LE DIGO LA VERDAD O ME CALLO PARA QUE NO SUFRA

Decir siempre la verdad” es un mantra que escuchamos a menudo y que incluso nos repetimos a nosotros mismos. Sin duda, es importante expresar nuestros sentimientos, ideas y percepciones pero, ¿qué sucede cuando esas opiniones causan desavenencias en las relaciones? ¿Cómo mantenerte fiel a ti mismo y ser auténtico sin dañar las relaciones con los demás? ¿Cómo proteger las relaciones sin vivir en un clima de deshonestidad?

Cuando “decir las cosas como son” hiere a los demás

Hablar sin pelos en la lengua puede ser catártico e incluso genera una sensación de empoderamiento. Es agradable expresar nuestros sentimientos, necesidades e ideas. Es un alivio decir lo que sentimos sin tener que preocuparnos por cómo nuestras palabras impactan sobre los demás.
Sin embargo, en ciertos momentos podemos llegar a adoptar una actitud narcisista que nos impide darnos cuenta de cómo nuestra verdad afecta a quienes nos rodean. De hecho, incluso nos enorgullecemos de “decir las cosas como son”, aunque en realidad las decimos como creemos que deben ser, sin tener en cuenta las consecuencias de nuestras palabras.

Sin embargo, debemos tener cuidado de no entrar en esa zona de peligro donde la autoexpresión se desboca y termina siendo tóxica, tanto para los demás como para nosotros mismos. En esa zona de peligro la verdad se convierte en una espada con la cual herimos al otro.

La teoría del apego indica que necesitamos un mínimo de seguridad para mantener relaciones satisfactorias. No basta simplemente con establecer un vínculo emocional, la relación debe transmitirnos seguridad y confianza, debemos sentir que la otra persona valida nuestras emociones, lo cual significa que debemos sentirnos comprendidos y aceptados. También significa que la otra persona no nos debe mentir ya que de esa forma perderíamos toda la confianza y la relación se resquebrajaría. Es necesario encontrar un punto medio, que se halla en la autenticidad asertiva.

Autenticidad asertiva: Hablar desde el corazón sin dañar las relaciones

La idea de decir la verdad, cueste lo que cueste y duela a quien le duela, en el fondo encierra cierto grado de rigidez mental. Implica asumir que existe una verdad absoluta y que los otros puntos de vista, ideas o creencias son erróneas. Quienes asumen esta actitud no comprenden que existe un tercer camino: se puede ser auténticos y a la misma vez empáticos.

De hecho, en la misma medida en que alimentemos nuestra Inteligencia Emocional, aumentará nuestra capacidad para expresarnos con autenticidad sin herir a los demás ni dañar nuestras relaciones. Eso significa que podemos desarrollar la habilidad de expresar nuestros sentimientos y opiniones de manera genuina, respetando a su vez los sentimientos y opiniones de los demás.

En este sentido, John Gottman, uno de los mayores estudiosos de las relaciones intepersonales y de pareja, descubrió que el factor que predice el éxito y la duración de cualquier tipo de relación es el nivel de conciencia sobre cómo nuestras actitudes y comportamientos afectan a los demás.

Ser conscientes del poder de nuestras palabras puede ayudarnos a detenernos antes de hablar y sopesar nuestro mensaje. Podemos decidir conscientemente cuál es la idea que deseamos transmitir y cómo hacerlo de la mejor manera posible sin dañar a los demás. Eso implica ser capaces de autorregularnos y no caer en actitudes críticas y culpabilizantes. Es posible decir nuestra verdad y ser auténticos asumiendo una actitud respetuosa y sensible hacia los demás.

Decir lo primero que nos pasa por la mente no es señal de autenticidad, es muestra de falta de autocontrol y empatía. Tomarnos un tiempo para reflexionar y expresar nuestro mensaje con delicadeza nos permitirá establecer un estilo de comunicación menos agresivo y tender puentes de confianza hacia los demás que fortalezcan nuestras relaciones.

Después de todo, nuestra libertad e incluso nuestra verdad terminan donde comienza la libertad y la verdad del otro.

CUANDO LOS CELOS NOS SUPERAN

Los celos son la manifestación de conductas en respuesta al estímulo que amenaza con apropiarse, destruir o robar lo propio. Pero también puede ser la aspiración de posesión o éxito, características o propiedades de otra persona, de tal forma que puede ser asociado a la envidia. Ser celoso, es utilizado como adjetivo, verbo o atribución de personalidad. El individuo con celos no pierde su entorno con la realidad, puede ser funcional, pero se abruma con ideas constantes de que la pareja es infiel. Los celos pueden ser patológicos, si ocupan más del 30% de su actividad en buscar el detonador de su conducta, a partir de entonces entra en la subclasificación de un Trastorno Delirante: la celotipia.

MANIFESTACIÓN CLÍNICA DE CELOTIPIA
El celotípico suele ser suspicaz, rígido, vigilante, auto-referente (él es el centro de atención), con miedo a la autonomía y comúnmente asociado a procesos de grandeza.

La celotipia suele generar problemas sociales, legales, laborales o conyugales como consecuencia de las ideas delirantes. Los sujetos que poseen este trastorno desarrollan un estado de ánimo irritable: ira o comportamiento violento. La celotipia hace a un individuo caótico, disfuncional, con pérdida de atención, le genera un pensamiento proyectivo y hostil. El celotípico suele ser suspicaz, rígido, vigilante, autoreferente (él es el centro de atención), con miedo a la autonomía y comúnmente asociado a procesos de grandeza.

El caso típico de un celotípico es sentirse frustrado, privado de sus derechos afectivos, emocionales y sexuales. Interpreta que la pareja prefiere a otro, iniciándose así una búsqueda de pruebas concluyentes. Un delirio sistematizado de sentirse menos preferido y no tratado de forma especial.

LA CELOTIPIA TIENE LOS SIGUIENTES CRITERIOS:
Pensamientos irracionales sobre infidelidad de la pareja.
Conductas dirigidas a comprobar la infidelidad.
Sentimientos intensos de cólera, miedo, tristeza, culpa.
Violencia verbal o física contra la pareja o el supuesto rival.

¿DIFERENCIAS ENTRE HOMBRES Y MUJERES?
El delirio de celos asociado a cuadros paranoides se ha descrito principalmente asociado al sexo femenino y a pacientes jóvenes; mientras que el delirio de celos asociado al alcoholismo se ha descrito casi siempre al sexo masculino. Los hombres despiertan la conducta de celo en mayor proporción por la pérdida de la pareja con el enfoque sexual. La mujer lo realiza por perder del afecto, espacio, protección, tiempo invertido y, en menor proporción, con el evento sexual comparado a como lo hacen los varones.

FACTORES SIN SER TOTALMENTE CAUSALES PARA SER CELOTÍPICO:

(1) Factores familiares (aparece historia familiar en casi un 20%). En ocasiones, la celotipia se aprende en casa.

(2) Factores psiquiátricos (los celos pueden ser el primer signo de enfermedad psicótica paranoide o esquizofrenia; pueden asociarse a diversas características de personalidad y síntomas neuróticos; o pueden ser un síntoma de tipo depresivo primario o secundario).

