuestas que hicieron a los 1.900 participantes del estudio mostraron que los segundos, aquellos que creen en el crecimiento sexual progresivo, tienen una vida erótica más feliz. El secreto, según estos investigadores, está en las expectativas que generan las creencias. Los que esperan el éxtasis inmediato se ven pronto decepcionados y se sienten infelices, mientras que los otros van mejorando poco a poco con el tiempo.

“La gente que cree en el destino sexual equipara automáticamente los problemas en la cama a los problemas en la vida de pareja en general”, explica Jessica Maxwell, la experta que ha dirigido el estudio. “Pero tu vida sexual es como un jardín, que necesita ser regado y cuidado para que se mantenga florido”. Lo de la predestinación se queda para las novelas románticas y las películas.

EL SEXO ES CONVENIENTE Y NECESARIO PARA UNA BUENA SALUD

Practicar sexo es bueno para tu salud

El sexo es, muchas veces, la mejor medicina, y cada vez son más los estudios científicos que corroboran esta afirmación. Enumeramos aquí algunos de los beneficios del sexo para tu salud.

El psicólogo Stuart Brody, de la Universidad del Oeste de Escocia, en el Reino Unido, decidió estudiar si el sexo en pareja es más saludable que en solitario, y llegó a la conclusión de que las relaciones compartidas son mucho más satisfactorias que la masturbación. Tiene su lógica, porque, si fuera al revés, quizá la humanidad se habría extinguido.

Para llegar a ese resultado, Brody midió la tasa de prolactina en la sangre, hormona con efecto relajante que se libera después del clímax, y se encontró con que era un 400% más elevada entre los que tuvieron una relación convencional que entre los que se autosatisficieron.

La prolactina tiene además otra consecuencia: nos permite oler mejor, según comprobó el profesor Samuel Weiss, de la Universidad de Calgary, en Canadá, mediante una investigación en ratones, ya que hace que se duplique el número de nuevas células nerviosas en el bulbo olfativo, la parte del cerebro que regula el olor.

Medicina para el corazón

Pero si hay un órgano al que le sienta de perlas es al corazón. Su efecto cardioprotector es similar al del ejercicio regular. En el coito, el ritmo cardiaco pasa de 60 pulsaciones por minuto a unas 180, y, fruto de esa actividad, se gastan las mismas calorías que consumiríamos andando rápido durante media hora.

Curiosidades científicas sobre la masturbación
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 CURIOSIDADES CIENTÍFICAS SOBRE LA MASTURBACIÓN
 Como cualquier actividad intensa, el sexo tonifica
 todo el cuerpo, pero sobre todo la zona pélvica.
Las contracciones de la vagina y los espasmos del 
esfínter anal y uretral –en los dos sexos– son tan 
efectivos como los ejercicios de Kegel. 
Estos se recomiendan tras el parto o para mejorar 
el control de la orina en la tercera edad.
Sus efectos en las mujeres están muy contrastados,
según explica el ginecólogo Ramón Serrano Vicéns en
su libro La sexualidad femenina, una investigación
estadística(Ruedo Ibérico, 1972). 
Este pionero en el estudio de las repercusiones del
sexo en la salud apuntó que las mujeres que se
masturban tienen contracciones del útero más
eficaces en el parto que las que no lo hacen.

Hay chicas que recurren a esta medicina para combatir las reglas dolorosas. Las molestias disminuyen porque con el orgasmo se activa el centro corporal que mitiga el dolor, en el cerebro medio. Cuando llega el clímax, este da la orden para que se liberen endorfinas y corticosteroides que tienen un efecto sedante sobre las terminaciones nerviosas asociadas a los calambres menstruales y el dolor de cabeza. Por otra parte, la oxitocina que también se libera tiene efectos antiestrés y baja la tensión arterial y el ritmo cardiaco.

El doctor Serrano Vicéns sostenía que el sexo refleja una estrecha relación entre lo psíquico y lo físico, y proporcionaba algunos datos que lo confirman: solo el 15% de las mujeres que se masturban, es decir, tienen una sexualidad más liberada, sufren dismenorrea; frente al 80% de las chicas con un perfil más ansioso, que también lo hacen, pero con sentimiento de culpa. A las personas que han sufrido un infarto les invade una sensación igual de paralizante. Querrían disfrutar, pero dudan de si su corazón lo aguantará. La incertidumbre la despejan con rapidez los médicos: no solo puede soportarlo, sino que lo agradecerá.


Alternativa al ibuprofeno

El coito entraña menos riesgo para el corazón que subir una escalera o una cena familiar típica de Navidad“, explica Jesús Ramos Brieva, psiquiatra del Hospital Ramón y Cajal de Madrid e investigador de ámbitos de la sexualidad. En este caso, los especialistas sí puntualizan –y no por pudor– que siempre que la relación sea con la pareja, ya que el estrés añadido que supone echar una cana al aire sí entraña mayor peligro. En su libro Mujeres a solas, Brieva recoge el testimonio de una veintena de féminas usuarias del onanismo con múltiples objetivos, además de proporcionarse placer.

Las mujeres que se masturban tienen contracciones del útero más eficaces en el parto que las que no lo hacen.


MIDE TU INTELIGENCIA SEXUAL

Uno de los más frecuentes es para intentar conciliar el sueño. “¿Quién no ha intentado alguna vez vencer el insomnio sumiéndose en brazos de Morfeo de la mano de Eros?”, se pregunta este psiquiatra. No es que un orgasmo, en pareja o en solitario, pueda sustituir siempre a los ansiolíticos, aunque en algunas situaciones se erige en una alternativa a tener en cuenta. De hecho, según el psicólogo y divulgador científico Morton Hunt, el 30% de las personas lo utilizan como sustitutivo de las pastillas. Además, frente a estas, el placer erótico presenta dos ventajas: no conlleva efectos secundarios y no tiene el peligro de adicción de estos medicamentos cuando se toman durante más de un mes.

Constituye una válvula de escape formidable para afrontar situaciones de tensión. “Es un magnífico relajante incluso para antes de una entrevista de trabajo o de una oposición“, apunta el doctor Brieva. Rocío, cuya experiencia se recoge en Mujeres a solas, reconoce que ha usado el autoerotismo como alternativa a la aspirina, el ibuprofeno o el paracetamol. “Me masturbo cuando me duele la cabeza…, ¡y funciona!”, cuenta alborozada. En otro testimonio, Laura explica que masturbarse por las mañanas antes de irse a trabajar le proporciona energía para todo el día, algo que corroboran los estudios científicos, según el doctor Brieva: “No por casualidad ha dejado de prohibirse el sexo en las concentraciones deportivas antes de una prueba; ahora incluso se fomenta”.


Beneficios para los deportistas

Platón dijo que los olímpicos debían evitar las relaciones sexuales previas a la competición, pero la ciencia le ha enmendado la plana: la abstinencia no mejora la resistencia ni la potencia aeróbica ni la velocidad máxima. El sexo reporta también ventajas mentales, como han comprobado en la Universidad de Pavía, en Italia. Allí, un grupo de neurólogos ha constatado que el clímax favorece la síntesis de neurotrofinas, proteínas que juegan un papel crucial en la memoria y el aprendizaje.

¿QUE DICE LA CIENCIA SOBRE LA MASTURBACIÓN?

Si tienes curiosidad por los motivos que la ciencia puede brindarte para disfrutar un poco más de tu tiempo a solas, estás en el lugar adecuado.

Lo primero de todo es que nos hacemos un flaco favor a nosotros mismos si no practicamos la masturbación. A pesar de los vetustos rumores de que la masturbación podía conducir a la infertilidad e incluso a la ceguera (todo falso), la investigación ha demostrado que en realidad tiene muchas cosas buenas que ofrecer.

A un nivel muy básico, la masturbación libera dopamina, un neurotransmisor que activa el “centro de placer” en el cerebro y endorfinas que disminuyen activamente la percepción del dolor.

Para las mujeres, significa que masturbarse realmente puede reducir el dolor de los ciclos menstruales. Además obtendremos un aumento de la hormona prolactina, que nos ayudará a conciliar el sueño por la noche.

Los hombres en particular parecen ser los más beneficiados, con una alta frecuencia de eyaculación asociada a una disminución del riesgo de cáncer de próstata. Los científicos todavía no están seguros de por qué, pero tal vez la eyaculación esté eliminando carcinógenos de la próstata.

Y esta no es la única razón por la que los humanos y otros animales evolucionaron para masturbarse. Puede parecer un desperdicio de esperma y energía, pero los estudios científicos han demostrado que podría ser una estrategia para mejorar la condición física de los espermatozoides al expulsar los más antiguos de forma más regular.

La masturbación es una actividad sexual normal y sana, común entre hombres y mujeres de todas las edades y juega un papel clave en el desarrollo sexual saludable de los individuos. Nos masturbamos por muchas razones, que incluyen placer, disfrute, diversión y liberación de tensión. Algunas personas se masturban solas y otras lo hacen con su pareja u otra persona.