(3) Factores orgánicos (alteraciones orgánicas cerebrales de tipo traumáticas, vasculares, demencias, epilepsia). Es decir, la celotipia suele acompañar a algunas enfermedades neuronales.

(4) Factores tóxicos (intoxicaciones por alcohol, anfetaminas, cocaína). El alcohol incrementa la celotipia desde un 22% a un 41%. Existen dos subgrupos de celotipia alcohólica: uno de aparición exclusiva durante la intoxicación alcohólica y otro mantenido durante los periodos de abstinencia. El 72% de las personas alcoholizadas persisten con los celos aún después de haberse recuperado de una intoxicación alcohólica.

(5) Factores hormonales (pueden aparecer en periodos hormonales específicos como la menopausia, embarazo, postnatal o en el hipertiroidismo). Las hormonas influyen en muchas conductas, la celotipia no es la excepción.

FASES DE LA CELOTIPIA EN EL CEREBRO
Inicio o manifestaciones precoces: suspicacia, fascinación de lo oculto, búsqueda de la verdad, rigidez, idea delirante, confusión, primeros conflictos de agresión, hostilidad y discusiones. En esta condición, la corteza prefrontal (ventromedial) la que planea y toma decisiones incrementa su actividad, pero paradójicamente por momentos pierde la congruencia y la lógica, la noradrenalina y dopamina se incrementan en esta región del cerebro, lo cual motiva la conducta irreflexiva, reduce la inteligencia y permite la toma inadecuada de decisiones. Es un proceso que se inicia como un flash” o choque de luz.

La actividad hormonal se instala gradualmente, induce liberación de cortisol y aldosterona, con evidentes cambios cardiovasculares y metabólicos como la hiperglicemia. Se proyecta un estado de activación corporal permanente.

Fase aguda: el malestar interno es intolerante, se pierde el control. Se manifiesta una ansiedad asociada a sentimientos caóticos. Fallan las estrategias de estabilización. Inicia un proceso de aislamiento, hay “acumulación” de pruebas. Un pequeño evento desencadena un tórrido conflicto. En esta fase, falla el control pre-frontal totalmente. La actividad límbica predomina, en especial, el hipocampo se manifiesta, los recuerdos abruman y la corteza del cíngulo asocia eventos dolorosos-emotivos. Se lleva a cabo el reforzamiento incesante de ideas y recuerdos. La actividad hormonal se instala gradualmente, induce liberación de cortisol y aldosterona, con evidentes cambios cardiovasculares y metabólicos como la hiperglicemia. Se proyecta un estado de activación corporal permanente. El insomnio se presenta y existe un consumo excesivo de energía.

Cristalización final o psicosis desarrollada: Los sentimientos se exteriorizan, hay delirios, aparecen enemigos, la conducta de defensa se agrega, los factores desencadenantes ahora son internos. La respuesta es defensiva, agresiva, el proceso es fluctuante, solo por momentos, el individuo es consciente de su realidad. Aparecen decisiones poco pensadas. La actividad prefrontal es intermitente en el evento.

Los procesos emotivos se centran a un estímulo desencadenante, en consecuencia la liberación de dopamina, noradrenalina, cortisol es reforzada a eventos esperados.

Nuestro cerebro tiene la capacidad de orquestar y manifestar la conducta celosa, la cual, si es adecuada puede ser motivante y favorecer la solución a un problema de pareja. Sin embargo, también es sencillo llegar a un extremo, a lo patológico. La celotipia como trastorno cobra la disolución del vinculo afectivo. Genera más problemas de los que pretende resolver. Atrapa y calumnia.

Es necesario cuidar no caer en ella, reflexionar antes de una explosión puede resultar conveniente.

CONCLUSIÓN
El amor celoso es el requisito previo, el antecedente cognitivo-afectivo y conductual de la celotipia.

El amor tiene DOS dimensiones fundamentales: UNO implica el deseo y posesión de la persona, asimilar la conducta y proyectar lo que se desea, esto es intenso en el enamoramiento; la OTRA dimensión implica el deseo de darse y perderse en el amor: hay un balance entre la autoafirmación y la autoentrega. La aparición de la traición anula cualquiera de los DOS procesos. Por ello los celos evitan llegar a este proceso doloroso. Pero en sí, la conducta celosa ya tiene un proceso de dolor moral implícito. El conflicto se basa en frustración y decepción dolorosa.

La celotipia destruye el amor, una de las paradojas terribles de su existencia. Con ello, activando redes neuronales y neuroquímica semejantes para el amor pasional.

Depresión: 8 datos que han aportado nuevas investigaciones.

Como ya todos sabemos bien, la depresión es uno de los problemas que más aqueja a la gente en la actualidad. Esta es una muy buena razón para que nos mantengamos al tanto de las nuevas investigaciones sobre este trastorno.



 ¿Qué han encontrado los últimos estudios sobre depresión?

 

I. ¿Cómo se sentía no estar deprimido?
Una investigación realizada en sujetos deprimidos y sujetos que no sufrían depresión, observó que mientras que éstos últimos podían imaginarse cómo era el mundo emocional de una persona deprimida, los individuos deprimidos no podían hacer lo mismo con respecto a las emociones de las personas sin depresión.

Los científicos creen que esta carencia se vincula fuertemente con otros estudios que han observado una auto-atención en las personas deprimidas, lo que les serviría como esfuerzo para aliviar su depresión, en vez de enfocar su atención en otros.


II. Sobre el cerebro deprimido.
Una parte del cerebro vinculada a la decepción por no recibir una recompensa ha sido relacionada a la depresión en un estudio nuevo. El área en específico se llama corteza orbitofrontal lateral y normalmente se activa cuando la persona falla en conseguir una recompensa esperada.

En el estudio se intentaba conocer cómo algunas áreas críticas del cerebro se comunican entre sí.

La investigación, que contó con la participación de 421 pacientes con depresión mayor (y un grupo control de 488 sujetos), encontró que en las personas deprimidas el área estaba más fuertemente vinculado a otras áreas involucradas en nuestro sentido del ser y pérdida personal. Lo que sugiere que las personas con este trastorno son más propensas a sufrir problemas de autoestima y sentir una pérdida cuando no obtienen una recompensa esperada.

Recomendado: Las personas le hablan a su celular cuando sufren dolor emocional
Adicionalmente, se observó que estas personas tenían conexiones más pobres en áreas del cerebro que registran las recompensas que sí obtuvimos (la corteza orbitofrontal medial) y áreas importantes para la memoria.

Ambos hallazgos podrían explicar por qué las personas con depresión se sienten peor cuando no obtienen una recompensa que esperaban conseguir y por qué les cuesta traer a la memoria recuerdos felices.


III. Cuatro tipos de depresión biológica.
Un estudio reciente que utilizó IRMf en 1.188 sujetos, logró dividir a los pacientes con depresión en 4 subtipos neurofisiológicos, que llamaron biotipos. Los mismos se definen según sus respectivos patrones de conectividad disfuncional en las redes límbicas y frontoestriatales. A su vez, cada biotipo está asociado con síntomas clínicos específicos:

  1. Biotipo 1: Se caracteriza por ansiedad, insomnio y fatiga.
  2. Biotipo 2: Se caracteriza por cansancio y poca energía.
  3. Biotipo 3: Se caracteriza por anhedonia y movimientos y discurso lentos.
  4. Biotipo 4: Se caracteriza mayormente por ansiedad, insomnio y anhedonia.

IV. El azafrán podría ser una buena alternativa a los antidepresivos.
Una revisión sistemática de pruebas clínicas, realizada con 6 estudios pequeños pero aleatorios controlados de alta calidad, proveyó apoyo inicial para el uso del azafrán en el tratamiento de la depresión leve a moderada.

En los estudios se observó que el azafrán podía ser tan efectivo como los antidepresivos en estos casos, pero con menos efectos secundarios.

Se cree que los efectos observados se deben a sus posibles propiedades serotoninérgicas, antioxidantes, antiinflamatorias, neuroprotectivas y neuroendocrinas. Es un tema que se debe seguir estudiando.


V. Dificultades con las metas.
Un estudio sobre metas, realizado con un grupo de personas deprimidas a quienes se comparó con un grupo control, encontró que las personas deprimidas luchan al momento de proponerse metas positivas a las que aspirar y les resulta más difícil buscar objetivos alternativos cuando los existentes se vuelven difíciles de alcanzar o inalcanzables.

Los resultados sugirieron también que las personas con depresión bajan sus expectativas de llegar a las metas.

VI. Deficiencia de vitamina D
La deficiencia de vitamina D ha sido vinculada con una mayor propensión a sufrir síntomas depresivos.


VII. El sueño y los antidepresivos.
Un estudio encontró menor severidad de la depresión para las personas que duermen 8 horas cada noche, comparados con los que duermen 6. El grupo que descansaba 8 horas tuvo un 63.2% de remisión, mientras que el grupo que dormía solo 6 horas presentó un 32.6% de remisión. La remisión también ocurrió antes para el grupo que dormía 8 horas.


VIII. Sobre los trabajos con altas tasas de depresión.

Un estudio encontró que las ocupaciones con tasas mayores de depresión son aquellas que requieren contacto frecuente y/o difícil con personas. Liderando la lista se encuentran las personas que trabajan en empresas de transporte suburbano e interurbano. Le siguen de cerca los trabajadores sociales y agentes inmobiliarios.

Hay personas que no se percatan de lo que hacemos por ellas, hasta que dejamos de hacerlo

Pequeños gestos que mejoran el día a día. Grandes entregas que marcan el curso de la vida. La ayuda puede adoptar mil formas distintas. Puede ser esa persona que nos facilita la jornada, desde un discreto segundo plano, para que todo fluya mejor. O puede ser esa persona que hace un gran sacrificio con una sonrisa en los labios, sin dejar entrever el verdadero costo de lo que nos ofrece.

Todos en algún momento hemos ayudado a alguien. Y nos hemos sentido bien por ello. El desgaste emocional comienza cuando nuestra ayuda no es reconocida, cuando damos y damos, sin recibir nada a cambio, cuando los demás no se dan cuenta de todo lo que hacemos por ellos e incluso presuponen que es nuestra obligación.

Síndrome de dar por sentado”: Cuando a fuerza de ayudar, nos volvemos invisibles

A menudo, las personas caen en lo que podríamos llamar el “Síndrome de dar por sentado”, que consiste en obviar el valor de las cosas buenas en la vida. Estas personas dan por sentado que nuestra ayuda y apoyo simplemente están ahí, que tienen derecho a ello, y no lo aprecian en su justa medida.

El “Síndrome de dar por sentado” está relacionado con la capacidad de adaptación, un proceso mediante el cual las personas se acostumbran rápidamente a los entornos, las situaciones y las relaciones. En práctica, es probable que esa persona se haya sentido emocionada la primera vez que la ayudaste, y te haya agradecido ese gesto, pero luego lo asumió como algo natural, se activó el mecanismo psicológico de la desensibilización, y esa ayuda pasó de ser una novedad a convertirse en algo familiar.

Obviamente, la capacidad de adaptación es importante, sobre todo para evitar un sufrimiento innecesario provocado por cambios drásticos, pero juega en contra de las relaciones. Debemos pensar en las relaciones y en la ayuda como una planta que debe ser cuidada todos los días. Si asumimos que la planta siempre estará ahí y no necesita nuestros cuidados, un día simplemente se secará.
Cuando eso sucede, la persona se sentirá desorientada, como si de repente su estructura de apoyo se hubiera venido abajo. De hecho, eso es precisamente lo que ha pasado: a fuerza de no cuidar una relación que le aportaba auténtico valor, el vínculo se ha roto y ha perdido una importante fuente de ayuda. Solo entonces valora lo que hasta ese momento había dado por sentado. Aunque quizá es demasiado tarde.


Dar mucho y recibir poco, cansa

Dar mucho y recibir poco, agota. Aunque es importante ayudar a cambio de nada, también necesitamos recibir sin tener que pedir. De hecho, el psicólogo Adam Grant, de la Universidad de Pensilvania, explicaba que podemos imaginar las relaciones interpersonales como una línea, en uno de sus extremos se encuentra el dar y brindar ayuda, en el otro extremo se encuentra el recibir y obtener ayuda.

En algunas fases de la vida, podemos estar en un punto más cercano a uno de los extremos, como cuando debemos cuidar de una persona querida, pero en sentido general, lo ideal sería encontrarnos en un punto más intermedio, donde podemos dar sin que ello se convierta en una hemorragia energética porque también recibimos apoyo y ayuda.

Ni siquiera se trata de que la persona a quien ayudamos nos “devuelva el favor”. No se trata de un quid pro quo, sino de establecer ese profundo y muchas veces indestructible vínculo emocional basado en el agradecimiento y el reconocimiento. Al contrario, cuando ayudamos y el otro se vuelve demandante o menosprecia nuestra contribución, esa ayuda se convierte en una carga psicológica.


Ayudar también tiene límites

Ayuda a tus semejantes a levantar su carga, pero no te consideres obligado a llevársela”, recomendaba Pitágoras hace siglos. Este filósofo y matemático griego sabía que existe un límite a la entrega, el sacrificio y la ayuda; un límite más allá del cual terminamos drenados emocionalmente, sobre todo cuando las otras personas no reconocen lo que hacemos por ellas.

Siglos más tarde, los experimentos psicológicos han comprobado el consejo pitagórico. En un estudio realizado en la Universidad de Columbia Británica dieron a los participantes una suma de dinero. A la mitad les pidieron que lo gastaran en ellos mismos y a la otra mitad que lo destinaran a los demás. Al final, quienes habían gastado dinero en los otros reportaron sentirse más felices que quienes habían empleado el dinero en sí mismos. Sabemos, sin rastro de dudas, que ser compasivos y ayudar a los demás nos beneficia psicológicamente. Con ciertos límites.

La empatía, por ejemplo, puede llegar a consumirnos haciendo que adoptemos hasta tal punto el sufrimiento ajeno que descuidamos nuestros propios sentimientos y necesidades. De hecho, quienes siempre priorizan las emociones de los demás son más propensos a sufrir ansiedad o depresión. Es lo que se conoce como “fatiga de la empatía”, que afecta fundamentalmente a quienes ayudan continuamente a los demás convirtiéndose en los pilares que lo sostienen.