Hoy conocemos curiosidades, beneficios y también desterramos mitos sobre la práctica de la masturbación.

Mitos sobre la masturbación
Hay muchos mitos sobre la masturbación. La mayoría han sido desacreditados varias veces, pero parecen resurgir una y otra vez. La mayoría de las afirmaciones sobre la masturbación no están respaldadas por la ciencia. No podemos ser más claros: no existe evidencia científica que demuestre que la masturbación causa cualquiera de los efectos adversos sugeridos.

La masturbación nunca causará ceguera
La masturbación nunca provocará: ceguera, pelo en las palmas de las manos, impotencia, disfuncion erectil, contracción del pene, curvatura del pene, bajo recuento de espermatozoides, esterilidad, enfermedad mental o debilidad física. Todos estos conforman los mitos más conocidos asociados falsamente a la masturbación.

La masturbación es buena para la pareja
Masturbarse aporta felicidad. Ya sea haciéndolo en soledad o con la persona con la que mantengamos una relación, muchos lo encuentran como una parte agradable de la propia pareja. De hecho, un estudio publicado en la revista Journal of Sex Education and Therapy encontró que las mujeres que se masturbaban tenían matrimonios más felices en comparación con las que no lo hacían.

Efectos secundarios de la masturbación
La masturbación es inofensiva. Algunas personas pueden experimentar irritación o sensibilidad en la piel, pero esto generalmente se pasará en unos pocos días. Como mucho, si los hombres se masturban con frecuencia en un corto espacio de tiempo, pueden experimentar una ligera hinchazón del pene llamada edema. Esta hinchazón generalmente desaparece en un par de días.

Otros posibles efectos secundarios
Algunas personas que temen que la masturbación entre en conflicto con sus creencias religiosas, espirituales o culturales pueden experimentar sentimientos de culpa. Sin embargo, la masturbación no es inmoral ni incorrecta, y el placer propio no es vergonzoso. Hablar sobre estos sentimientos con un profesional de la salud o terapeuta especializado en salud sexual podría ayudar a superar los sentimientos de culpa o vergüenza conectados con la masturbación.

Disminución de la sensibilidad sexual
¿Qué ocurre si nos masturbamos ‘sin control‘? Las técnicas de masturbación agresivas o excesivas pueden conducir a una reducción de la sensibilidad sexual.
Si los hombres suelen practicar un método de masturbación agresivo que implica un agarre demasiado fuerte del pene, pueden experimentar una disminución de la sensación. Para resolver este problema simplemente hay que cambiar la técnica. El tiempo hará lo demás.

Los beneficios de los juguetes en la autoestimulación
La estimulación mejorada, como el uso de un vibrador, puede aumentar la excitación y la función sexual general tanto en hombres como en mujeres.
Diversos estudios han expuesto que las mujeres que usan un vibrador informaron de una mejor función sexual y lubricación, mientras que los hombres experimentaron una mejora en la función eréctil.

Interrupción del ritmo de vida cotidiano
En casos raros, algunas personas pueden masturbarse más de lo que desean hacerlo, lo que puede:
hacer que pierdan el trabajo, la escuela o eventos sociales importantes, interrumpir sus tareas diarias, afectar a sus responsabilidades y relaciones o servir como un escape de los problemas personales o como sustituto de las experiencias de la vida real.
Alguien que piense que podría verse afectado negativamente por su práctica de la masturbación debe hablar con un profesional de la salud. Un médico o consejero puede sugerir terapia de conversación para determinar formas para controlar su comportamiento sexual.
Consultar a un terapeuta sexual también puede ayudar con estrategias de afrontamiento para la masturbación excesiva.

Estadísticas
Según las estadísticas, un 95 % de los hombres sucumben a la autoestimulación frente a un 89 % de mujeres, y de entre ellos, prácticamente la mitad lo hace con periodicidad diaria. El 53 % de las mujeres usa vibrador a la hora de masturbarse, y el 17 % de los hombres, también.

Testosterona
Contra todo pronóstico, se masturban con más frecuencia aquellos que mantienen relaciones sexuales con asiduidad que los que llevan un tiempo sin hacerlo. En los hombres, ello es debido al aumento de la testosterona durante el periodo de actividad sexual, que conduce a una mayor apetencia en general, creando un círculo vicioso (nunca mejor dicho).

Orgasmo
Al contrario de lo que solemos pensar, el orgasmo obtenido en solitario es, salvo en contadas excepciones, más intenso que el procurado en una relación sexual en pareja. En el caso de las mujeres, además, este se alcanza en una media 4 minutos, frente a los 15 y 20 minutos que demora en compañía.

Origen del término
El término “masturbarse” proviene del latín manus turbare, cuyo significado se aproximaría a turbarse o violentarse con la mano, lo que pone en evidencia que el onanismo femenino ha sido siempre subsidiario del masculino, y que carece de un término específico que lo designe, siendo más apropiado el verbo “digiturbarse“.

Enfermedades
La liberación hormonal que sucede a la eyaculación, unida a la liberación de tensión, mejora el estado de ánimo y favorece la relajación, además de prevenir distintas patologías como la diabetes tipo 2. En concreto, la liberación de cortisol refuerza el sistema inmunológico y la de endorfinas en el torrente sanguíneo reduce la depresión.

Disfunciones sexuales
El autoerotismo ayuda a superar barreras psicológicas que conducen a disfunciones sexuales como la anorgasmia y la pérdida de deseo sexual, al proporcionar un mejor conocimiento de la propia anatomía y contribuir a la inhibición de la ansiedad.

Infecciones
Reduce las infecciones o enfermedades del tracto urinario. En el caso de las mujeres, ayuda a que se abra el cuello uterino y libere mucosidad y fluidos cervicales, que suelen albergar bacterias. En el caso de los hombres, ayuda a fortalecer la musculatura, previniendo así la incontinencia y la disfunción eréctil, lo cual se obtiene también a través de las erecciones matutinas.

Dolor menstrual
Ayuda a mitigar el dolor menstrual: las molestias suelen verse reducidas cuando la mujer se masturba antes y después del periodo de sangrado. El onanismo también presenta ventajas de cara al primer parto, ya que al fortalecer la pelvis, procura contracciones más eficaces.

Cáncer
Disminuye el riesgo de padecer tumores prostáticos. Los hombres que practican la masturbación más de cinco veces a la semana entre los 20 y los 50 años tienen menos posibilidades de desarrollar un cáncer, afirmaba un trabajo del Cancer Epidemiology Centre de Melbourne (Australia). Estudios posteriores, sin embargo, señalan que la masturbación frecuente a edades tempranas es precisamente la causa de la aparición de dicha enfermedad, con lo que existe cierta controversia al respecto.

¿Puede la ciencia predecir el éxito de una relación?

La sociedad humana lleva siglos estableciendo el modelo de la monogamia como el más generalizado y extendido modo de vida en cuanto a relaciones amorosas.

Pese a que existen incontables modelos de relación, casi tantos como personas en el mundo, un estudio se ha centrado en el modelo de relación monógama para tratar de establecer, tanto los factores que conducen a su éxito (durabilidad) como a los que conducen a un fracaso puntual, una infidelidad. Y no solo eso, sino que también ha establecido la manera de prevenir tales fracasos sentimentales.

El olor de tu pareja ayuda a disminuir el estrés
El responsable del estudio, publicado en la revista Journal of Personality and Social Psychology, es un equipo de investigadores de la Universidad Estatal de Florida, y han sido los primeros en encontrar evidencias de respuestas psicológicas que ayudan a una persona a evitar una infidelidad (motivo probable de ruptura) y lograr así una relación a largo plazo.

¿En qué consistió el método del estudio? El equipo analizó los hábitos de 233 parejas de recién casados durante 3 años y medio, anotando detalles íntimos de sus relaciones y tomando en cuenta factores como la satisfacción conyugal, el compromiso a largo plazo, si había existido una infidelidad y, si después de esta, todavía estaban juntos.

Así, a cada individuo de las parejas se le pidió que evaluara el atractivo de posibles parejas románticas alternativas a la suya. Un factor que determinó el éxito de la pareja: la tendencia a devaluar o rebajar el atractivo de otros posibles amantes redujo el riesgo de infidelidad y aumentó la probabilidad de mantener la relación. Las personas fieles evaluaron alternativas románticas mucho más negativamente.

Aunque el resultado parece lógico, no se trata de una respuesta racional. “Estas reacciones son típicamente automáticas”, señala Jim McNulty, uno de los investigadores principales del estudio. “Estos procesos son en gran parte espontáneos y sin esfuerzo, y pueden estar modelados por la biología y/o las experiencias de la primera infancia“, añade.

Los científicos sugieren que ser fiel es algo que se puede ‘entrenar‘.