En otro estudio, realizado en la Northwestern University, los investigadores analizaron los efectos de la empatía en los padres de 247 adolescentes. Descubrieron que asumir una actitud empática mejoraba la relación y la felicidad de la familia, pero cuando los padres se involucraban demasiado en los problemas de sus hijos, experimentaban más estrés y se disparaban los marcadores de inflamación crónica. Esto significa que llevar la carga de alguien, sin poder decicir ni actuar en su lugar, incrementa nuestra carga psicológica y fisiológica, dejándonos más vulnerables.


¿Qué enseñanzas prácticas podemos extraer?

1. Desarrolla una preocupación empática. Existen diferentes tipos de empatía, hay una empatía que te atrapa dentro del sufrimiento ajeno y otra que te permite conectar pero gestionando ese malestar, de manera que los problemas de los demás no te arrastren. Recuerda que por mucho que puedas ayudar, las decisiones finales nunca estarán en tus manos y, por ende, tu implicación emocional también debe limitarse a lo que puedes hacer.

2. No te extralimites ayudando. A veces la ayuda, aunque bien intencionada, puede hacer daño generando actitudes egocéntricas, demandantes o dependientes en el otro. Por eso, la ayuda siempre debe ser dosificada, pensada para que el otro crezca, no para que se produzca una dependencia.

3. No te pierdas. La filósofa Ayn Rand sostenía que si queremos desarrollar una buena salud mental, debemos cultivar el egoísmo racional, que no es más que ocuparnos de satisfacer nuestras necesidades e intereses ya que en muchas ocasiones los relegamos a un segundo o tercer plano, para terminar sufriendo las consecuencias.

Cómo combatir la ansiedad por separación de pareja: 3 claves

Con la ruptura de pareja llegan problemas para los que difícilmente se está preparado.


Es una realidad que los divorcios y las rupturas de pareja cada vez son más comunes. Mientras que hace unas décadas tanto la presión social como la pretensión de que las relaciones románticas durasen de manera indefinida hacían que la idea de separarse no fuese atractiva, hoy los costes asociados a ir por caminos separados son mucho menores, y las ventajas cada vez son más.

Y es que con la liberalización de los vínculos afectivos llegan nuevas opciones a la hora de afrontar el futuro de manera individual y unilateral, pero este hecho no está exento de problemas. La ansiedad producida por la separación es una de ellas. A fin de cuentas, por mucho que poner fin a una relación sea cada vez menos raro, en la mayoría de los casos no deja de ser una experiencia ansiógena y desagradable, a veces incluso traumática.

Ahora bien… ¿cómo lidiar con todas esas sensaciones negativas cuando una historia construida en común se desvanece? Veamos algunas claves que ayudan a gestionar adecuadamente las emociones en estos casos.

Cómo lidiar con la ansiedad por separación: la otra cara de la ruptura
Allí donde ha existido una relación de pareja sentida de manera honesta que llega a su fin, se recibe un mazazo emocional. Con la ruptura llega un verdadero cambio de paradigma tanto en lo físico como en lo psicológico. Por ejemplo, cuando pasamos por una experiencia así cambia el modo en el que nos percibimos a nosotros mismos, pero también cambian nuestras rutinas, incluyendo los lugares físicos por los que acostumbramos a movernos.

Ahora bien, el hecho de que casi con total seguridad la separación nos afectará emocionalmente no quiere decir que tengamos que resignarnos a sufrir de cualquier manera, renunciando a la posibilidad de regular esas emociones de la manera más adecuada posible. A continuación encontrarás varios consejos y reflexiones que pueden serte útiles para combatir la ansiedad por ruptura de pareja.

1. Mentalízate: no existe la media naranja
Buena parte del sufrimiento que produce la separación se debe simplemente a que por cuestiones culturales seguimos teniendo unas expectativas muy elevadas acerca de lo que deben ser las relaciones basadas en el amor romántico.

La idea de que los miembros de la pareja están predestinados a encontrarse y de que al unirse forman una especie de unidad inseparable procede del pensamiento mágico tradicionalmente ligado a la religión y, si bien en ciertos contextos podía resultar útil (momentos y lugares en los que no contar con una familia unida fuertemente que proporcionase estabilidad podía suponer la muerte), hoy ha perdido todo su sentido en buena parte del mundo.

Por eso, es bueno pensar que mientras durase fuese muy importante para nosotros, el universo no gira alrededor de una relación de pareja que se ha terminado. Por consiguiente, el mundo sigue teniendo sentido a pesar de que esa persona ya no esté a nuestro lado.

2. Nadie es indispensable para ser feliz
¿Conoces la falacia de petición de principio? Se trata de un error de razonamiento según el cual se llega a una conclusión a partir de unas premisas en las que la conclusión ya está implícita. Por ejemplo: la mente y el cuerpo forman parte del ser humano, así que la mente y el cuerpo son dos cosas diferentes.

Cuando las rupturas de pareja se dan, las personas que están pasando por el proceso de duelo originado por la ausencia del otro acostumbran a caer en una falacia de petición de principio, aunque esta vez dirigida hacia las emociones.

Este razonamiento suele ser el siguiente: esa persona que me daba la felicidad ha desaparecido, así que ya no puedo ser feliz. Visto de manera superficial, este razonamiento parece tener sentido, pero si lo examinamos con algo más de profundidad, nos damos cuenta de que en la premisa se da por supuesto algo muy discutible: que la felicidad era dada por esa persona, como si fuese una fuente de vitalidad.

El error consigue en creerse afirmaciones tan categóricas basadas en emociones y sensaciones propias de una etapa de inestabilidad emocional como lo es la ruptura. En esos momentos, nuestra percepción de las cosas está tan alterada que nos hace capaces de creer que la verdad sobre nuestra vida ha sido revelada tras años de permanecer oculta en las sombras. La creencia en esta clase de pensamientos catastrofistas causa mucha ansiedad, pero no debemos dejar que esas ideas nos venzan.

3. Muévete de un modo diferente
Con la ruptura llega el cambio, eso es innegable. Uno no puede separarse de su pareja y actuar como si todo siguiese igual. Más que nada, porque ante esas circunstancias, como no tendremos la posibilidad de seguir haciendo nuestras vidas tal y como lo hacíamos, a la práctica lo que haremos será no actuar en absoluto. Adoptar una actitud totalmente pasiva, no hacer nada, y dejar que la tristeza, la ansiedad y los pensamientos intrusivos nos carcoman.

Por eso, hay que ser coherentes con la situación y cambiar de hábitos. Abrazar el cambio consiste en buscarse nuevas aficiones, conocer otra gente y moverse por otros lugares. El cambio de rutina hará más difícil volver a caer en ese círculo vicioso de pensamientos obsesivos propios de la rumiación.

Mi novia/o me dejó: 5 consejos para superar la ruptura unilateral

Al sufrimiento de la ruptura se le añade el malestar por no entender lo ocurrido. ¿Qué hacer?


Mi novia me dejó, ¿qué puedo hacer para volver a sentirme bien? Mi novio ha terminado con nuestra relación, ¿cómo puedo superarlo? Estas son preocupaciones típicas ante las rupturas unilaterales de pareja, y lo cierto es que es relativamente normal que muchas personas se obsesionen durante un tiempo con esta clase de problemas. El fin del idilio suele ser doloroso, y si además ha ocurrido a partir de una decisión unilateral, acostumbra a serlo más.