¿Se puede prevenir una infidelidad?
El equipo de investigación cree que estos hallazgos podrían ofrecer a los psicólogos y psiquiatras estrategias para ayudar a las personas a mantenerse comprometidas con sus parejas.

Si bien los procesos pueden estar arraigados hasta cierto punto, McNulty también afirma que las personas pueden ser capaces de ‘entrenar‘ su capacidad psicológica para emplear la desconexión o la devaluación de terceras personas cuando se sienten tentados a cometer una infidelidad.

El estudio también identificó algunos de los escenarios más probables de una infidelidad, como la edad, la satisfacción conyugal, la satisfacción sexual, el atractivo de la pareja y el historial de las relaciones a corto plazo.

¿Quiénes son más infieles?
Los investigadores encontraron que las personas más jóvenes y los que estaban menos satisfechos con sus relaciones eran más propensos a ser infieles. Unos resultados que no sorprenden a simple vista. De momento.

Más satisfechos, más infieles
Pero lo que sí sorprendió a los investigadores es que las personas satisfechas con el sexo en su relación eran más propensas a cometer una infidelidad. Una razón probable es porque se sienten más positivas sobre el sexo en general y lo buscarían independientemente de cómo se sintieran en su relación principal.

Es decir, valoran el sexo de buena calidad, independientemente de dónde lo encuentren.

Atractivo físico
Otro factor que permite predecir una infidelidad es el atractivo. El atractivo propio del individuo se asoció negativamente con la infidelidad entre las mujeres pero no entre los hombres, lo que significa que las mujeres menos atractivas tienen más probabilidades de tener una aventura extra-conyugal.

Por otra parte, el atractivo del compañero se asoció negativamente con la infidelidad entre los hombres pero no entre las mujeres, lo que significa que los hombres son más propensos a ser infieles cuando sus parejas son menos atractivas.

Historial sexual
El historial sexual de una persona también fue un factor predictivo de infidelidad. Los hombres que habían tenido más parejas sexuales de corta duración antes del matrimonio tenían más probabilidades de cometer una infidelidad.

Mientras tanto, ocurría lo contrario para las mujeres: para ellas, más parejas sexuales previas implicaban mayor fidelidad en el matrimonio.

En la actualidad, la tasa de divorcios es de uno de cada tres matrimonios. Además, la inmediatez y la ubicuidad de las redes sociales hace que sea más fácil conectarse con los demás.

¿POR QUÉ SOMOS ADICTOS?

Cualquier inclinación desmedida hacia alguna actividad puede desembocar en una adicción, exista o no una sustancia química de por medio. De hecho, existen hábitos de conducta aparentemente inofensivos (las redes sociales, el sexo, las compras, el ejercicio físico, el juego de apuestas, entre otros) que, en determinadas circunstancias, pueden convertirse en adictivos. Lo que separa una afición de una adicción es que de conductas normales se pueden hacer usos anormales si la frecuencia o cantidad de tiempo/dinero invertidos condicionan negativamente las relaciones personales, laborales o de salud de la persona afectada. Por ello, la adicción viene definida no tanto por la clase de conducta sino por el tipo de relación que la persona establece con ella.

No se trata, como es obvio, de considerar patológicas las conductas habituales en la vida cotidiana. Una adicción se caracteriza por la interferencia negativa grave en el día a día de la persona y por la dependencia psicológica de esta respecto al objeto de su adicción. Así, el sujeto manifiesta un deseo irrefrenable de llevar a cabo la conducta, sus pensamientos giran monotemáticamente en torno a ella, experimenta cambios bruscos del estado de ánimo si se le ponen obstáculos y muestra una pérdida de control, con una necesidad de dosis crecientes para conseguir el mismo grado de excitación. Es decir, es ya incapaz de autorregularse a pesar de las consecuencias negativas de todo tipo que le acarrea. El adicto se deja llevar por los beneficios de la gratificación inmediata sin prestar atención a los perjuicios posteriores.

No se puede hacer un listado de las conductas potencialmente adictivas. Son, en realidad, las actividades placenteras las que pueden llegar a crear dependencia. Los mecanismos psicofisiológicos que subyacen al placer inducen a los seres vivos a reiterar en conductas gratificantes. El circuito del placer recorre un conjunto de estructuras cerebrales en torno al sistema límbico, en donde se liberan unas sustancias químicas (las endorfinas y la dopamina especialmente) cuando se siente placer, que son como la sal de la vida. Se trataba inicialmente de los refuerzos naturales de las conductas de supervivencia, como comer o practicar el sexo, necesarias para el mantenimiento de la persona y la continuidad de la especie. Pero la dopamina puede aumentar también cuando surgen conductas placenteras vividas normalmente (un beso, el sonido de la música o la lectura de un libro, el disfrute de una conversación con los amigos, la contemplación de una puesta de sol o una victoria en una competición deportiva) o anómalamente (el subidón de una raya de cocaína, el sexo compulsivo o el enganche a una red social).

Todas las conductas adictivas están reguladas inicialmente por su aspecto placentero, pero terminan por ser controladas por el alivio de la tensión emocional. Es decir, una persona normal puede tomar una copa con los amigos, conectarse a las redes sociales o ir de compras por el disfrute de la conducta en sí misma; una persona adicta, por el contrario, lo hace compulsivamente buscando el alivio del malestar emocional (aburrimiento, soledad, ira o nerviosismo), pensando constantemente en ello e invirtiendo una considerable cantidad de tiempo que detrae de sus actividades habituales.

Lo que separa una afición de una adicción es que de conductas normales se pueden hacer usos anormales si la frecuencia o cantidad de tiempo/dinero invertidos condicionan negativamente las relaciones personales, laborales o de salud de la persona afectada.
Como ocurre en las adicciones químicas, las personas adictas a una determinada conducta experimentan un síndrome de abstinencia cuando no pueden llevarla a cabo, que se traduce en un profundo malestar emocional (estado de ánimo disfórico, insomnio, irritabilidad o inquietud psicomotriz).

El ser humano necesita alcanzar un nivel de satisfacción global en la vida cotidiana. Normalmente, este se obtiene repartido en diversas actividades: el trabajo, los amigos, la pareja o familia o el ocio. Sin embargo, cuando la persona se siente contrariada en estas facetas, entonces puede centrar toda su atención en una sola, lo que la predispone a la adicción. El resultado final es que a la persona afectada se le estrecha el campo de la conciencia y pierde interés por lo que le rodea y por lo que anteriormente le resultaba gratificante, a excepción del objeto de su adicción, con una afectación negativa en su desempeño profesional y en

 sus relaciones personales y familiares. La adicción se convierte así en una afición patológica que resta libertad al ser humano al restringir la amplitud de sus intereses.

Por último, y al igual que ocurre con las drogas tradicionales, es difícil que un adicto se reconozca como tal por el reproche social existente en torno a la adicción. Por lo general, es un suceso negativo:

fracaso escolar, trastornos de conducta, mentiras reiteradas, aislamiento social, problemas económicos, presión familiar 

el que le hace tomar conciencia de su problema…

 

 

LOS ANTIDEPRESIVOS FUNCIONAN. LA CIENCIA LO CONFIRMA

¿Los antidepresivos realmente funcionan para tratar la depresión? Parece una pregunta retórica, pero desde hace bastantes años había un encarnizado debate en torno a esta cuestión. Pues bien, ahora el Departamento de Psiquiatría de la Universidad de Oxford, ha realizado un megaestudio que pretende acabar de una vez con esta polémica.

Los investigadores han analizado los datos de más de 500 estudios previos realizados con 21 medicamentos diferentes, y con un un total de casi 117.000 voluntarios. Y los resultados que han obtenido parecen no dejar lugar a dudas: los antidepresivos sí funcionan y son un medio realmente eficaz para tratar esta enfermedad.

Eso sí, no todos los productos funcionan igual de bien. De hecho, los autores del estudio descubrieron que algunos solo eran un tercio más efectivos que un placebo. Los que mejor funcionan, según este estudio serían: Agomelatina, Amitrptilina, Escitalopram, Mirtazapina, paroxetina, Venlafaxina y Vortioxetina. Aunque, curiosamente, entre los que parecen menos eficaces figura la Fluoxetina, que es el genérico del famoso Prozac.

Por supuesto, los autores del estudio advierten de que los efectos de cada medicamento han sido evaluados respecto a la media de todos los pacientes, pero que los médicos pueden ser conscientes de que aunque uno de ellos no sea el más efectivo para muchas personas, si puede serlo para un paciente en concreto.

También advierten que el estudio solo ha analizado los efectos de estos fármacos en tratamientos no superiores a ocho semanas, por lo que hace falta otra investigación que analice los efectos a largo plazo. Además, recuerdan que, aunque los antidepresivos si son un tratamiento eficaz, tampoco es el único, y que en muchos casos puede ser necesario que se complemente con terapia psicológica.