Sin embargo, ninguna época de tristeza y de crisis emocional tiene por qué durar indefinidamente, y por muy mal que estemos hay mucho que podemos hacer para sentirnos mejor y llegar a superar ese duro golpe. Puede que otra persona haya decidido terminar con algo compartido, pero sobre nuestro bienestar psicológico toda la legitimidad para cambiar a mejor y sentirse bien la tiene uno mismo.

Consejos a seguir si tu novio o novia te ha dejado
Es cierto que sobre amor no existen grandes leyes naturales que se cumplan en el 100% de los casos, pero lo más frecuente es que las rupturas de pareja unilaterales sean muy dolorosas. En estos casos, hay que procurar no quedarse estancado en esa etapa de crisis, para que la tristeza no se quede siempre ahí impidiendo que vivamos la vida con normalidad. A continuación encontrarás varios consejos útiles si tu novia/a te ha dejado y sientes un gran malestar.

1. Resérvate tiempo para asimilarlo
Hay personas que creen que superarán mejor la ruptura si hacen ver como que no ha ocurrido, lo cual les lleva a intentar hacer exactamente lo mismo que llevaban haciendo siempre, como si no les hubiese afectado lo ocurrido. Esto es un error. Si vives con la obsesión de “mi novia me ha dejado”, “ mi novio ya no volverá, o similares, no tine sentido imponerse a uno mismo una fachada tan artificial.

Por eso, es necesario dedicar al menos unos minutos al día a afrontar la ruptura y aceptar su existencia. Sí, esto es algo doloroso, y es muy posible que se pase por momentos de llanto. Sin embargo, al menos en las primeras fases del proceso de superación de la ruptura, es bueno exponerse a esto.

2. Entiende que buscas una meta a largo plazo
Salir de tu zona de confort es imprescindible, y esto implica aceptar que tendrás que pasar momentos incómodos por un bien superior: volver a la normalidad en las próximas semanas y meses, y no permitir que tu malestar y tristeza se cronifique.

Por otro lado, entender que lo que hagas en el presente deberá entrar en la lógica de ese proceso de mejora a medio o largo plazo significa que la salud mental de uno mismo es lo primero, y por eso la relación con la expareja debe supeditarse a lo que en cada caso creamos que es más útil para nosotros. No deben existir sentimientos de culpabilidad por querer no tener contacto con él o ella.

3. Examina tus creencias de culpabilidad
Cuando a alguien le deja su pareja, es muy común que empiece a tener sentimientos de culpabilidad, aunque aparezcan a partir de creencias totalmente irracionales. Esto hace que aparezcan pensamientos intrusivos referidos a aquellas situaciones que según uno mismo han propiciado que el novio o la novia haya puesto fin a la relación.

Es cierto que posiblemente buena parte de lo que ha llevado a la otra persona a cortar con nosotros tenga que ver con cosas que hemos hecho, pero hay que tener presente dos cosas.

En primer lugar, no todo lo que lleva a la ruptura y haya sido producto de nuestras acciones es algo por lo que avergonzarse ni pedir perdón. Por ejemplo, las incompatibilidades en cuanto a prioridades o personalidad no pueden ser culpa ni de una de las partes ni de la otra. No hay un tipo de persona a la que debamos parecernos para mantener la buena salud de la relación de pareja.

En segundo lugar, incluso en aquello que puede ser considerado moralmente incorrecto y que haya entristecido o enfadado a la ex pareja, puede servir como lección para mejorar en el futuro. Sobre el pasado no se tiene poder, pero sí sobre el presente y el futuro. Hacer que esa experiencia sirva para aprender es la mejor manera de progresar y hacer que la autoestima no se resienta indefinidamente por lo ocurrido.

4. Busca creencias irracionales
Con eventos tan importantes como la ruptura, es muy fácil que, sin que nos demos cuenta, se cuelen en nuestro sistema de creencias varias ideas totalmente irracionales acerca de quiénes somos y qué hemos hecho. Normalmente estas ideas son muy pesimistas o tienen un sesgo que nos lleva a concentrar toda nuestra atención en aquello que percibimos como debilidades de uno mismo. Por eso, es necesario reflexionar e ir destapando poco a poco esas creencias sin fundamento.

5. Que no te dé miedo acudir a terapia
En algunos casos, el esfuerzo de uno mismo no es suficiente para asimilar la ruptura y volver a vivir sin estar permanentemente instalado en la tristeza. En este caso, lo que sí puedes hacer por ti es rechazar la idea de que si vas a psicoterapia por el apoyo psicológico que esta te puede proporcionar eso será síntoma de debilidad. Es totalmente comprensible que, si alguien querido nos deja, tengamos dificultades para volver a estar bien; a fin de cuentas, es un proceso de duelo

Cómo gestionar emocionalmente una infidelidad

Superar la infidelidad requiere actuar tanto sobre uno mismo como sobre la relación.


Uno de los mayores motivos de consulta de las personas que acuden a terapia de pareja es la infidelidad. Este fenómeno se da con relativa frecuencia en la sociedad, y las parejas cada vez más acuden al Instituto Psicode con este motivo de consulta.

Descubrir una infidelidad puede generar efectos devastadores en las parejas: problemas de confianza, celos, discusiones frecuentes, reproches, amenazas de separación, pérdida de comunicación, etc. Se crean unas dinámicas de relación diferentes que desestabilizan a los miembros de la pareja, a la pareja en sí misma e incluso el entorno familiar.

El reto: superar una infidelidad
Cuando una pareja en esta situación nos pide ayuda, la crisis originada puede incluso generar dudas de romper la relación. En otras ocasiones, aunque están seguros de que quieren seguir juntos, son incapaces de acercarse emocionalmente. Y es aquí donde entra la labor del profesional.

El psicólogo es una persona experta, distanciada emocionalmente del problema, cuyo objetivo es ayudar a reconstruir la confianza en la relación y el sentimiento de unión y complicidad que se rompió con la infidelidad.

El terapeuta de pareja tiene una visión objetiva del problema, no emite juicios morales ni busca culpables. Analiza la situación y emplea técnicas avaladas científicamente para ayudar a la pareja.

¿Por qué somos infieles?
Las causas de la infidelidad son muy diversas. En una investigación reciente realizada por IPSOS, entre las razones que indicaron los encuestados estaban: experimentar algo diferente al tener una aventura, vengarse de una infidelidad previa de su pareja, convencerse de que realmente quieren estar con su pareja o encender la chispa en su propia relación.

Pero la razón principal que manifestaron fue “Ganar confianza en sí mismos. Esta es la razón más importante por las que las personas son infieles, más frecuente que el aburrimiento de la rutina de una relación estable.

En nuestra sociedad actual está muy valorada la seducción y el hecho de gustar a los demás. La infidelidad cubre la necesidad de admiración que tienen muchas personas. Les ayuda a tener más seguridad en sí mismos y mejorar su autoestima.

El juego de la seducción atrapa y engancha a la persona. En un principio la persona comienza el juego del “tonteo”, sin pensar en que vaya a surgir nada serio. Pero poco a poco se va enganchando a esa dosis de refuerzo que le proporciona el otro. Se siente muy bien sabiendo que gusta y seduce y no quiere dejar de sentirlo, por esa razón continúa con el juego, que cada vez se vuelve más adictivo.

Este refuerzo de autoestima no sólo lo genera la reciprocidad del otro, sino que se lo crea en gran medida uno mismo. Seducir implica exhibir la parte más bonita de uno mismo y aquí es donde caemos en la trampa: te enganchas a la sensación de sentirte un “seductor/a”, sacas lo mejor de ti para cautivar a la otra persona y entonces “¡zas!” surge el flechazo, te encantas a ti mismo/a. Es una sensación que tenías olvidada con tu pareja habitual , pues ya no tienes que conquistarla.

Los problemas amorosos latentes
En otras ocasiones, encontramos la infidelidad como un medio para conseguir un fin. Es decir, es a través de ella, la manera que tiene la persona de expresar un malestar en su relación de pareja.

Hay parejas que tienen problemas y no hablan de ello, porque parece que “si no se habla de ellos es como si no existieran” . Se van distanciando con el paso del tiempo y no hacen nada por solucionarlo, simplemente se dejan llevar. El hecho de que una de las dos personas sea infiel, suele ser el punto de partida para empezar a hablar de los problemas y resolverlos. Sería algo así como “tocar fondo” para entonces resurgir.

Estas personas acuden a terapia de pareja y su primer motivo de consulta es superar la infidelidad, pero esto es tan sólo el punto de partida. Cuando esto se logra y hay reconciliación, es el momento de empezar a trabajar todos aquellos aspectos que estaban fallando en la pareja y que son los que han conducido a uno de ellos a ser infiel.

¿Seré capaz de perdonar una infidelidad?
Esta es una de las cuestiones que más se plantean las personas que han sido traicionadas cuando acuden el primer día a terapia. Dicen cosas como: “me gustaría perdonar, pero no sé si seré capaz porque siempre me prometí a mismo que no perdonaría nunca algo así”.

Es normal tener dudas de si serán capaz de perdonar y que todo vuelva a ser como antes. La infidelidad desestabiliza la relación de pareja, genera conflictos, hace que se pierda la confianza en el otro y rompe el sentimiento de unión y de intimidad. Afortunadamente, todo esto puede recuperarse con la ayuda de un profesional.

La persona que ha sido engañada se siente humillada, traicionada e indefensa ante la situación. Suele sentir mucha ira, rabia y sentimiento de venganza hacia el otro y cree que estos sentimientos no van a cambiar jamás, por eso siente que no será capaz de perdonar.

Todas las personas somos capaces de perdonar. Unas personas perdonan fácilmente y a otras les cuesta más. La facilidad del perdón también está relacionado con lo que haga “el/la infiel” para ser perdonado, con la severidad de la infidelidad y con cómo se descubrió la infidelidad (si fue algo confesado o no). En la clínica siempre nos encontramos obstáculos que impiden el reencuentro.

Ir más allá del rencor
Uno de los elementos claves de la terapia de pareja es digerir el rencor de la persona que se ha sentido traicionada, pues mientras esta emoción está en juego es difícil avanzar.

Las sesiones no son fáciles. No se trata de decirnos cosas positivas o de recordar que nos queremos y pensar que con esto se va a solucionar. Es un trabajo mucho más profundo, de desbloqueo emocional, de ajuste de creencias, de instalación de nuevas interpretaciones para volver a crear la conexión, para que el rencor deje paso al perdón y se instale de nuevo la confianza. Cada sesión es diferente, en unas sesiones se trabaja con los dos miembros de la pareja a la vez y en otras por separado.

El objetivo final es volver a caminar juntos y que la pareja se “reinvente” tras esta crisis, de tal manera que al finalizar la terapia, ambos sientan que no sólo ha superado la infidelidad, sino que han sanado heridas del pasado y han crecido como personas y como pareja.

10 preguntas y respuestas sobre la infidelidad

Este es uno de los problemas de pareja más comunes, y muchas veces, el motivo para ir a terapia.


La mayoría de parejas considera la fidelidad como una de las bases sobre las que se construye una relación amorosa. Por tanto, no es extraño de que uno de los principales motivos por los que las parejas acuden a terapia psicológica es superar una infidelidad.

La opinión de los psicólogos: preguntas y respuestas sobre infidelidad
Hoy contamos con la colaboración de Rosario Linares e Irene Gómez, ambas psicólogas de El Prado Psicólogos, uno de los centros de Psicología más importantes de Madrid, para que nos ayuden a entender por qué ocurren las infidelidades, qué consecuencia tiene este acto en la relación de pareja y sus miembros, y en qué consiste el tratamiento psicológico en estos casos. Iremos explorando este tema a partir de preguntas y respuestas sobre la infidelidad.

1. ¿Por qué razones se es infiel?
Detrás de la infidelidad siempre suele denotar que hay un punto débil en la relación, ya sea por insatisfacción con la pareja (conflictos, falta de comunicación, no sentirse querido, falta de pasión, miedo al compromiso, etc), aunque también hay casos en que el problema no es de la pareja en sí, sino de la persona que es infiel.

Hay personas que son infieles de forma compulsiva, estén con quien estén, debido a un problema personal, ya sea la falta de autoestima (pueden buscar el reafirmarse a través de la conquista) o pueden ser adictos al sexo o personas que presentan parafilias (comportamientos sexuales extraños) que intentan satisfacer fuera de la pareja. También hay personas con personalidades narcisistas para las que no existe el concepto de traición, pues no sienten empatía por su pareja o personas que por su inmadurez emocional no quieren renunciar a nada, y anteponen el propio placer al compromiso con su pareja.

2. ¿El infiel se siente siempre culpable?
Entre las personas infieles hay 2 tipos, las que se sienten culpables, y las que no, el grado de conciencia de por qué han sido infieles varía de unas personas a otras, pero lo que les sucede a las que se sienten culpables es que a pesar de saber el motivo de porqué han sido infieles se preguntan el porqué, ya que no entienden cómo han podido poner en peligro su relación.

Hay una parte de ellas que ha querido ser infiel y otra que no, la parte que no desea ser infiel es la que se pregunta ¿por qué lo he hecho? En el segundo caso se autojustifican y tienen claros los motivos,y no les genera culpa, sólo se preocupan de que no su pareja no les descubra. En este último caso, la culpa puede aparecer cuando son descubiertos, al tomar conciencia de las consecuencias de sus actos y del daño que han producido en la otra persona.

3. ¿Cómo cambia una relación después de conocerse una infidelidad?
Después de conocerse una infidelidad hay un antes y un después. En un primer momento hay un tsunami emocional, después de esto la relación puede terminar en ruptura o la persona puede decidir seguir con la otra persona, pero si se sigue la relación sin perdonar al otro, lo más seguro es que tarde o temprano la relación se deteriore tanto que termine rompiéndose. El conocer una infidelidad afecta sobre todo a la confianza que se tiene a partir de entonces en la otra persona, y a la imagen que se tiene sobre ella, y muchas veces la persona que ha descubierto la infidelidad aunque decida seguir, se aleja emocionalmente de la otra persona. También pueden instaurarse los celos y el control sobre la pareja a partir de es momento.

4. ¿Todas las parejas pueden superar una infidelidad?
Un 94% de los terapeutas de pareja creen que las parejas pueden superar una infidelidad según una encuesta realizada en Reino Unido. Muchas parejas pueden superar una infidelidad, aunque no todas, depende de la actitud que se tome a partir de conocer la infidelidad. Si después de pasar una primera fase de enfado nos aferramos al dolor y lo que hacemos es utilizar la infidelidad como un arma arrojadiza y el rencor hacia la otra persona se instaura la relación se deteriora y es fácil que termine en ruptura.

Hay muchas parejas que superan una infidelidad, aunque muchas veces la infidelidad no trasciende fuera de la pareja y no llegamos a conocer este hecho, pero hay más parejas de las que pensamos. Aunque la mayoría de las personas piensan que no perdonarían una infidelidad, cuando ésta sucede cambian de opinión, ya que valoran lo positivo de la relación y pesa más el amor que tienen hacia la otra persona o los hijos que tienen en común, por ejemplo.

5. ¿Qué tienen en común las parejas que en las que tras haber descubierto una infidelidad deciden acudir a un terapeuta para superarlo?
La mayoría de las parejas que acuden por infidelidad vienen a consulta con un estado emocional muy deteriorado, en muchas ocasiones, uno de los miembros o ambos tienen dudas acerca de si lo mejor sería una posible separación y ven la terapia como un último recurso o como un proceso de toma de decisión acerca de si continuar la relación o no.

6. ¿En qué consiste el proceso para recuperar la confianza en el otro?
Para poder restaurar la confianza primero se necesita pedir perdón de manera sincera. El proceso de pedir perdón implica el reconocer que lo que hizo causó daño u ofendió al otro, sentir de verdad el dolor del otro, analizar la propia conducta, definir un plan de acción para que no vuelva a ocurrir, comprometerse con reconstruir la pareja, pedir perdón explícitamente al otro y restituir el daño causado. En terapia, es importante tener una comprensión profunda de la historia de la relación de pareja a fin de analizar todos los factores que influyeron en que ocurriese la infidelidad. Es fundamental que la pareja llegue a acuerdos de cambios a fin de prevenir posibles situaciones de riesgo para la pareja

7. ¿Qué dinámicas se trabajan en las diferentes sesiones?
En terapia de pareja trabajamos mucho la empatía. Una de las técnicas por ejemplo sería la inversión de roles en donde ambos miembros hacen el esfuerzo de ponerse en la piel del otro. En toda terapia de pareja, la comunicación, los intercambios positivos y las negociaciones son aspectos importantísimos.

En el caso particular de infidelidad, cuando ambos miembros de la pareja han sufrido decepciones, es útil realizar un listado de agravios en donde cada miembro de la pareja elabora una lista de las situaciones en que se ha sentido agraviado por el otro. Al lado de cada agravio, se escribe qué acto concreto de desagravio de su pareja serviría para poder pasar página, durante la sesión siguiente se comentan las dos listas y se planea cómo llevar a cabo los desagravios.

8. ¿Qué asuntos tienen que trabajar/reforzar cada uno, tanto el que ha sido infiel como el que ha sido engañado?
Es importante que ambos miembros se comprometan a poner de su parte para superar la situación, por parte de la persona que ha sido engañada es importante que deje a la otra persona poder reparar el daño e iniciar cambios, la persona que ha engañado ha de comprometerse en seguir el proceso para recuperar la confianza del otro anteriormente citado.

9. ¿Es igual de complejo atravesar ese proceso en pareja para uno y otro?
Normalmente es duro para ambos, para la persona que ha sido engañada es difícil salir del reproche y de la acusación y volver a confiar mientras que para la persona que ha engañado puede ser difícil reparar la relación y hacer frente a la culpa.

10. ¿De verdad se llega a perdonar y “olvidar” una infidelidad?
Olvidar nunca se puede, perdonar el daño y reparar sí es posible, pero es un proceso que requiere tiempo, esfuerzo y el compromiso de ambos miembros de la pareja.

¿Cuánto tiempo se necesita para superar una ruptura?

Curiosamente, las mujeres parecen recuperarse antes, pero en esa etapa sufren más.


El fin de una relación amorosa no solo es doloroso emocionalmente; además, hacen que tengamos una sensación de pérdida de control sobre nuestras vidas. Por eso, es normal que quien está pasando por estas experiencias se haga una pregunta que prácticamente todos los que sufren por desamor se hacen: ¿cuánto tiempo se necesita para superar la ruptura de pareja?

En las siguientes líneas veremos lo que se sabe acerca de la duración de este proceso de recuperación psicológica.

 

¿Cuánto tiempo se necesita para superar la ruptura?
Ningún cambio psicológico se da de la noche a la mañana, ni en la teoría ni en la práctica. El simple hecho de intentar obligarse a uno mismo a dejar de sentirse mal inmediatamente es en el mejor de los casos poco eficaz, y en el peor, dañino.

En el caso de la ruptura de pareja esto es muy claro. La historia de amor que se ha vivido junto a otra persona deja una huella emocional muy potente que no tiene por qué desaparecer justo cuando nos conviene, como si se tratase de un archivo de ordenador. Nuestros cerebros no funcionan obedeciendo a nuestros deseos, porque están ahí desde mucho antes de que empezásemos a pensar acerca de las emociones que sentimos.

Así pues, el tiempo es un elemento clave a la hora de superar una ruptura amorosa; lo queramos o no, necesitamos este ingrediente para sentirnos mejor cuando nos damos cuenta que uno de estos capítulos de nuestras vidas se cierran. ¿Y cuánto dura ese periodo?

Según una investigación llevada a cabo por la University College London y la Binghamton University y cuyos resultados han sido publicados en la revista Evolutionary Behavioural Sciences, en la mayoría de los casos pasan entre 6 meses y 2 años para que las personas consideren haber superado una ruptura. Sin embargo, hay muchos factores que parecen influir en el tiempo necesario, y el sexo de la persona es uno de ellos.

 

Las mujeres se recuperan antes tras el desamor.


Por lo que reflejan los datos recopilados a partir de esta investigación, basada en cuestionarios administrados a más de 5.000 personas de 96 países, las mujeres sufren más intensamente que los hombres cuando hace poco que se ha producido la ruptura, pero también se recuperan antes que estos últimos. De hecho, por lo que se ha visto, es relativamente frecuente que los hombres empiecen otra relación de pareja sin haber superado del todo una ruptura anterior.

Una posible explicación a esta diferencia entre mujeres y varones es la siguiente: ellas tienden a invertir más en cada relación, dado que su bienestar queda más comprometido a causa de la posibilidad de ser madres y por la presión cultural asociada al rol de género femenino, mientras que los hombres tienden a asumir que deben adoptar una mentalidad competitiva en el amor. Esto haría que muchas mujeres sufriesen la ruptura de un modo más puntual, mientras que los hombres siempre llevasen a cuestas la presión de tener que llamar la atención de una potencial pareja.

 

La importancia de la resiliencia


Es cierto que el tiempo es un factor importante a la hora de superar una ruptura de pareja, pero también es verdad que cada persona tiene una manera diferente de afrontar las adversidades. Esta capacidad para encajar los golpes (metafóricamente hablando) que nos da la vida es lo que se conoce como resiliencia.

Aunque parezca extraño, hay quienes carecen casi totalmente de resiliencia. No es que sean personas que no quieran esforzarse para salir de esa clase de baches; justamente, cuando peor nos va es muy fácil que perdamos el control de nuestras actitudes y nuestros hábitos, y como consecuencia hay quien al pasar por un mal momento se siento totalmente incapaz de hacer otra cosa que no sea intentar resignarse, o incluso fantasear con sus propias miserias.

Es muy posible que la resiliencia tenga en parte un componente genético, de manera que diferentes personas tengan distintos grados de facilidad o dificultad para sobreponerse, pero no cabe duda de que el aspecto ambiental y aprendido es básico. Por eso, interiorizar una serie de habilidades puede hacer que el tiempo necesario para superar una ruptura se acorte, mejorando nuestra resiliencia, pero también puede ser que conductas aprendidas voluntaria o involuntariamente alarguen innecesariamente este periodo de sufrimiento.

Por eso, algunas personas necesitarán acudir a terapia psicológica para disponer de una especie de “entreno emocional”; otras, tan solo necesitarán del apoyo de familiares y amigos, etc. Lo importante es tener claro que la resiliencia, ya sea aplicada al desamor o a cualquier otro aspecto de la vida, es algo individual, y que las investigaciones centradas en el tiempo que se necesita para recuperarse psicológicamente tras una ruptura es una tendencia generalizada, un fruto de la estadística y no del funcionamiento del cerebro de uno mismo. En las emociones no existen unas reglas claras que nadie puede sobrepasar; cada uno debe explorar esa jungla siempre misteriosa que es su propia mente.

Cómo superar los sentimientos de culpa, en 8 claves

La tristeza, la ansiedad y los pensamientos invasivos son algunos de los síntomas de la culpa.


Todos nos hemos encontrado alguna vez ante una situación que hemos gestionado como hemos podido, tal vez sin tener la información o la paciencia necesaria, causando un malestar a otra persona.

Ante situaciones así es habitual que aparezca el sentimiento de culpa. Pero… ¿qué es la culpa? Se trata de una emoción negativa que tiene una gran función psicológica: nos ayuda a reflexionar sobre nuestro comportamiento y actitudes a fin de evitar caer en los mismos errores en el futuro.

Aunque tiene una faceta positiva, la culpa puede volverse en nuestra contra cuando nos provoca pensamientos intrusivos que nos atan a algún momento desafortunada de nuestras vidas.

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Sentimientos de culpa: ¿por qué aparecen?
La culpa puede tener distintas causas y orígenes. En ciertas personas, puede deberse a una emoción que debutó en la infancia a causa de ciertas relaciones disfunionales con otros miembros de la familia o con los pares. A raíz de esa mala experiencia psicológica, el individuo puede cristalizar este sentimiento de culpa incluso en su adultez.

En el extremo de este sentimiento encontramos la ‘culpa extrema’. Se trata de un malestar disfuncional e innecesario que crea nuestra propia mente y pensamientos. Es vital, en estos casos, saber identificar las causas que provocan este malestar.

La culpa puede tener su causa en ciertas distorsiones cognitivas que hacen que nuestro pensamiento funcione en base a sesgos e interpretaciones parciales e irracionales de la realidad. Estos esquemas de pensamiento nos empujan a llevar al extremo ciertas situaciones del día a día, ordenándolas como buenas o malas, lo que puede llevar a interpretaciones extremas que nos provocan daño emocional.

Además, las personas que tienen tendencia a sentirse culpables suelen simplificar sus experiencias y no son capaces de tomar perspectiva y/o relativizar lo que les ocurre, de modo que suelen ser especialmente negativas cuando evalúan dichas experiencias.

La baja autoestima, un factor que explica la culpa
Distintos estudios han señalado que un factor común entre las personas con sentimientos de culpa es la baja autoestima. Este problema es causa y efecto de unas relaciones sociales poco funcionales, con un esquema de relación sumiso.

El modo en que afrontamos esta emoción es también un punto clave para comprender el sentimiento de culpa, pudiendo dar pie a una experiencia negativa, o positiva.

¿Cómo superar los sentimientos de culpa?
Primero de todo, cuando experimentamos sentimientos de culpa debemos tomar conciencia de que estamos ante un sentimiento que cumple una función en nuestra psique, puesto que nos ayuda a aprender de los errores que hemos cometido y no volver a repetirlos en adelante.

Además, los psicólogos señalan que intentar reprimir esta experiencia de dolor y culpa no es una estrategia eficaz a la hora de sobrellevar la situación. Por estos motivos es crucial que sepamos reflexionar y contar con ciertas herramientas para entender la culpa y superarla.

1. Afrontar la situación con objetividad
Para controlar este pensamiento obsesivo derivado de la culpa es importante afrontar cada situación de un modo positivo, comprendiendo la parte de responsabilidad que nos toca pero también sabiendo sopesar las distintas variables que pueden haber influido en lo ocurrido.

2. Entender que todo forma parte del aprendizaje
La culpa es el modo en que nuestra mente nos dice que hay algo que hemos hecho mal. Esto no nos debe entristecer, sino más bien hacernos pensar en cómo podemos mejorar en el futuro. Hay que usar la culpa para aprender y mejorar como personas.

3. Practicar la autocompasión
Para desprendernos de los sentimientos de culpa también debemos practicar la autocompasión, es decir, saber perdonarnos a nosotros mismos por los errores que hayamos podido cometer en el pasado. No se trata de caer en el victimismo, sino simplemente ponderar las situaciones para entender bien qué pudimos hacer mejor.

4. Comprender la complejidad de las circunstancias
Hay situaciones en que las circunstancias no se pueden controlar y nos vemos superados por un cúmulo de factores. Este es un punto clave: valorar la influencia de variables fuera de nuestro control también hará que relativicemos cada situación, y por tanto nuestra responsabilidad quedará mucho más delimitada.

5. Pedir disculpas (si es necesario)
Tomar responsabilidades puede traducirse en emprender ciertas acciones concretas. Por ejemplo, si tienes la sensación de que obraste mal con alguien, es una buena idea no dejar pasar el tiempo en balde y pedir disculpas. Esto nos hará tener una mejor visión sobre nosotros mismos, y poder reconciliarnos con este episodio del pasado.

6. Pasar página
Y aunque tengamos la certeza de que hemos actuado de forma poco ética y nos sintamos culpables por algo, debemos tener la valentía de pasar página. Todos cometemos errores en la vida, y si no está en nuestras manos subsanarlos, lo más sensato es aprender del error y salir adelante, perdonándonos a nosotros mismos.

7. Explicar la situación a una persona cercana
Para tomar perspectiva de la situación puede ser una buena idea explicar tus preocupaciones a una persona cercana, como un amigo o un familiar. Así podrán darte su opinión, y tal vez te des cuenta de que la situación que te perturba escapó de tu control, por lo que la sensación de culpa se puede aliviar.

8. Acudir a terapia psicológica
En ocasiones, estos sentimientos de culpa pueden instalarse en nuestra mente y sumirnos en un estado de tristeza, ansiedad y pensamientos invasivos. En estos casos, es muy recomendable que recurras a los servicios de un profesional de la salud mental.

Si estás inmerso en una espiral de negatividad, un psicólogo puede ofrecerte una serie de recursos para que vuelvas a ser tú mismo/a.